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El feminismo se baja del tacón

El «momento Cenicienta» de Stewart en Cannes reabre el debate sobre los símbolos que tradicionalmente han identificado a la sensualidad femenina. Los expertos aseguran que el gesto de la actriz «condensa la crítica de la cosificación de la mujer».

  • Kristen Stewart logró captar todos los flashes del Festival de Cannes al bajarse de sus altísimos zapatos de tacón tras posar en la alfombra roja
    Kristen Stewart logró captar todos los flashes del Festival de Cannes al bajarse de sus altísimos zapatos de tacón tras posar en la alfombra roja

Tiempo de lectura 5 min.

17 de mayo de 2018. 03:49h

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Ángel N. Lorasque 17/5/2018

La «enfant terrible» de Hollywood, Kristen Stewart, volvió a posar la polémica sobre una alfombra roja. En esta ocasión fue en el Festival de Cannes, donde el martes por la noche acudió a la «premier» de la película BlacKkKlansman. Llegó decidida a la par que embutida en un exquisito Channel plateado conjuntado con unos Louboutin inconfundibles por su suela roja (a 800 euros el par). Miró de izquierda a derecha a los fotógrafos que no paraban de gritar su nombre para captar la pose perfecta de la actriz sin saber que lo mejor vendría a continuación. Entonces, Stewart se agachó, se quitó los tacones de aguja (primero el izquierdo y después el derecho) para subir a las escaleras a la carrera. Los flashes enloquecieron. Ella ni se inmutó.

Este gesto habría pasado desapercibido, ya que otras actrices como Julia Roberts ya lo han hecho en otras ocasiones, si no fuera por la oleada feminista que recorre cada rincón del planeta. En las redes comenzó rápido la revolución y la polémica . El caso es que el protocolo de festivales como el francés exigen etiqueta para poder caminar por la alfombra roja. Una normativa que para hombres bien puede ser esmoquin, pero que en el caso de las mujeres exige el tacón. Así, Stewart al ejercer de Cenicienta (eso sí, sin perder de vista los Louboutin) quiso lanzar un guiño a todas las mujeres (y hombres) que se llevan movilizando masivamente durante todo este año en pro de la igualdad de género. Bajarse del tacón es un granito de arena más en este lucha, aunque para unos fue una medida un tanto exagerada y un acto de rebeldía a imitar para otros. «La representación más honesta de lo que las mujeres desean», decían en Twitter. «Definitivamente hay un código de vestimenta distinto, la gente se enfada mucho contigo si no usas tacones», comentó Stewart, según la cual el protocolo también debería de exigir «a los hombres que usen tacones y vestido». El director del festival, Thierry Frémaux, quiso zanjar la reivindicación que podría empañar el fin último de la muestra de cine y afirmó que «nada ha cambiado en el protocolo de la alfombra roja: esmoquin, corbata negra. No se hace mención a los tacones». Sin embargo la mecha ya había prendido. «Sin duda lo que hizo fue un gesto feminista muy simbólico, aunque evidentemente no se puede reducir el feminismo a bajarse de unos tacones, pero en cierto modo condensa la crítica a la cosificación de la mujer», explica Carolina Meloni, profesora de la Universidad Europea y experta en pensamiento feminista.

Los tacones han sido y son el mayor ejemplo de la sexualización y sensualización de las féminas . «No son cómodos, generan patologías, sin duda es algo ortopédico que se ha convertido en fetiche, un objeto dañino. Es como cuando a las mujeres del siglo XIX se les obligaba a poner belladona en los ojos para que tuvieran las pupilas más dilatadas», añade la experta.

En lo que los sociólogos coinciden es en que personas como Stewart son el ejemplo a seguir de numerosas chicas jóvenes y, por lo tanto, su actitud es altamente significativa. «El protocolo masculino siempre es mucho más relajado que el femenino. Por supuesto que la mujer que se sienta cómoda con tacones los lleve, pero el hecho de que socialmente estemos acostumbrados a que el sexo femenino se vea obligado a ponérselos es la raíz del problema», asevera Meloni.

A tal extremo llega el afán por subirse a unos «andamios» que un número significativo de mujeres acuden a centros de estética para infiltrarse ácido hialurónico en la suela del pie. «La técnica es sencilla y se introduce este líquido justo en el punto de apoyo, a la altura de los dedos. La finalidad es generar una especie de almohadilla para evitar el dolor cuando los tacones son exageradamente altos», explica una experta en bella que practica a diario este tratamiento.

De ahí que mujeres feministas hayan utilizado esta prenda de vestir como reivindicación. Si Stewart lo hizo en la 71º edición del festival, su colega Julia Roberts hizo lo propio en 2016. Dos años antes fue Emma Thompson quien en la gala de los Globos de Oro subió al estrado con sus zapatos (también Louboutin) en la mano. «Me he quitado los tacones en un acto feminista. Porque, realmente, ¿por qué los llevamos? Hacen tanto daño. Y no tiene ningún sentido, la verdad. Así que me encantaría animar a todas a que dejarais de llevarlos. Parad. No los llevéis nunca más. No podéis caminar con ellos, y yo estoy súper a gusto sin ellos ahora», dijo delante de una audiencia que la arengó con fervor. Un año después en 2015, un nuevo escándalo volvió a golpear al festival de cine galo cuando un grupo de actrices rondando los cincuenta años no pudieron entrar a la presentación de la película «Carol», de Tood Haynes, porque su «calzado no era idóneo». Muchas de ellas argumentaron que no podían calzarse vertiginosos tacones por problemas de salud. Aún así sus argumentos de poco sirvieron y tuvieron que darse media vuelta. En aquel momento, los responsables del festival se negaron a realizar un comentario sobre lo sucedido, pero sí insistieron que como «marca el protocolo, todas las mujeres deben usar tacones altos para las proyecciones de la alfombra roja».

El mundo del cine ha experimentado este año una explosión feminista después de que salieran a la luz los casos de abusos capitaneados por el productor Harvey Weinstein. De ahí que las mujeres de este sector hayan aprovechado su fama para alzar la voz en busca de la igualdad, una iniciativa que desembocó en el ya archiconocido #Meetoo.

«El gesto de quitarse los tacones me resulta muy similar al que en otra época fue el quemar los sujetadores, ambos símbolos de la belleza femenina que no son sino un modo de encorsetar no solo la silueta de la mujer sino de lo que ésta significa», explica la profesora de la Universidad Europea.

Según un estudio publicado por la revista «Time» cuando una mujer de 19 años se acercó a hombres de entre 25 y 50 años solicitando su ayuda sobre una encuesta sobre igualdad de género, obtuvo mayor cantidad de respuestas cuando llevaba puestos tacones. El 83% de los varones atendieron a la mujer durante tres o cuatro minutos mientras que solo el 47% de ellos lo hizo cuando la encuestadora llevaba zapatos planos. Otro dato significante que arrojó este estudio es que el 93% de los hombres perseguía a una mujer en tacones cuando a ésta se le había caído un guante, en comparación con el 62% de ellos que lo hicieron cuando la fémina en cuestión llevaba zapatos planos.

Según expuso la escritora francesa Monique Wiiting el siglo pasado, «las mujeres son seres socialmente invisibles, pero sexualmente muy visibles». Cien años después parece que esta idea sigue pesando en una sociedad plagada de micro y macro machismos.

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