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Relaciones
Ya quiera venir Zigmunt Bauman a teorizarnos sobre el 'amor líquido' o cualquier nueva corriente de pensamiento interdisciplinar a contar milongas acerca de la 'responsabilidad afectiva', los 'cuidados' o la 'no monogamia ética', no tienen nada que hacer frente al conocimiento popular. Con las relaciones ocurre algo curioso, ya que al mismo tiempo "no hay nada escrito" y todo ya se ha dicho antes.
Bien sea que pensemos que la mentalidad de las generaciones anteriores sea la salvación a todos los problemas que han traído los nuevos tiempos infames o que sea un retroceso en derechos y responsabilidades, debemos escucharlas, aunque solo sea por su experiencia. Si el ser humano ha llegado hasta aquí, al fin y al cabo, ha sido porque de una u otra manera todos nuestros ancestros se las han arreglado para juntarse entre ellos, procrear y sacar adelante la especie.
A principios de este año, el Observatorio Demográfico CEU lanzó un estudio en el que se detallaban algunos datos alarmantes sobre el modelo de familia tradicional en España. Esta institución utilizaba el indicador de 'fragilidad matrimonial', que se obtiene del cociente entre rupturas conyugales (divorcios, separaciones y nulidades) y nuevos matrimonios.
Según los datos proporcionados por esta investigación, ya se estarían recuperando los catastróficos datos que se dieron en 2020 con la pandemia, donde el porcentaje de fragilidad matrimonial superaba el 88%. De hecho, el año 2022 (último del que se tienen apuntes) fue récord en cuanto a este índice, pero aún así con unos niveles que distan mucho de poder considerarse buenos: el 47,3%.
Pareciera como si la situación de emergencia sanitaria hubiese puesto a las parejas un reto que muchas se han visto obligadas a superar, y de la que han salido fortalecidas. La media de edad para divorciarse continúa siendo entre los 40 y los 59 años, y las tasas de separación en inmigrantes cada vez suben y ya son mayores a las de los españoles.
Uno de los mayores pilares de toda relación de pareja ha sido y es la confianza. Cuando una parte de la pareja sospecha de la lealtad de la otra mitad, se crean situaciones tensas e incómodas que solo pueden resolverse con una aclaración de los hechos. De ahí, la relación puede salir bien reforzada o bien perder toda la confianza entre ellos, precipitando muchas veces la ruptura.
Siempre se ha dicho aquello de que "se coge antes a un mentiroso que a un cojo". Y es que, si ya somos capaces notar que un desconocido nos está intentando hacer colar una mentira, con nuestra pareja, aquella persona con la que compartimos más tiempo e intimidades, saltan las alarmas mucho más pronto.
Desde la cuenta oficial de @psicologiaonthego en TikTok, una página que se autoproclama 'expertos en infidelidad', daban siete señales por las que sospechar de que nuestra pareja no está siendo sincera con nosotros.
Aunque todos estos signos, ya sea por separado o en conjunto, puedan constituir motivos más que razonables de que nuestra pareja nos oculta algo, no tiene por qué ser una infidelidad. Podría tratarse de un problema o una inseguridad muy grande de la que se siente avergonzado de compartir, o simplemente que está pasando por una etapa de gran estrés o ansiedad que le ha agriado el carácter temporalmente.
Hay otras formas de detectar una mentira flagrante en otra persona cuando se le interroga por un asunto que puede resultarle incómodo, como:
Los motivos por los que nuestra pareja puede mentirnos u ocultarnos algo son infinitos, y no siempre tienen que estar motivados por un suceso negativo. Hay quien deja de contar algo para proteger al otro, porque tiene miedo de perder a la otra persona, o porque simplemente considera que no contándolo funcionará mejor la relación. Sea como fuere, la mejor opción, como siempre, es sentarse a hablar y comunicarse de forma completamente sincera con la pareja.
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