Cultura

«Doña Rosita, anotada»: Remón versus Lorca

De izquierda a derecha, Manuela Paso, Francesco Carril y Fernanda Orazi
De izquierda a derecha, Manuela Paso, Francesco Carril y Fernanda OraziVanessa Rábade

Autor: Federico García Lorca (versión de Pablo Remón). Director: Pablo Remón. Intérpretes: Francesco Carril, Manuela Paso y Fernanda Orazi. Teatros del Canal (sala Negra), Madrid. Hasta el 29 de diciembre.

Para despedir este Año Lorca, la Comunidad de Madrid ha encargado a Pablo Remón poner en escena la última obra que el conocido autor estrenó en vida: «Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores». Dice el director y dramaturgo, y así se cuenta en la propia función, que en un primer momento rechazó el ofrecimiento por no estar muy seguro de tener algo que aportar a un texto que veía muy ajeno. Finalmente creyó encontrar la conexión y centró su propuesta no tanto en el engaño y el desamor de la protagonista –una mujer humilde que vive años esperando el imposible regreso de su prometido después de que este emigrase a Argentina– como en el paso del tiempo. Podría decirse que lo medular en esta «Doña Rosita» es precisamente cómo ese tiempo nos va cambiando como personas y, sobre todo, cómo va convirtiendo nuestros propósitos y deseos, inquebrantables cuando nacieron, en difuminados recuerdos que tratamos de realimentar con una tenacidad tan noble como artificiosa. Viendo ciertas reminiscencias de su propia familia en algunos personajes del texto original, Remón trata de unir como puede dos universos creativos que, en realidad, tienen muy poco que ver: el suyo personal y el de Lorca. Y se diría que él mismo es consciente de ello, y que por eso se ha convertido a sí mismo en personaje y ha trasladado al escenario, en forma de divertidísima autoficción, sus recurrentes preocupaciones a la hora de reelaborar la función. Con su proverbial ingenio y sentido común, hasta se atreve a reírse –en una burla que es al mismo tiempo un sentido homenaje– de esos arrebatos poéticos de Lorca que hacen su texto tan hermoso al oído y tan desconcertante en lo estrictamente semántico y aun dramático. Como resultado de esta amalgama de inquietudes y estilos artísticos que parten de dos dramaturgos tan diferentes, el espectador, al salir de la sala, se irá con la sensación de que Remón está estorbando a Lorca a la hora de representar Doña Rosita tanto como Lorca ha estorbado a Remón para escribir y levantar una obra nueva que hubiese tenido más peso y envergadura si fuese totalmente ajena a la del granadino. En cualquier caso, hay momentos memorables en un espectáculo que combina humor y ternura con mucha maestría y que permite el lucimiento interpretativo de tres estupendos actores como Fernanda Orazi, Francesco Carril y Manuela Paso. Asimismo, cabe destacar el espacio sonoro de Sandra Vicente, tan ligado a la variedad de estados emocionales que presiden la representación, como la escenografía de Mónica Boromello, que ocupa de manera sorprendente y repentina el espacio de acuerdo a la naturaleza de la evocación de acontecimientos que hace el personaje del narrador.

Lo mejor

La manifiesta ironía con la que el director ha encarado este difícil reto

Lo peor

El empeño de los programadores por ligar toda obra nueva a un autor clásico