Un hito de la ingeniería: así se rotó 90 grados un edificio entero en Indianápolis

En el año 1930, el arquitecto Kurt Vonnegut ideó un asombroso sistema para girar una central telefónica de 11.000 toneladas mientras sus 600 trabajadores seguían en sus puestos

Los edificios son parte de nuestras vidas. Desde épocas remotas la humanidad ha diseñado todo tipo de construcciones para poder vivir, trabajar o adorar a una entidad suprema con grandes dosis de ingenio y pensamiento.

Desde las pirámides construidas en civilizaciones primitivas a los rascacielos eternos que conocemos hoy en día han pasado ya varios siglos. Aun así, el ser humano trata siempre de reinventarse y crear nuevas construcciones para evolucionar y poner a prueba nuevas técnicas.

La física supone en ocasiones algunos impedimentos que arquitectos, diseñadores y constructores han debido sortear. Por mucho que se quiera construir algo inverosímil puede acabar suponiendo toda una odisea donde cientos de mentes trabajen para conseguirlo.

Existen auténticos hitos en el mundo de la arquitectura y la construcción. Edificios que gracias a genios son capaces de desafiar las leyes de la física o aquellos que son creados en lugares inverosímiles como una ladera generan todo tipo de ilusión y asombro.

Algunos, además, se convierten en lugares de auténtico culto. En España, por ejemplo, existen construcciones maravillosas como la Alhambra en Granada o la Sagrada Familia y su eterno final que consiguen atraer cada año a millones de personas para visitar sus instalaciones.

Así las cosas, las construcciones son una parte de nuestras vidas en todos los ámbitos conocidos. Turismo, trabajo o vida están presentes y algunos esconden maravillas tanto en su elaboración como posteriormente.

El edificio que giró

Una de las historias más sorprendentes en el mundo de la arquitectura fue la que sucedió hace más de 80 años en Indianápolis. Este país del este vivió en todo un acontecimiento revolucionario en 1930 cuando un edificio entero de una compañía telefónica giró por completo y cambió de acera gracias a técnicas de ingeniería muy avanzadas para la época.

Ese año, en una ciudad de Rumanía, ingenieros y arquitectos tuvieron que realizar un esfuerzo titánico para llevar a cabo una de las obras más extrañas que se han visto. El edificio de la compañía Indiana Bell tenía que ser desplazado de una acera a otra debido a una curiosa historia.

La compañía telefónica había comprado este edificio de 1907 el año 1929 para derribarlo y construir otro mayor debido al aumento de las telecomunicaciones. Debido a que el negocio era esencial Indiana Bell se vio en la tesitura de no poder tirar abajo la edificación porque suponía dejar de operar.

Así las cosas, el edificio de 35 metros de altura con ocho plantas y más de 11.000 toneladas de peso debía seguir operando aunque se necesitase uno mayor. Sin poder demolerlo la compañía tomó una decisión que todavía hoy, más de 80 años después, consigue generar todo tipo de asombro.

La solución pasaba por mover el edificio mediante un ingenioso sistema de raíles para dejar espacio a una nueva construcción que ampliaría el centro de trabajo de la compañía. La tarea no resulto nada sencilla y se necesitaron cuatro semanas para conseguir que la construcción se moviese de una acera a otra.

Esto corrió a cargo del arquitecto Kurt Vonnegut y su asombrosa idea empezó el 14 de octubre de 1930: mover la estructura a una velocidad de 15 pulgadas por hora. Un mes después todo el edificio se había desplazado al lugar pretendido tras completar una rotación de 90 grados y un desplazamiento de 16 metros hacia el sur desde el punto inicial.

Trabajadores en el interior

Pero existe otra curiosidad muy descatable acerca de este movimiento. Durante las cuatro semanas en las que el edificio se fue desplazando centímetro a centímetro los 600 trabajadores de la compañía no dejaron sus puestos de trabajo en ningún momento.

Debido a que las telecomunicaciones resultaban esenciales ya en 1930 los miembros de Indiana Bell trabajaron igual que si el edificio estuviera quieto. Durante el traslado todas las tuberías y cables se alargaron y flexibilizaron hasta el punto de que ninguno sufrió daños y se mantuvo así la actividad dentro de la compañía.

El edificio se desplazó así con distintos gatos hidráulicos de gran tamaño que activados por una máquina a vapor consiguieron levantar las más de 11.000 toneladas del edificio y moverlo poco a poco.

Esta gran ejercicio de ingeniería resultó un gran hito y permitió que el edificio estuviese en su nuevo lugar durante más de 30 años. Esta ubicación fue mantenida hasta 1963 cuando, ahora sí, la compañía decidió derribar la construcción para ampliarse de forma definitiva en su nueva sede.