¿Qué es la Calcifilaxis, que sufrió Ángel Casas?

El presentador tuvo complicaciones de su cáncer de páncreas que le llevó a la amputación de ambas piernas

El periodista en una imagen de archivo
El periodista en una imagen de archivoRTVETVE

El infierno relatado por el periodista Ángel Casas en su entrevista con el diario “ARA” comenzó cuando en 2013 le detectan un cáncer de páncreas que acaba con un trasplante de riñón que le provocó a la larga una Calcifilaxis, y que al final supuso tener que amputarle las dos piernas por recomendación médica. Esta enfermedad es descrita por algunos especialistas como “desconcertante” y “potencialmente mortal”. Pero, ¿en qué consiste?

Según el estudio de David Cucchiaria y Jose-Vicente Torregrosa de 2018, la también denominada “arteriolopatía urémica calcificante, es un síndrome raro que causa típicamente necrosis cutánea y que afecta principalmente a los pacientes en diálisis”. Relacionada con la enfermedad renal crónica, “puede evolucionar desde una púrpura dolorosa hasta extensas áreas de necrosis cutánea que pueden sobreinfectarse y llegar a causar el fallecimiento del paciente por sepsis”, lo que explicaría la infección en una de las piernas de Ángel Casas y la necesidad de la amputación.

Según estos especialistas esta enfermedad es “rara”, con una “incidencia real desconocida”, que además provoca un “intenso dolor” y una mortalidad entre el 30 y el 80% dependiendo de otros factores. En el 90% de los casos corresponde al patrón distal y “las lesiones aparecen en las extremidades inferiores, especialmente entre el tobillo y la pantorrilla, aunque también se han descrito casos en dedos, manos e incluso genitales”.

“La pierna se hincha de líquido como si estuviera a punto de reventar y el dolor es terrible, insoportable. Gritaba, lloraba de dolor. Cada médico decía algo diferente, el diagnóstico era incierto, estaba desesperado y veía que iban mal, derecho a la amputación”, confiesa el periodista al diario “Ara”. Tras esto, “la calcifilaxis entró a la izquierda y los enfermeros que me hacían los cuidados a domicilio lo vieron claro: “Esto no lo salvo”. El dolor volvía a ser insoportable y ahora fui yo quien dijo a los médicos: “Manos a la obra”.