De Justo (casi) Príncipe en Sevilla con la de Victorino

El diestro cortó dos orejas con el cuarto y perdió el premio con el sexto con un interesante encierro del ganadero de Galapagar

Emilio de Justo fue cogido, sin consecuencias, ayer en Sevilla
Emilio de Justo fue cogido, sin consecuencias, ayer en Sevilla FOTO: Eduardo Briones Europa Press

Emilio de Justo se estiró a la verónica, que es mucho tratándose de la embestida de un pedazo victorino en mitad del revuelo. Entre la lluvia y la reciente devolución del segundo, que era tan espectacular que tal cual salió de la plaza se estrelló contra un burladero y ahí se dejó un pitón del propio ímpetu. La lluvia hizo aparecer los paraguas mientras otros buscábamos un arco bajo el que tener resguardo. El bis, que no era poca cosa, salió al ruedo y volvió para dentro sin estar muy convencido. Sin ese convencimiento, rebrincado pero con brío entró en el capote de Emilio para templarse después en los delantales que le ponían en la cara del caballo.

Percance

Pareció que las fuerzas se las había dejado por el camino y entonces la tregua que nos había dado la lluvia también se esfumó. Un traspié, un resbalón, llámalo X, un algo que hizo que Emilio perdiera pie y a punto estuvo de salirse carísimo. El victorino le perdonó la primera pero al segundo envite hizo con él lo que quiso. Por la barriga, un drama. Y milagro al mismo tiempo, porque no le hundió el pitón. El toro tenía media arrancada a velocidad crucero. Emilio no las desperdició, tan despacio todo como la arrancada del animal, muy con los vuelos y ajustándose.

Fue como si todo fuera un preámbulo de lo que ocurrió después. El cuarto. El toro que sí colocó la cara abajo y quiso empujar con ritmo en la muleta. Encontró la de Emilio de Justo en una faena hasta larga, sin traicionar su concepto, ligada, templada, emocionante y exquisita en algunos momentos. Se notaba que lo estaba gozando y no quería poner el punto final. Sin ayuda buscó los últimos resquicios de toreo antes de irse detrás de la espada como un cañón, como si no tuviera que cruzar a la altura del corazón los dos pitones de acero. La estocada cayó arriba y de rápido efecto y los dos trofeos le acercaban a la cotizada Puerta del Príncipe. Y la tuvo en la mano.

Crujió la plaza por naturales con ese sexto, que tuvo casta y ese lado oscuro de incertidumbre que ponía en alza todo lo que se hacía delante de él. Fue buen toro y extraordinaria la faena que requirió de un compás de espera, de unos tiempos de acople para que llegaran después los naturales más rotundos y emocionantes. Sevilla roncaba por momentos como suele roncar Madrid, que es una cosa distinta a jalear. La Puerta del Príncipe se abría a su paso. Lo tenía todo. Estaba ahí. El año después de la temporada más tétrica. En la suerte suprema se perfiló. En ese instante, miserable, iba todo. ¡Pum! Pinchó. Raro. Desconcertante. Una estocada trasera vino después. Los ánimos desanimados. No se fue de camino al Guadalquivir, pero su tarde había sido contundente.

Poco fuste tuvo el toro que abrió plaza, con el que Joao Ferreira, otra vez, lo bordó. Se desmonteró con Fernando Sánchez antes de que Antonio Ferrera tomara la muleta para hacer una faena medida a ese toro de media arrancada y ningún entusiasmo.

Orientado y sosote fue el tercero. No argumentaba la embestida por abajo, sino que más bien usaba los pitones de parapeto sin querer pasar. Ferrera defendió la faena y lo mató. No era poco.

Toro bueno fue el quinto. Con repetición y raza. Ferrera lo supo y brindó al público. Era su último cartucho. Hizo el esfuerzo después en una faena voluntariosa y eléctrica. Buscó las vueltas de un lado y otro y mató de media en lo alto que fue suficiente. Se le pidió el trofeo y como no cayó dio una vuelta al ruedo.

Hubo quien... entre lluvia y lluvia se había asomado a la Puerta del Príncipe.

Ficha del festejo

Sevilla. Quinta de la Feria de San Miguel. Se lidiaron toros de Victorino Martín. El 1º, de media arrancada y poca transmisión; 2º, se partió un pitón de salida, el bis, de media arrancada y al paso; 3º, orientado y sin pasar; 4º, bueno y de calidad; 5º, encastado y repetidor; 6º, encastado y exigente. Tres cuartos de entrada.

Antonio Ferrera, de grana y oro, estocada baja (saludos); estocada corta (silencio); media arriba (vuelta al ruedo).

Emilio de Justo, de nazareno y oro, pinchazo, estocada buena (saludos); estocada (dos orejas); pinchazo, estocada trasera (saludos).