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A Ponce se le atasca el presidente y Perera se lleva el toro

Ambos cortan una oreja a plaza llena en la Feria de El Pilar de Zaragoza con dos toros de nota de El Puerto

  • Enrique Ponce en una “poncina” al cuarto de la tarde en Zaragoza. EFE/Javier Cebollada
    Enrique Ponce en una “poncina” al cuarto de la tarde en Zaragoza. EFE/Javier Cebollada

Tiempo de lectura 4 min.

12 de octubre de 2018. 21:30h

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Patricia Navarro Zaragoza. 12/10/2018

Tocaron el himno de España. La ocasión lo merecía. La Hispanidad. Los colores. Y justo después era difícil no comentar la jugada del besamanos. No es necesario dar más detalles, quién sabe lo que compensa por sentirse rey por un día o por diez segundos. La vida seguía. En el ruedo. Donde se dirime todo: lo fingido y la verdad. Una corrida de peso y seria lidió El Puerto de San Lorenzo. Y hubo toros. El primero se lo llevó Enrique, Ponce, que abría cartel. Repetidor y noble el animal, compuesto y ligado el valenciano en una faena que calentó a la gente. Una estocada buena y ese animal que se fue al mismo medio, al centro del ruedo, del universo para morir, desprendido de cualquier atisbo de querencia, bueno y bravo hasta el final. Emocionante lo que tenía dentro el animal. La gente pidió la oreja, pero igual que la vida le puso el toro también un presidente que se encasquilló de nuevo decidiendo él cuando es potestad del público. Complejos. Los mismos que se quitó el cuarto. Aquel toro que se rajó con descaro en el primer muletazo, pero luego se hartó de tomarla por abajo cuando Enrique se la presentaba sin vía de escape. Entró la gente en la faena, porque fue ligada, templada y no se contaba con ella. La espada fue y el presidente se cruzó en el camino de nuevo para dejar en un premio, aunque pidieran dos. Una media estocada de fea muerte se llevó el sexto. Gran toro. Cómo galopó en banderillas, tragó Javier Ambel, y Perera en los pases cambiados a los que fue como un huracán. Tuvo nobleza, entrega, repetición y transmisión “Lechucito”. Gran cómplice del toreo, ideal para el final de fiesta, ya entrados en este mes de octubre. Lo disfrutó Perera, sobre todo mientras le duró al animal la movilidad, la inercia de querer embestir sí o sí. Cuando bajó un poco revoluciones, buscó el torero las cercanías y una media espada que le entregó un trofeo. Tan noble como flojo fue el tercero y correcta la larga labor.

A Urdiales se le esperaba. Y se notaba. En el ambiente. Esas cosas que son invisibles a los ojos pero están. Y estuvo Diego con un quinto, que iba y venía con un tornillazo al final de viaje. No se inmutó ni buscó complicidades ajenas. Lo bueno no lo necesita. El camino así es más largo, pero también el calado más hondo. Manejable por el derecho fue el segundo y embestía por dentro al natural. Se justificó Urdiales. El fin de temporada había llegado. Y el invierno será largo.

Ficha del festejo:

Zaragoza. Octava de la Feria de El Pilar. Se lidiaron toros de El Puerto de San Lorenzo y uno, 1º, de Ventana del Puerto, de buen juego; 2º, manejable por el derecho y complicado por el zurdo; 3º, noble pero flojo; 4º, rajado pero bueno; 5º, deslucido y complicado; 6º, sensacional, bravo, repetidor y con clase. Lleno en los tendidos.

Enrique Ponce, de corinto y oro, buena estocada, aviso (vuelta al ruedo); aviso, estocada (oreja).

Diego Urdiales, de tabaco y oro, pinchazo, estocada, aviso (saludos); pinchazo, aviso, estocada corta (saludos).

Miguel Ángel Perera, de caldero y oro, aviso, pinchazo, estocada corta, cuatro descabellos (silencio); media estocada (oreja

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