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Intento fallido de toreo

El viento, que azotó toda la tarde, y una deslucida corrida de Valdefresno frustran la tercera de la Feria de San Isidro en la Monumental de Las Ventas

  • David Galván, en unas manoletinas al primero de la tarde, ayer en Las Ventas / Foto: Jesús G. Feria
    David Galván, en unas manoletinas al primero de la tarde, ayer en Las Ventas / Foto: Jesús G. Feria

Tiempo de lectura 4 min.

16 de mayo de 2019. 22:22h

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Patricia Navarro 16/5/2019

Las Ventas (Madrid). Tercera de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de la ganadería de Valdefresno y Fraile Mazas, 3º y 4º, serios, grandones y ofensivos. 1º, noble y manejable; 2º, descastado y sin fuelle en el último tercio; 3º, de corto recorrido y embistiendo por dentro; 4º, brusco y complicado; 5º, difícil y deslucido; 6º, encastado y bronco. Menos de media entrada en los tendidos. Se guardó un minuto de silencio por el aniversario de la muerte de Joselito El Gallo.

David Galván, de nazareno y oro, pinchazo, estocada trasera, aviso, (saludos); dos pinchazos, estocada, dos descabellos, aviso (silencio).

Juan Ortega, de verde y azabache, estocada, tres descabellos (silencio); dos pinchazos, estocada corta, aviso, cuatro descabellos (silencio).

Joaquín Galdós, de caña y oro, estocada fulminante (saludos); media tendida (silencio).

Soplaba el viento enfurecido, rebelde, la terraza de la Monumental se convirtió de pronto en un lugar inhóspito y el ruedo venteño en un lugar insoportable, casi imposible para hacer el toreo y todo un reto para enfrentarse a la corrida de Valdefresno. 600 kilos por delante, el volumen que soporta la caja, la estructura ósea del encaste de Atanasio, que es un autobús de dos plantas. Un planteamiento que rompe la lógica ordinaria de la vida ordinaria que pasa más allá, al otro lado de la calle de Alcalá donde transita la vida de a pie. La otra vida. Galván desafió el viento, el vendaval, los miedos, el terremoto interno y el ajeno y salió al mundo, al mundo en solitario del ruedo y allí le esperaba «Campero», mismo nombre de un mítico capa que nos dejó toda una filosofía de la vida de capea en capea, de pueblo en pueblo, de misteriosas historias en busca de robar un capotazo a un toro. El de Valdefresno que saltó al ruedo de Madrid ayer salió disperso, como si este mundo también le fuera ajeno, aunque luego acudiera con nobleza a la muleta y cierta repetición, a media altura. Galván quiso, lo quiso hacer todo y pecó de amontonarse y querer dejarnos dos faenas en una y brilló más que nada la voluntad. Si la tarde hubiera ido de milagros, actúo en nombre propio Galván cuando se lo hizo a sí mismo al saludar al cuarto. Perdió pie y sobre la arena, a merced del animal, echó el capote y el capote le salvó. Milagro. Expuso después y aguantó la brusquedad del toro sin mermar su valor, se puso tozudo David cuando el toro sacó todas sus complicaciones y más todavía tan cerrado en el tercio. Tuvo peligro el cuarto y ninguna clase; la espada fue a la contra suya y a la de la tarde.

Juan Ortega no toreó sino que acarició al segundo, descastado y sin fuelle, todo quería ser mejor de lo que era porque no tenía antagonista para volar. Por arriba hacía todo el quinto con muchas complicaciones. Todas afloraron en la muleta del sevillano, que decidió abreviar y la espada alargarse.

Una estocada fulminante fue el remate de faena de Galdós al tercero, que le costaba pasar y se dormía por abajo. No tuvo opciones. No las buscó con un sexto, encastado y bronco al que no vio por ningún lado y acabó dándole puerta. Fue, en toda regla, un intento fallido de toreo. Episodio 1 de San Isidro 2019.

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