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Pablo Aguado: el clasicismo no pasa de moda

Oreja de peso para el sevillano, que dejó una faena de mucho empaque con una buena corrida de Alcurrucén.

  • Pablo Aguado, ayer en un tremendo natural en Valencia
    Pablo Aguado, ayer en un tremendo natural en Valencia

Tiempo de lectura 4 min.

13 de marzo de 2019. 21:55h

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Patricia Navarro Valencia. 13/3/2019

Valencia. Cuarta de feria. Toros de Alcurrucén, bien presentados. El 1º, noble y manejable; 2º, bueno aunque se rajó; 3º, va y viene, noble; 4º, noble pero apagado; 5º, encastado y bueno; 6º, complicado.

Álvaro Lorenzo, de rioja y oro, estocada (saludos); estocada trasera, aviso (saludos).

Luis David Adame, de blanco y plata, estocada (vuelta); media, aviso, descabello (saludos).

Pablo Aguado, de champán y oro, estocada caída (oreja); dos pinchazos, media, descabello (ovación).

Luis David, a secas, echó la muleta abajo en ese momento crucial en el que los ojos se cierran por el propio instinto de conservación, por ser ese infernal momento de matar o morir. Pero Luis David no se fue detrás de la muleta, la echó abajo y retrocedió, todo esto ocurre en milésimas de segundo, pero en ellas cambia todo. Y ahí, en su sitio, sin apenas moverse, sin rectificar, esperó el encuentro de la bestia para culminar aquello con una estocada recibiendo. Volcánica sin duda. Solo apta para valientes. Y mucho. Y buena la estocada. Solo eso, lo que había ocurrido ahí en ese instante ya merecía el premio. Se le pidió, pero el presidente no quiso y dio la vuelta al ruedo en ese segundo del festejo. Adame cerró de una manera tan brutal una faena con fases muy distintas. El toro de Alcurrucén tuvo muy buen ritmo, porque tomaba el engaño, marca de la casa, con mucha profundidad, si bien es cierto que en el momento en el que pareció que Luis David y el toro comenzaron a entenderse, el animal, quizá sintiéndose sometido, se rajó. Al calor de tablas vinieron las mejores arrancadas y lo más ligado. La espada seguirá en el top.

Buena había sido la de Álvaro Lorenzo. Correcta la faena, manejable el toro y a más, propio del encaste, pero sin rebasar la frialdad de los comienzos el trasteo. Nobleza tuvo el cuarto, pero paradote. Y así la faena.

A Pablo Aguado, con las ganas que había de verle, le tocó un tercero mermado de los cuartos traseros. Pero luego ocurre, ¡qué cosas! el toreo, sin más, y viste Aguado aquello, todo lo que transita en el ruedo, de una manera tan brutal que deslumbra. Hipnotiza. Marca las diferencias y se caen las excusas. Y con el medio toro llenó Valencia de torería, sin alargarse, sin estridencias, sin vulgaridades, no buscando tres finales a la faena sino argumento torero con los mimbres de toda la vida. El clasicismo sigue de moda y, la verdad, reconcilia. La espada esta vez se fue punto abajo, pero paseó el trofeo, y lejos de molestar seguíamos disfrutando de la manera de andar por la plaza del sevillano.

De ahí todas las esperanzas puestas en ese sexto. Y en Aguado, que tenía la puerta grande entreabierta y en el caso de los tres toreros anunciados ese dato cuenta. Y mucho para poder volver a verle. El sexto exigió, porque tuvo muchas complicaciones y la faena de Aguado no se quedó en el empaque, hubo contenido, verdad y exposición para dejarle los muslos a merced de la incertidumbre del animal y las buenas maneras que tiene para hacer una tauromaquia impoluta.

Luis David cogió el testigo en el quinto de un mucho de todo en una faena de largo metraje a un toro encastado y de buena condición. Variado, variadísimo con el capote y la muleta, el mexicano fue todo entrega desde el quite hasta los cierres de faenas secuenciados en circulares y bernadinas. En esa amplísima labor, cuesta quedarse con algo pasado el tiempo. Suma y sigue. Notable Alcurrucén después de una ajetreada jornada de reconocimiento. Largas se presienten las Fallas si no se ponen de acuerdo. No caerá en el olvido. Lo de Aguado, digo.

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