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Una aproximación a lo bueno y una cornada grave de pesadilla

El Juli y Urdiales fallan con la espada dos faenas interesantes y Ventura corta una oreja en la tradicional Corrida de Beneficencia, en la que Victor Hugo “Pirri” sufrió una cornada impactante de 35cm.

  • El Juli, en un derechazo al quinto de la tarde. Foto: Rubén Mondelo
    El Juli, en un derechazo al quinto de la tarde. Foto: Rubén Mondelo

Tiempo de lectura 4 min.

12 de junio de 2019. 22:27h

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Patricia Navarro Madrid. 12/6/2019

Hay instantes que lo cambian todo, capaces de poner la vida del revés. En una plaza de toros y fuera. Ocurre. Ocurre cuando la espada entra a la primera y en el sitio después de una gran faena. Ocurre cuando vivimos algo tan espantoso como lo que le vimos ayer en Madrid. Inesperado, sorprendente, y duro de digerir. Estaba “Esparraguero” en el ruedo o lo que es lo mismo el tercero de la tarde. Ya en banderillas. Ya con los palos. Se los puso Víctor Hugo “Pirri” y le apretó para dentro con tal fuerza, con tal furia, con tal intensidad que Víctor Hugo estuvo a punto de llegar y de hecho lo hizo, en la misma boca del burladero fue cuando el toro le estampó, sonó horrores. Ahí no está la moneda de lanzar al aire y que sea lo que que sea. El toro le taladró contra las tablas. Horrible. 35 centímetros de cornada supimos después. De glúteo a cadera. Esa cogida, contra las tablas es de las que asaltan en mitad de una pesadilla. Apretó el toro también en el último par como un diablo. Y luego vino toda la torería a cuestas para domeñar a la fiera de Diego Urdiales y hacernos creer incluso al propio toro que era mejor de lo que era. Suavidad en el trazo, cadencia ante la violencia, parsimonia entre los cabezazos. Entrega hasta convencerle de que embestir era mejor opción que renegar de su propia condición. Urdiales estuvo perfecto. A secas. Hasta que la espada hizo guardia y se deshizo el castillo que él solito había construido.

El quinto era toro de El Juli, en el sentido más amplio. Se intuía. Se soltó a la verónica para centrar las miradas, ató aquello a una media rota, desmadejaba el toreo en el ritmo bueno del toro... Quitó con gusto y embebíamos el camino que parecía fraguarse de triunfo. El precioso jabonero toro tuvo buena condición, mas el ímpetu justo. De ahí que Julián se aferró a esa carta, la curtió con sus mejores argumentos en una labor de más a menos, hasta lograr rascar el corazón de Madrid. Palabras mayores. La espada no fue y el termómetro de lo ocurrido fue bajando intensidad. Lo lógico. Hasta difuminarse. Había perdido las manos su primero ya en el caballo y se vislumbró con exactitud lo que venía después: la nada. Descastado el toro y sin emoción anulaba el menor resquicio de diversión en las coordenadas Madrid y Juli.

Urdiales sí que se las vio con el sobrero de La Reina, desigual y a menos. No así su puesta en escena, en la que nunca renunció a los parámetros de lo bueno, aunque unas veces nos acercáramos más que otras. La excelencia quería sobrevolar todo.

Diego Ventura, que completaba el cartel mixto de esta corrida de Beneficencia con la presencia del Rey Felipe VI en el Palco Real, fue quien cortó un trofeo del cuarto. Mansito pero dejándose hacer el toro, el rejoneador desplegó todo su arsenal en la puesta en escena y acabó de conquistar en su ya tradicional par a dos manos quitando al caballo el cabezal. Acertó con el rejón de muerte y con el premio. Rajado y mansito fue el otro, pero supo encelarlo a las cabalgaduras en ese primer toro de la tarde. La tarde de Beneficencia. Tan solo quedaba el encuentro del Rey con los toreros. Un círculo de tradiciones.

Ficha del festejo:

Las Ventas (Madrid). 30ª de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros para rejones de Los Espartales, 1º, rajado y mansito y 4º, noble y rajadito; y cuatro de Núñez de Cuvillo para lidia ordinaria. 2º, flojo y descastado; 3º, complicado; 5º, noble y de buena condición, con el ímpetu justo; 6º, sobrero de La Reina, desigual y a menos. Lleno en los tendidos de “No hay billetes”.

Diego Ventura, rejón, descabello (saludos); rejón (oreja).

El Juli, de rioja y oro, estocada (saludos); tres pinchazos, estocada corta (saludos)

Diego Urdiales, de rioja y azabache, estocada que hace guardia, aviso, dos descabellos (saludos); estocada, aviso (saludos).

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