Las playas de Fregene en Roma ofrecen sorpresas

Treinta y cinco kilómetros son los que hay que recorrer desde el centro de la ciudad a una de las playas más frecuentadas por los romanos, en las que a veces surgen imágenes inesperadas

Roma tiene playas y están a cuarenta y cinco minutos del centro. Lo mejor es ir por la carretera que conduce al aeropuerto de Fiumicino, coger el desvío hacia Civitavecchia y más adelante ir dirección Fregene y Maccarese, dos pequeñas localidades costeras en el Mar Tirreno.

Atardecer en Fregene. RomaMarc LannoyAlicia Romay

A unos pasos después del peaje, el camino transcurre por una carretera rodeada de plantíos de maíz, en donde el paisaje se parece más a la llegada a la costa de la Isla Mauricio que a una playa de Roma. Por ambos lados, amplios campos destinados a la siembra, al fondo y a la izquierda, se asoma un chalet con vistas al campo y por el otro lado, llama la atención el amarillo de una torre, un antiguo granero (silo) de año 1930 que funciona como B&B . Está a menos de un kilómetro del mar y a quince del aeropuerto de Fiumicino. Un alojamiento particular, metido en la estructura circular del antiguo granero.

Seguimos recto, giramos al final de este camino a la izquierda para encontrarnos en el fondo con el Castello San Giorgio, propiedad de la familia Benetton, una zona que se ha puesto de moda este último año con los chiringuitos y restaurantes que han decidido abrir en la plaza. En este sitio encontramos inclusive, un bar de tapas a la española, el Pika Pika, en donde sirven un pulpo a la gallega y una tortilla de patata que no están nada mal, en ese mismo espacio han abierto la Osteria di Macaresse , con una carne exquisita, el cocinero viene de Cesena, el pueblo más cercano a la sede mundial de la empresa de Technogym, fabricante de las famosas máquinas para hacer deporte, no podía faltar una pizzería, su nombre es Maccarè que las hacen muy bien.

Lleguemos a Fregene

Hora del aperitivo en FregeneMarc LannoyAlicia Romay

Al llegar a esta localidad, y ya desde la carretera se empieza a notar el buen ambiente de la zona. Lo primero es conocer Il Villaggio dei Pescatori, es la zona del fondo del paseo marítimo. Uno detrás de otro, así se encuentran distribuidos los establecimientos a pie de playa. Uno de los mejores y más clásicos es Controvento, Raffaelo Coletta, su propietario, es un gran conocedor de su negocio. Ha hecho de este lugar un punto de referencia para las parejas, familias, amigos, novios etc. etc. Para todo el que quiera comer bien con los pies en la arena y tener, allí al lado del mar, tumbonas y sombrillas dispuestas para pasar el día, este es el sitio. Raffaello ha puesto en marcha la construcción de un B&B en la misma zona, todo estaba listo para abrirlo esta temporada, pero la llegada de la COVID, ha hecho que cambie la fecha de inauguración que se prevé, será un sitio para tener en cuenta y pasar noches enteras. En la misma zona acaba de abrir Casa Carmen, un restaurante bar con decoración, carta, música y ambiente muy buenos, han conseguido crear uno de los restaurantes mejor montados del Villaggio dei Pescatori de Fregene. No da al mar pero tiene la ventaja de tener enfrente un parking amplio. Su propietario no es nuevo en la materia, en el centro de Roma tiene el restaurante “Dispensa dei Mellini” y en Formentera tiene el bar de tapas llamado“El Marino” .

Vayamos a la sorpresa de hoy

Son muchos los establecimientos balnearios que se encuentran a lo largo de los cuatro kilómetros de playa que recorre el Lungomare di Levante. Hay de diferentes estilos y casi todos con playa, en las que se ven frecuentemente partidos de vóley playa, fútbol en la arena, pequeños futuros arquitectos construyendo castillos, juegos de pala y muchos amantes de los paseos a la orilla del mar pero lo atípico, es ver a un chaval lanzando una red de pescador, realizando movimientos como todo un profesional para pescar anchoas.

En La Nave, uno de los establecimientos balnearios clásicos de la zona que tiene doscientos metros de playa, uno de sus mayores atractivos es almorzar en el restaurante que está prácticamente sobre el mar. La sensación es como estar a bordo de un barco. Muchas veces el agua llega por debajo de la plataforma que sostiene la estructura. Otros negocios de la costa no están tan cerca del agua. Comer aquí es mirar el mar tranquilamente, fijarse en el horizonte y el cielo azul. Todo suele transcurrir de una manera relajante y agradable. Pero en Italia, en muchas ocasiones, ocurren situaciones que sorprenden y por cierto, agradablemente.

Estábamos almorzando placenteramente mirando el mar y de un momento a otro, se escuchó una voz agitada que indicaba a un grupo de chavales por donde deberían de entrar de prisa en el mar. Los que estábamos en el restaurante, interrumpimos la paz en la que estábamos sumergidos, para enterarnos de dónde venían esas voces y de que se trataba ese alboroto. Un hombre, algo nervioso, dirigía con su voz a tres chicos “corri veloce stanno scappando!!” (¡corre de prisa que se escapan!), el chaval, el que parecía tener menos años, sacó de un cubo de plástico, una red de pescador, de esas que se ven en México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua o Colombia que se llaman Tarrayas. Fue una escena que me transportó a esos países. Desconozco si la red que llevaba el chaval era sencilla flotante o de deriva, o de fondo, o de tiro, o de tiro con copo, o de batir o de armazones, la cuestión es que se notaba que no era la primera vez que lo hacía.

Ante tal movimiento, no fui capaz de seguir comiendo, la paz con la que suelo pasar el día en Fregene se vio alterada radicalmente por minutos. Me levanté, dejé la comida que tenía en el plato y me lancé a la playa, llevando conmigo el móvil. Mientras corría para acercarme a los “pescadores” iba pensando que se mojaría, las olas me empujaban de un lado a otro, y haciendo equilibrio y con los brazos en alto para sujetar el teléfono sin que se mojara y a la vez grabar el momento, conseguí acercarme a ellos justo en el momento en el que el hombre indicaba nuevamente la dirección a donde se dirigía el banco de anchoas. El niño que llevaba la red, la lanzó varias veces y posteriormente la sacudía dentro de un cubo blanco de plástico en donde a su vez mojaban con el agua del mar a los tesoros recién pescados. El chico encargado del cubo, corría posteriormente dentro del restaurante y ofrecía su mercancía, una vez hecha la negociación con el dueño del negocio balneario, volvía al mar a recoger más anchoas.

De pesca con red en Fregene Imagen: Alicia RomayAlicia Romay

Las “alice- singular, alici – plural” son tan preciadas en Italia como en España. Las recetas de la cocina italiana con alici son infinitas, como la pasta con pomodorini e alici, la parmigliana di alici, alici marinate, spaghetti al pesto con alici e peperoni, alici fritte…

Anchoas recién pescadas en la playa de Fregene en RomaAlicia Romay

Por la tarde, en el restaurante, pude escuchar como ofrecían como sugerencia del día las alici recién pescadas.

Le pregunté a Cristiano, uno de los propietarios de La Nave si era habitual ver pescar en la playa de su restaurante las famosas alici, su respuesta muy italiana fue " assolutamente no”. Los bancos de las alici no se acercan frecuentemente a esta parte de las playas romanas.

Pues vaya suerte que hemos tenido. Fue emocionante sentir de cerca el nerviosismo de los chavales cada vez que se dirigían al banco de anchoas y conseguían pescar algunas.

Pasar el día en las playas de Fregene o Maccarese es un privilegio sin lugar a dudas, por la cercanía con el centro de Roma, con el puerto de Civitavecchia y con el aeropuerto de Fiumicino.