Maldivas, el país de la mantarraya

Este país alberga la mayor población de mantarrayas de arrecife del planeta y es el segundo santuario de tiburones más importante

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No hace mucho, la antesala de un viaje era la búsqueda de información o la consulta de mapas. Hoy los viajes empiezan en un laboratorio rezando por una PCR negativa. Es el peaje a pagar por hacer algo tan disparatado en pleno 2020 como es viajar. En esta ocasión el destino es Maldivas, un país compuesto por más de 1.200 islas y lo hacemos de la mano de Judith de la Rosa. Esta barcelonesa lleva allí instalada más tiempo que ningún otro español: 18 años desde que decidió dejar su cómoda vida para emprender una aventura que mantiene viva con la misma intensidad que el primer día. La locura de esta catalana no es más que la cordura de aquellos que se atreven a elegir el destino de su vida. Y eso conlleva determinación. No es fácil para una mujer abrirse paso en un país musulmán. Su vocación era dedicar su vida al mar y contagiar esa pasión a sus clientes. Y parece que lo consigue. La mayoría se convierten en amigos. Es el caso de Pepe, que ha repetido en 22 ocasiones. Cada año se embarca con ella, o Xavi Safont, fotógrafo, que junto a Alba, su mujer y modelo subacuática, llevan años recorriendo las islas con Submaldives.

Un tiburón nodriza en el interior de un pecio en Maldivas
Un tiburón nodriza en el interior de un pecio en Maldivas©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Desde el avión, con los primeros rayos de luz del día, es imposible no asombrase ante el espectáculo de colores que ofrece el país de los atolones. Una vez en el aeropuerto uno siente la necesidad de soltar la maleta y lanzarse al mar. De las diferentes opciones para ver Maldivas, esta será la ruta «4 Atolones». El plato fuerte es bucear con grandes mantarrayas de arrecife y varias especies de tiburón. De hecho, nos hayamos en el segundo santuario de tiburones más importante del mundo. En sus 90.000 km2 de aguas territoriales, está prohibida su pesca y comercialización de productos derivados.

Bailando con mantarrayas

Nada más embarcar, Judith da la primera pista de cuál es su estilo. El SeaRose zarpa sin tiempo que perder para poder bucear esa misma noche en Fesbu Bay antes de que llegue el resto de embarcaciones, de ese modo llevaremos un día de ventaja, lo que nos permitirá disfrutar de este paraíso sin nadie más que los que vamos a bordo. Maldivas concentra la mayor población de mantarrayas del mundo, y a esta bahía acuden algunas de ellas a alimentarse de plancton en una danza interminable.

 Maldivas concentra la mayor población de mantarrayas del mundo
Maldivas concentra la mayor población de mantarrayas del mundo©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Los potentes focos del barco animan la fiesta y estos enormes peces de más de tres metros de envergadura entran en un frenesí continuo, que sumado a las burbujas y los haces de luz de las linternas nos sumerge en un espectáculo narcotizante. Otro punto ideal para los encuentros con estos elegantes animales son los llamados «Manta Point», estaciones de limpieza en promontorios de coral donde acuden a menudo a desparasitarse.

Escoltados por tiburones

Navegamos en un mar en calma protegidos por los atolones y el tiempo nos acompaña durante todo el viaje. Hace poco que ha empezado el monzón seco y las lluvias empiezan a escasear. En Maldivas, la posibilidad de tener una experiencia muy cercana con algunos tipos de tiburones está garantizada. Es el caso del nodriza, una especie que abunda en algunos arrecifes e incluso se acercan en grupo al barco al caer el día. No perdemos la ocasión de lanzarnos al agua para hacer unas fotos. Su curiosidad es asombrosa y nos vemos rodeados. Notamos el áspero tacto de su piel al rozar nuestras extremidades desnudas y también sus empujones. Una vez en el fondo, el espectáculo nocturno es único. Unos descansan en la arena, otros nos golpean a su paso y, durante el ascenso, las luces de las linternas muestran una escena difícil de olvidar: cientos de tiburones nadan en todas direcciones a nuestro alrededor.

Somos escoltados en la noche por un banco inmenso de escualos
Somos escoltados en la noche por un banco inmenso de escualos©Gonzalo Pérez MataLa Razón

La mala fortuna, a veces, ofrece oportunidades inesperadas. Una vez en superficie, un fallo en la batería del Dhoni, la embarcación de apoyo para las inmersiones, nos obliga a ser remolcados con un cabo durante un rato con el regulador aun en la boca. Durante unos minutos, estos grandes peces abandonan su arrecife para acompañarnos y somos escoltados en la noche por un banco inmenso de escualos. Mires donde mires solo hay tiburones. De pronto, como obedeciendo una orden , rompen la formación y se alejan.

La vida a bordo tiene muchas ventajas: el número de inmersiones que se pueden hacer al día, la posibilidad de abarcar más arrecifes y el contacto estrecho con la gente. Vicente, ex taxista valenciano, ameniza las veladas con sus historias. Hace 20 años fumaba cuatro paquetes al día y ahora, a sus 71 años, pelea con las corrientes en busca de grandes experiencias bajo el mar.

Reportaje sobre Maldivas
Reportaje sobre Maldivas©Gonzalo Pérez MataLa Razón

De entre los muchos encuentros con fauna marina que ofrece Maldivas, hay uno que despierta una emoción especial. Navegamos hacia Ari sur. «Se trata de una especie de guardería para el tiburón ballena, ya que es aquí donde pasa los primeros años hasta que migra a otras zonas», comenta Judith. Los maldivos Mossa y Sahid permanecen atentos como dos rastreadores en la cubierta. Al final, será el ojo certero de la española el que dé con la sombra de este enorme pez que parece portar un cielo estrellado a sus espaldas. Ella sonríe con cierta mirada traviesa: «No llevan nada bien que sea yo quien lo encuentre».

Eric de Vicente, guía de buceo y mano derecha de De la Rosa advierte al grupo: «Hay que estar preparados para saltar todos a la vez, este animal es muy impredecible en cuanto al tiempo que pasará a nuestro lado. Pueden ser dos minutos o veinte”. El grupo consigue su objetivo y, durante un rato, el tiburón ballena es el centro de todo. Tras unos cuantos quiebros, de pronto, decide alejarse y únicamente Coté, periodista chilena, es capaz de seguirle el ritmo hasta que el pez más grande del mundo se pierde en el azul.

Tuna Factory

La última inmersión que hacemos resulta muy especial. Se trata de Tuna Factory, un arrecife al lado de una fábrica de pescado que cada día echa sus restos al mar. Una explosión de vida. Es como un lugar apartado, más decadente, con restos de coral muerto y donde los peces parecen vivir al margen. Una Damisela Dominó muerde mi traje de neopreno con descaro para indicarme que estoy ocupando su espacio, morenas inmensas comparten el hueco de una roca, un tiburón guitarra pasa como un misil por el fondo o por encima de nuestras cabezas. Decenas de pastinacas de gran tamaño se agolpan en el muelle intentando escalar para ser las primeras en pegar un bocado. En pocos metros cuadrados, como outsiders, estos peces parecen tener sus propias reglas.

Maldivas es un paraíso para los amantes del buceo
Maldivas es un paraíso para los amantes del buceo©Gonzalo Pérez MataLa Razón

Maldivas, el país con la altura media más baja del mundo, podría correr la misma suerte que la Atlántida. Si el pronóstico de los científicos se cumple, en un futuro cercano, sus islas podrían quedar sumergidas a causa del temido cambio climático. Y aunque su mayor tesoro ya se haya bajo sus aguas, por ahora, su arena blanca, sus lagunas turquesas y sus cocoteros seguirán dibujando este paraíso.