Cinco pinturas rupestres en España que te harán pensar en cien teorías locas

Todavía nos queda un mundo por entender a nuestros antepasados, aunque poco a poco vamos desentrañando algunos misterios

Fotograma del anuncio de Navidad de Campofrío en el que la figura de Jordi Hurtado aparece como una pintura rupestre
Fotograma del anuncio de Navidad de Campofrío en el que la figura de Jordi Hurtado aparece como una pintura rupestre

Es imposible que comprendamos completamente el significado de las representaciones de arte rupestre. Si cualquier arqueólogo o prehistoriador pretende convencernos de su teoría, y la señala como irrefutable, entonces lo mejor es que tachemos a dicho divulgador de nuestra lista y que no le escuchemos nunca más. Es imposible saber el cómo y el por qué de las ideas de nuestros antepasados más lejanos, sería casi como comprender a una civilización alienígena, o como comprender a nuestra especie dentro de cien mil años (si seguimos aquí). Y precisamente por esto nos fascina a todos, a la vez que nos asusta un poquito, cada vez que clavamos los ojos en los dibujitos impresos en las cuevas por una mano artística de hace veinte o cuarenta mil años, que se dice pronto. Y nos fascina pensar en la posibilidad de que las pinturas que catalogamos como “rupestres” ocupan un espacio de tiempo de cerca de treinta mil años... Lo cual quiere decir que nosotros mismos estamos más cerca de los últimos “artistas” rupestres del neolítico de lo que ellos estuvieron de los primeros humanos que pintaron en cuevas. Es casi macabro.

Entonces tendremos que tener en cuenta una multitud de factores cuando visitemos las cuevas que se proponen más adelante en este artículo: en qué año y contexto histórico fueron pintadas, cómo, por quiénes, dónde y, quizá, si nos sentimos valientes, podremos manejar las distintas teorías que argumentan su misterioso sentido.

Cueva de Altamira

Vista de la réplica en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira.
Vista de la réplica en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. FOTO: Pedro Puente Hoyos EFE

Es la más famosa y prácticamente todos los que aprobamos la ESO la conocemos. La llamada “Capilla Sixtina” del arte rupestre ha seducido con sus hipnóticas figuras a profesionales y niños por igual, desde que Modesto Cubillas la descubrió casi de chiripa en 1868. Aquí se nos muestra el arte rupestre con todo su caótico esplendor. Podemos encontrar grabados, pinturas y pinturas con grabados (que de ahora en adelante nos limitaremos a llamar pinturas para amenizar) que se extienden por un escalofriante periodo de tiempo de más de dos mil años, desde finales del Solutrense hasta el periodo Magdaleniense (aunque hay quien dice que el espacio de tiempo es incluso mayor). Esto significa que las primeras pinturas datan de los años finales de la Glaciación mientras que las últimas fueron realizadas cuando el homo sapiens comenzó su transformación hacia una criatura semi-sedentaria, gracias a la abundancia de recursos que les había concedido el deshielo. La aparición de bisontes y de mamuts en las pinturas, esto es, de criaturas adaptadas para climas muy fríos y que actualmente se hayan extintas o casi extintas en Europa, nos permite entrelazar la temática de las pinturas con el periodo histórico datado por los expertos. Aunque también podemos encontrar bestias más actuales, tales y como jabalíes, ciervos o caballos.

La mezcla de colores de Altamira es sin duda uno de sus efectos más cautivadores. Aunque la mayoría de las figuras fueron pintadas de color negro, posteriormente fueron rellenadas con tintes rojos y amarillentos, casi hasta imitar la apariencia real de los animales representados. Para conseguir estos colores simplemente necesitaron carbón (negro), óxido de hierro (rojo) y ocre (amarillo) mezclándolos con agua o al seco. ¿Y quién los pintó? Esta es una pregunta que trae de cabeza a los expertos. Antes dijimos que debíamos cuidarnos mucho de los absolutistas cuando hablamos de la prehistoria, lo que ayer fue una verdad inconfundible se derrumba hoy bajo el peso de nuevas evidencias, nada queda claro, nadie nos dejó un cuadernito escrito con todos los detalles que resolvieran nuestras dudas. Entonces no sabemos con exactitud quién pintó las cuevas. Durante muchos años se pensó que fue obra de nuestros astutos antepasados, homo sapiens como nosotros, pero hipótesis recientes aseguran que los artistas fueron en realidad (y aquí cae una bomba) los también extintos neandertales.

Cómo visitarla: la cueva original mantiene un régimen de acceso limitado que consiste en una visita a la semana de 37 minutos que solo pueden disfrutar cinco personas, elegidas por sorteo cada viernes entre los visitantes.

Cueva de Tito Bustillo

Representación de un caballo en la Cueva de Tito Bustillo.
Representación de un caballo en la Cueva de Tito Bustillo. FOTO: Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo

Otro ejemplo de arte rupestre con connotaciones similares a las de Altamira. Los estudios efectuados desde su hallazgo en 1968 ha revelado que el conjunto de las pinturas datan de un periodo de tiempo que comprende los 22.000 y los 10.000 años, siglo arriba o siglo abajo. ¿Significa eso que, cuando empezaron a pintar sus muros, los seres humanos todavía no habíamos llegado a Escandinavia? Significa precisamente eso. ¿Y que, por aquel entonces, el Sáhara era una llanura fértil hasta estallar? Bueno, y por qué no. El mundo da muchas vueltas en una vida, no digo ya en las 880 generaciones que llevamos desde entonces. A lo largo de las galerías de la Cueva de Tito Bustillo encontramos representaciones animales de lo más diversas. Caballos, ciervos, bisontes, alces... Y una especie de híbrido entre hombre y mujer que fue pintado casi a escondidas en la parte más profunda de la cueva, quizá por un neandertal, quizá por un humano rebelde y lujurioso, cuyo análisis de carbono 14 data de hace 33.000 años. Que es, más o menos, la época en que el hombre empezó a domesticar a los perros.

Cuando nos paramos a mirar las figuras de prácticamente cualquier cueva rupestre, nos puede sorprender que todas las pinturas tienen una única dimensión, como si la visión espacial de los artistas prehistóricos hubiera sido inexistente, como si no hubieran estudiado dibujo técnico en la paleoescuela. ¿Alguno se preguntó el por qué de esta falta de profundidad? Pero la respuesta es muy sencilla y podemos encontrarla en los niños. Los niños también dibujan desde distintos puntos de vista a una misma vez y no saben otorgar profundidad a sus pinturas. Esto se debe a que la capacidad de crear profundidad en una superficie plana no es una aptitud universal, sino una habilidad cultural que debe ser aprendida. Por los años de nuestros antepasados nadie sabía dibujar en 3D (aunque algunos artistas aprovechaban las irregularidades de las cuevas con este fin) en una superficie plana, y, por tanto, nadie aprendió a dibujar en tres dimensiones.

Cómo visitarla: La compra de entradas se puede realizar online y de manera presencial en la recepción del Centro de Arte Rupestre, aunque conviene llamar al teléfono de información para comprobar si está abierta durante los días que pensamos ir.

La Roca de los Moros

Pinturas de la Roca de los Moros, exposición del Museu de Gavà.
Pinturas de la Roca de los Moros, exposición del Museu de Gavà. FOTO: Enric creative commons

Con 42 figuras pintadas y 260 grabados en la roca, se trata sin duda de una de las representaciones de arte rupestre más fascinantes y sensuales de nuestro país. ¿He dicho sensuales? Pues claro que sí, solo hace falta tener ojos para mirarlo. Rodeadas de bestias salvajes cuyo sudor prácticamente podemos oler desde nuestro sofá, un grupo de mujeres baila algún tipo de danza frenética en torno a un hombre desnudo, en lo que los expertos estiman como “una danza fálica”, ya que el hombre en cuestión tiene un miembro que ya le gustaría al negro del WhatsApp. Los expertos consideran que esto no hace sino reafirmar el uso ritual que los habitantes de la zona dieron a esta cueva. Pero estamos entrando en terreno pantanoso. ¿No dijimos que no podíamos dar nada por sentado? ¿Por qué afirmamos ahora con una seguridad casi decepcionante que esto es una danza fálica y no una operación de fimosis? Bien, pues no podemos asegurarlo. También hay quien dice que las primeras pinturas rupestres utilizaron como pigmento natural la sangre de la menstruación femenina, es posible, todo es posible en el intrincado juego de desvelar el pasado, pero vaya usted a saber.

Ciñámonos a los hechos: los estudios de carbono 14 datan estas pinturas del periodo Neolítico y las señalan como una de las mejores muestras del arte rupestre levantino, en este caso ubicado en la provincia de Lérida. Esto quiere decir que más o menos por las mismas fechas en que estas mujeres bailaban con una sensualidad insoportable, o puede que poco después, el faraón Keops y sus egipcios construyeron la archiconocida Gran Pirámide de Guiza. Una pequeña inscripción en ibérico nororiental nos muestra que sus últimos inquilinos pertenecieron una sociedad que ya es mucho más avanzada que la de Altamira. La escritura ha entrado en nuestras mentes y ha complejizado nuestras ideas y ha embellecido los ritos. Los artistas en este caso no fueron simples y llanos cazadores que mataban a mamuts a pedradas, que corrían prácticamente de un valle a otro huyendo del invierno. Hablamos de sociedades más complejas, mucho más sofisticadas y capaces incluso de, por qué no, bailar con algún fin religioso alrededor del menda más machote de la tribu.

Cómo visitarla: la entrada general cuesta cuatro euros y la entrada reducida cuesta dos euros.

Cueva de la Vieja

Copia de las pinturas de la Cueva de la Vieja.
Copia de las pinturas de la Cueva de la Vieja. FOTO: Jaime Fernando creative commons

Parece que todos nuestros sueños se han coloreado de rojo y han venido a esconderse aquí. Y ocurre como en los sueños que las imágenes extravagantes sucediéndose ante nosotros no tienen un sentido concreto. Nos pegamos cabezazos contra la pared procurando descifrar el enigma. ¿Qué pretendían mostrar nuestros antepasados? ¿Era la dualidad sexual del mundo? ¿La magia? ¿Un sentimiento estético? ¿Marcas tribales? No lo sabemos. Lo que sí reconocemos en la Cueva de la Vieja, igual que ocurrió con la Roca de los Moros (y en muchas otras representaciones rupestres más) es que la mujer parecía tener en numerosas sociedades un puesto significativo dentro de los rituales religiosos. En este rincón de Albacete manoseado por nuestros antepasados hace 6.000 y 10.000 años podemos descifrar algunas imágenes: ciervos, cabras, toros, carnívoros, mujeres, un hombre desnudo y adornado con plumas que parece efectuar algún tipo de danza... junto con 37 motivos abstractos que fueron pintados durante el neolítico y cuyo significado, simplemente, escapa a nuestro entender.

Imagine el lector que dentro de 10.000 años han pasado 8.000 años desde que se quemó la última Biblia y se derrumbó la última iglesia, y nuestros descendientes calvos y sin apéndice se encuentran de chiripa con una ermita asturiana que sobrevivió milagrosamente a la hecatombe ateísta. Pintadas en las paredes encuentran cruces, peces, a un señor rodeado de otros señores... La confusión sería evidente. Entonces no sabemos qué carajo pasaba por la mente de los artistas de la Cueva de la Vieja, solo podemos conjeturar que se trató durante milenios de un recinto religioso para las diferentes sociedades (desde el comienzo de la agricultura en la Península hasta la aparición de los primeros poblados) y que las representaciones corresponden al arte rupestre levantino. Aunque poco a poco vamos avanzando en esta materia de la decodificación de los símbolos prehistóricos. En el año 2010, la paleoantropólogo canadiense Genevieve von Petzinger descubrió distintos símbolos recurrentes en una serie de cuevas, y más tarde se supo que lo mismo ocurre con algunas pinturas de Sudáfrica. Aquí tenemos un hilo muy interesante del que tirar en los años venideros, si conseguimos discernir el significado de los símbolos recurrentes.

Cómo visitarla: Las visitas deben ser concertadas con antelación, llamando al teléfono 967 330 555.

Cueva de La Pasiega

Pintura hallada en la cueva de La Pasiega (Cantabria) que algunos expertos atribuyen a los neandertales.
Pintura hallada en la cueva de La Pasiega (Cantabria) que algunos expertos atribuyen a los neandertales. FOTO: P.Saura

En Cantabria se encuentra una de las representaciones de arte rupestre que, por poder, podría provocar que las religiones más sólidas se tambaleasen. Además forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 2008. Pero primero hagamos una breve actualización de lo que sabemos sobre los neandertales. Parece ser que eran mucho más astutos de lo que pensábamos. Que eran incluso inteligentes y, lo que es peor, que probablemente fueron inteligentes y capaces de razonar antes que el homo sapiens. Se han estudiado sus cráneos y se han escarbado en los restos de sus vidas y se ha analizado el ADN humano (que contiene entre un 1% y un 4% de neandertal) hasta llegar a esta conclusión que confundirá a más de uno. ¿Quiere eso decir también que, si no se hubiesen extinguido, nuestro compañero que nos hace mobbing en la oficina podría haber sido un neandertal afeitado y trajeado? Puede ser, por qué no, cuando hablamos del pasado nos encontramos con paradojas que únicamente se dan también cuando hablamos del universo. Su cualidad prácticamente infinita nos abre un mundo prácticamente infinito de posibilidades.

En la Cueva de La Pasiega podemos encontrar representaciones de caballos, bisontes, íbices, ciervos, antropomorfos, etc., convirtiendo esta cueva en una de las más apasionantes para visitar e impregnarnos del arte rupestre y misterioso. Diversos descubrimientos efectuados en 2018 en diferentes cuevas españolas han demostrado que algunas pinturas rupestres (entre ellas, varias de la Cueva de La Pasiega) bien pudieron ser realizadas hace 65.000 años por nuestros primos neandertales, lo cual nos dejó a todos un poco descolocados aunque tampoco demasiado. Bien que un neandertal supiera pintar en las paredes pero es que los monos adiestrados también saben hacerlo, no parece demasiado especial.

Sin embargo, esta cueva cántabra en concreto nos ha mostrado un detalle insignificante pero a la vez inmenso cuando procuramos discernir si los neandertales eran capaces de razonar: se tratan de una serie de líneas, varios puntos y una figura prácticamente irreconocible. Se trata de una expresión abstracta. Se trata de una idea, de una creencia, de un razonamiento. El neandertal que (posiblemente) pintó esta forma extraña recogió el mundo con su mano y no se limitó a calcarlo de vuelta en la pared; lo mantuvo dentro de su cabeza, le dio vueltas, lo interpretó, buscó un sentido que para él era coherente y solo después plantó el mundo de vuelta en la pared, ya inevitablemente manchado por su inteligencia. Esta teoría nos da un poco de canguelo. Pero también nos abre la puerta a diez mil noches más de conjeturas y de sueños en diferido sobre nuestro dudoso pasado.

Cómo visitarla: La cueva se encuentra cerrada al público y es necesario solicitar la visita en la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de Cantabria.