Camino Primitivo, autenticidad y sosiego en tierras gallegas

Sus senderos transportan al pasado y propician un Camino con una experiencia más espiritual e interior

Vista de la catedral de Lugo, una de las joyas del Camino Primitivo
Vista de la catedral de Lugo, una de las joyas del Camino Primitivo FOTO: Xunta de Galicia

No hay duda de que si se busca hacer uno de los Caminos más especiales de todos los que llevan a Santiago en tierra gallega uno de ellos es el Camino Primitivo. Como ya explicamos en el anterior artículo en el que detallábamos su historia, las etapas de este Camino presentan mayor dificultad que otros por sus desniveles, pero discurren entre bosques primigenios de soberbia belleza jalonados por aldeas y pueblos que conservan la esencia de esta antiquísima peregrinación. Es decir, el Camino Primitivo regala una experiencia única, excepcional y muy auténtica.

Describiremos en este artículo las tres etapas habituales que van desde O Cádavo hasta Melide, 76,50 km, aquí el Camino Francés confluye con él, y es en este punto donde se vuelve más concurrido. Juntos, peregrinos de uno y otro camino llegan a Arzúa, donde se unen con los del Camino del Norte, que se cruza aquí, para continuar todos a la par hasta Santiago.

De O Cádavo a Lugo

Según hemos dicho, nos echamos al Camino en O Cádavo, en una etapa que finalizará en Lugo, 30 km inolvidables. Después de unos pocos kilómetros de recorrido suave y ameno por montes de Cornedo, Fonteseca y Vilabade, se llega a la conocida capilla del Carmen, en la que su fuente de agua fresca y el merendero son una tentación para detener la marcha —llevamos ya 5,3 km— y disfrutar del entorno y del momento. Aquí hacemos un inciso para compartir e intentar explicar que una parte muy especial de hacer el Camino de Santiago, sea cual sea el elegido, es una especie de euforia que envuelve cuando nos detenemos allí donde se nos antoja: se siente una libertad absoluta indescriptible.

Muy cerca nos encontramos una bifurcación de este Camino: el oficial, que va por Vilalle, y el antiguo, que va por Vilabade. Tanto si se elige una opción como otra, los dos proporcionan una experiencia maravillosa. A pocos kilómetros, estos senderos se unen, en Castroverde. Como dato, si se escoge Vilabade ya sea por ser el más antiguo u otro motivo, este nos permite visitar la Iglesia de Santa María de Vilabade, una imponente iglesia que sorprende por su tamaño para lo pequeño que es el pueblecito. A la llegada a Castroverde es importante reponer energías, ya que es uno de los pocos lugares de esta etapa que cuenta con servicios para el peregrino.

Iglesia de Santa María de Vilabade
Iglesia de Santa María de Vilabade FOTO: Xunta de Galicia

Se sigue transitando por corredoiras, bosques, campos —es una zona muy agrícola y ganadera— y localidades donde la pizarra sigue siendo protagonista, como pueden ser Souto de Torres, Vilar de Cas, Gondar… hasta alcanzar nuestro objetivo de esta etapa: Lugo. Numerosos restos romanos nos recuerdan la importancia de esta localidad —fundada en el siglo 25 a. C.— en la Antigüedad, y el que más sobresale no es otra que su imponente muralla, declarada Patrimonio de la Humanidad y que rodea todo su casco histórico en un estado de conservación excelente. Esta ciudad bien merece una parada no solo para descansar, sino para descubrir su historia y monumentos, así como su deliciosa gastronomía.

Desde Lugo hasta Ferreira de Palas de Rei

Continuaremos nuestro camino con la siguiente etapa hasta Ferreira. Sa sale del casco antiguo por la Puerta Miña. Al cruzarla, se alza una iglesia y un monumento de piedra que recuerda que aquí nació el patrón de la ciudad, Froilán. Es indudable el valor histórico que tiene este tramo en Lugo. Al dejar atrás la ciudad, nos encontramos con el río Miño, el cual se atraviesa por el peatonal Ponte Vella, que, con sus siete enormes arcos, impacta por su grandeza. Aquí comienza un tramo de unos 12 km que son menos agradecidos visualmente, ya que es carretera sin aceras, pero después de esto volveremos a los bosques y corredoiras que caracterizan el Camino Primitivo.

Pasaremos por diferente pueblitos incluso por una réplica de un miliario romano. Algunas de las localidades son San Romao Da Retorta, de la que destaca su bonita ermita y también su iglesia, ambas de origen románico del siglo XII; Pacio, Mosteiro… hasta llegar a Ferreira, donde nos encontraremos con un precioso puente romano de un solo arco que permite cruzar el río Ferreira en medio de un entorno idílico. De esta pequeña aldea hay que destacar sus agradables albergues y su bonita iglesia de San Martiño, que al igual que la de San Romao Da Retorta es de origen románico.

Hacia Melide

Comenzamos ya el último tramo del Camino Primitivo «exclusivo», ya que en Melide, como ya hemos dicho, se une al Camino Francés. Con alegría y tristeza entremezclada, damos nuestros primeros pasos, pues sabemos que este será la última etapa «auténtica» y que se acaba este camino tan espiritual, interior y alejado de la muchedumbre al llegar a Melide.

La autenticidad marca la diferencia en estos kilómetros de recorrido
La autenticidad marca la diferencia en estos kilómetros de recorrido FOTO: Xunta de Galicia

Pasaremos por As Seixas, donde la Xunta de Galicia abrió en 2010 un precioso y acogedor altemplo bergue, seguimos por Casacamiño, donde superamos un modesto alto a través de una pista pedregosa con bonitas vistas. Más adelante se encuentra la aldea O Hospital das Seixas, donde a la salida hay una bonita zona de descanso con una fuente. Ascendemos hasta el collado de la Sierra del Careón, a 710 metros de altitud, divisoria de las provincias de Lugo y A Coruña y desde donde se puede ver nuestro destino, Melide, a lo lejos —solo en el Camino se puede sentir la emoción que envuelve a cualquier peregrino al ver su meta diaria en la distancia, es una alegría y paz indescriptible—.

Continuaremos en descenso hasta llegar a Vilamor, y a dos kilómetros cruzaremos el río Furelos; poco después llegamos al cruce de acceso a Melide y lo seguimos hasta el centro de la población, donde nuestro Camino Primitivo se une al multitudinario Camino Francés.

Melide cuenta con un enorme y magnífico albergue de la Xunta rehabilitado en el año 2010 y, otros alicientes importantes para descansar aquí, son su pequeño pero agradable casco histórico, sus iglesias monumentales, y podría decirse que su “carácter” particular, no en vano esta localidad lleva más de 1.000 años viendo pasar a gente de todo el mundo en su peregrinación a Santiago.

Bien, ya estamos en Melide, conscientes que de aquí a Santiago el Camino será muy diferente, no solo porque habrá más afluencia de peregrinos, sino porque la naturaleza ya no mostrará su lado más indómito y salvaje, ese que toca el alma, que es, en definitiva, la esencia de lo que se busca al hacer el Camino se sea o no creyente. ¡Buen Camino, peregrino!

Más información en la web oficial El Camino de Santiago.