Cádiz

Un viaje entre castillos y fortalezas con vistas a la Bahía de Algeciras

Los pueblos de Jimena de la Frontera y Castellar de la Frontera proponen al viajero una perfecta dosis de historia y naturaleza

Jimena de la Frontera
Jimena de la Frontera FOTO: Joaquin Rivas Ruiz Diputación de Cádiz

Con las vacaciones de Navidad todavía un poco lejos, ahora es el momento de hacer una escapada otoñal que nos permita romper con la dinámica del día a día y respirar un poco de aire puro. Dicho y hecho, pues la provincia de Cádiz, más allá de sus infinitas playas, cuenta con gratas sorpresas que embaucan los cinco sentidos también en esta época del año, gracias a unos preciosos paisajes vestidos de tonos ocres y dorados en los que se intercalan pueblos de gran belleza.

Buen ejemplo de todo ello es el Campo de Gibraltar y la Bahía de Algeciras, pues en esta comarca se alzan pueblos tan curiosos como Jimena de la Frontera, cuya fortaleza domina el cerro sobre el que va descendiendo su blanco caserío. Su legado patrimonial está encabezado por su castillo de los siglos XIII-XIV, declarados Bien de Interés Cultural, aunque durante el paseo por sus calles el viajero se topa con murallas almenadas entre las que destacan la torre del Homenaje, la torre Albarrana, los aljibes y puertas de entrada como el arco del Reloj. Y unos pasos más allá, justo detrás del castillo, nos topamos con otra sorpresa en forma del baño de la Reina Mora. Y eso no es todo, pues recorriendo las callejuelas de este pueblo podemos disfrutar de la historia y de la arquitectura admirando a un palmo joyas como la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, el campanario de la iglesia de Santa María la Coronada, la iglesia de la Misericordia y, en las afueras, el santuario de Nuestra Señora de los Ángeles (del siglo XV-XVII).

Los alrededores de este coqueto municipio gaditano resultan ideales para poner en práctica una de las actividades más apetecibles en esta época del año, como la búsqueda de setas a través de jornadas micológicas organizadas con expertos en la materia. Tampoco defrauda, por ejemplo, la posibilidad de recorrer durante algo más de tres kilómetros el sendero del río Hozgarganta, ideal para realizar en familia, ya que nos permite contemplar molinos y un enorme canal de agua, el Cao. ¿Qué mejor manera de descubrir el entorno y disfrutar de la naturaleza?

Hotel Castillo de Castellar, en la provincia de Cádiz
Hotel Castillo de Castellar, en la provincia de Cádiz FOTO: archivo

Otra de las sorpresas más atractivas que esconde el interior de la provincia de Cádiz es el municipio de Castellar de la Frontera, un precioso pueblo erigido sobre un promontorio rocoso coronado por su magnífico castillo que domina toda la Bahía y el Peñón de Gibraltar. Considerado el pulmón verde de la comarca, gracias al Parque Natural de los Alcornocales, los orígenes de Castellar se remontan a la Edad del Bronce, tal y como atestiguan los yacimientos de Cuevas del Cancho, los del Tajo y Abejera. Sin embargo, el mayor reflejo histórico de este municipio es de épocas posteriores. De hecho, al hablar de la ciudad hay que distinguir entre el Castellar Viejo y el Nuevo, construido en 1971 a ocho kilómetros del antiguo. En el viejo pueblo se sitúa su fortaleza (siglos XII-XV), en perfecto estado de conservación aunque reformada. Dentro del castillo se halla uno de los pocos ejemplos que existen de núcleo habitado en el interior de una fortificación. Prueba de ello es que conserva un marcado carácter medieval, con su sinuoso trazado de calles limpias y encaladas. Aquí se ubica la iglesia del Divino Salvador y, adosado a ella existe un pasadizo llamado algorfa que la une con el Alcázar, invitando a los viajeros a trasladarse a épocas pasadas. Y entre paseo y paseo, nada mejor que disfrutar de otro de los puntos fuertes de esta localidad: su cocina, siempre emparejada a las carnes de caza, especialmente al venado, así como al conejo y la perdiz. Cortada en pernil, en chuletas, filetes o lomo, la carne de venado es tierna y para ablandarla se suele adobar con vino y hierbas aromáticas en calderetas que invitan al viajero a chuparse los dedos con los sabores más auténticos de esta tierra.

El viaje no debe pasar por alto La Almoraima, ya que es el tercer núcleo de población del municipio y con una rica historia detrás, pues en 1603 la orden mercedaria construyó el Convento de San Miguel de la Almoraima en el que vivieron los frailes hasta mediados del siglo XVII. Ahora, se ha convertido en un emblemático establecimiento hotelero con mucho encanto. Y algo similar ocurre con la antigua fortaleza medieval erigida en un montículo con vistas al parque natural de Los Alcornocales y la Bahía, convertida en un hotel con lugares tan idílicos como el Balcón de los Enamorados o el Alcázar del castillo.