Medio Ambiente

La depuradora de Matalascañas no contempla la población real de la zona

La Junta de Andalucía ha advertido al Ministerio de que el estudio de caudales del proyecto parte de unas estimaciones «desproporcionadas» para invierno y para verano, con datos desfasados

Tramo entre la variante de la aldea de El Rocío y el núcleo turístico
Tramo entre la variante de la aldea de El Rocío y el núcleo turísticoEp

La ampliación y mejora de la estación depuradora de aguas residuales de Matalascañas (Almonte) es una necesidad y un compromiso adquirido pero que se enfrenta a numerosos dilemas de difícil situación. El principal de ellos es el riesgo que supone para el Parque Nacional de Doñana porque la ubicación elegida en el proyecto inicial se sitúa, tal y como informó ayer este periódico, a 900 metros del Parque Nacional de Doñana y a 90 metros de dunas blancas del litoral. Además, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), promotora del proyecto, plantea invadir hasta 3,3 kilómetros del Espacio Natural con tuberías para conducir las aguas fecales generadas por el centro de visitantes El Acebuche hasta la EDAR –8 km en total–lo que supondrá la «destrucción» de casi 800 metros cuadrados de zona «muy sensible» del parque. Y todo ello sin que la solución propuesta garantice que su puesta en funcionamiento solucione los problemas de la zona porque los cálculos de la instalación están desfasados, tal y como ha advertido la Dirección General de Espacios Naturales Protegidos de la Junta de Andalucía.

Este centro directivo ha señalado a la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que el estudio de caudales del proyecto «parte de unas estimaciones desproporcionadas para invierno y para verano». Esta contundente afirmación se basa en los datos de población estimada, ya que la administración autonómica recuerda que «en verano la población se multiplica por 40», mientras que el caudal contemplado en el proyecto «lo hace sólo por 8».

No se trata solo de una cuestión de dimensión, sino que lamenta que «el estudio de alternativas del proyecto muestra datos de 1988-1997, sin una adecuada valoración, no sólo de los datos de población recogidos en el Plan General de Ordenación Urbana de Almonte, sino de las actuales y potenciales zonas de crecimiento de la urbanización de Matalascañas, las concentraciones de público que se dan los fines de semana en periodo estival y la incorporación de las aguas residuales de las infraestructuras del centro administrativo y del centro de visitantes de ‘El Acebuche’».

No es la única observación que hace la Dirección General de Espacios Naturales Protegidos de la Junta de Andalucía. También traslada su inquietud porque «el documento ambiental no incluye datos exactos de localización del emisario marino, ni del modelo de dispersión empleado en el estudio de dispersión de efluentes y de caracterización del fondo marino». Además, advierte de que dicho documento «no justifica de manera adecuada el dimensionamiento de la nueva EDAR para la correcta gestión de los caudales punta ni la viabilidad del actual emisario para su vertido» ni «tampoco justifica su estado de conservación y garantía de buen funcionamiento durante la vida útil de la nueva EDAR». Hay que señalar que la EDAR actual cuenta con tres emisarios, dos de ellos inoperativos. El Ministerio de Transición Ecológica reconoce que «del emisario en uso en la actualidad, de 600 mm. de diámetro, que se utilizará para el vertido de la nueva EDAR, se desconoce su ubicación exacta, aunque el promotor considera dos posibles ubicaciones, una, sobre los 10,5 m. de profundidad y otra, sobre los 11,2 m.».

La realidad es que el núcleo urbano turístico de Matalascañas ejerce desde siempre una presión importante sobre Doñana y es uno de los elementos clave de su deterioro, pese a que en muchas ocasiones se ha puesto el acento fundamentalmente en la actividad agrícola. La zona ha recurrido durante años al acuífero del parque y desde la Estación Biológica de Doñana – CSIC se han reclamado en distintas ocasiones medidas para eliminar las captaciones de aguas subterráneas de Matalascañas e incluso que se impongan restricciones al uso del agua en la urbanización.

En este sentido, el reciente informe «Monitorización hidrológica y modelización de la relación laguna-acuífero en los mantos eólicos de Doñana. Seguimiento y ampliación del inventario» fruto del convenio firmado entre el grupo de investigación en Recursos Hídricos de la Universidad Pablo de Olavide y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, ha constatado evidencias directas de alteración del funcionamiento hidrológico en las lagunas del Charco del Toro, Taraje y Zahíllo, las más próximas a Matalascañas. En las lagunas más alejadas, como Dulce, Santa Olalla y Sopetón, no se ha detectado una alteración concluyente del hidroperiodo como consecuencia directa de las extracciones de Matalascañas, sin embargo, estos sistemas dependen del mismo acuífero y están situadas muy próximas a los sondeos de extracción.

La actual EDAR de Matalascañas incumple la Directiva de la UE sobre el tratamiento de las aguas residuales urbanas , lo que ha provocado un procedimiento de infracción con sentencia del Tribunal de Justicia de la UE por el que España paga una importante sanción económica, pero el proyecto que se quiere acometer plantea impactos potenciales» sobre las aguas, la Red Natura 2000, la fauna, la flora, la población y la salud humana.