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Cáncer: El tabaco deja huella en las mujeres, incluso tras dejarlo

Hoy el tumor que más las mata es el de pulmón y la incorporación tardía al hábito, pero con más intensidad, incrementa el número de casos. Lo positivo, que ellas cuentan con más «mutaciones accionables»

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Hoy el tumor que más las mata es el de pulmón y la incorporación tardía al hábito, pero con más intensidad, incrementa el número de casos. Lo positivo, que ellas cuentan con más «mutaciones accionables»

Primero fue el de mama. Y ahora el de pulmón. Las trágicas consecuencias del tabaco se cobran cada año la vida de más de 4.800 mujeres. Sin embargo, teñir de rosa el cáncer de pulmón tiene cosas positivas: sensibilizar y visibilizar. Son ellas las que dan la cara y las que van a conseguir poner el foco en un tumor hasta ahora estigmatizado por el tabaco y del que poco más se sabía que mataba de forma silente.

Paqui Robles y Sonia Cid, que ofrecen su testimonio desde la Asociación Española de Afectados por el Cáncer de Pulmón (Aeacap), cuentan a A TU SALUD su experiencia frente a este tumor. Además de la neoplasia, también comparten que dejaron el hábito hace más de una década... pero las huellas se quedaron en sus pulmones y tiempo después, cuando el daño ya estaba hecho, dio la cara sin avisar. «¿Cómo me diagnosticaron el tumor? ¿Realmente? Por casualidad. Acudí a urgencias a mediados de marzo de 2018, con un dolor fuerte entre la boca del estómago y la caja torácica, después de un percance que sufrí en una ruta de montaña. Tras horas en urgencias inicialmente me dijeron que tenía una mancha en la pleura. Ahí empezó mi calvario. Me fui a casa sin saber qué tenía y con toda la información de internet agolpándose en mi cabeza, pero realmente sin saber nada en concreto», recuerda Sonia.

Noticia inesperada

El impacto emocional que supone escuchar el diagnóstico no se puede describir. «Cuando llegó la palabra “cáncer” a mi familia fue un gran golpe para todos, ya que a nivel social se sigue asociando la palabra con muerte. ¡Se me cayó el mundo encima! Un cáncer en teoría “incurable” a los 46 años, divorciada y con tres niños. ¿Cómo se digiere eso?», subraya Sonia. Paqui se encontró con el tumor tras un resfriado o catarro que no remitía «y de repente, ¡zas! Escupí sangre y fui a Urgencias y de allí salí tres días más tarde con el diagnóstico. Lo cierto es que por las pruebas que te van haciendo, pues te vas mosqueando... algo en los nódulos, una mancha...». Pero, lo peor, continúa, «es que te rompe tu vida: con 44 años, era súper activa, con trabajo, con un hija de 12 años... Y ahora, vivo con una discapacidad respiratoria y las secuelas que te dejan los tratamientos, entre ellos la cirugía».

Pero ellas ya no fumaban. Sonia dejó de hacerlo a los 28 años y Paqui hacía 12, los mismos que tenía su hija cuando se lo detectaron, que también dijo adiós al tabaco. Entonces, ¿por qué? Como en la entrevista de arriba explica el doctor Antonio Calles, oncólogo médico del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, «el daño ya está hecho una vez se es fumador. Los riesgos siempre están ahí, disminuyen pero no desaparecen». Y eso fue lo que les pasó a Sonia y a Paqui. «La neumóloga que me trató inicialmente no veía la relación directa con el tabaco, de hecho hacía casi 20 años que lo había dejado. Es como que no tenía sentido que ahora surgiese esto. Pero una vez que enciendes un cigarro el daño está hecho, sólo hace falta una chispa, que lamentablemente se enciende a menudo, para que el cáncer se desarrolle», lamenta Sonia, a lo que Paqui añade que «el oncólogo me dijo que tenía el tumor de un hombre de 60 años, asociado a las características de un gran fumador».

Realidad

Luchar, convivir, enfrentarse... no hay un único verbo que defina cómo compaginar el día a día con el cáncer, porque cada paciente lo afronta a su manera y cada uno diseña la fórmula en la que le planta cara. A Paqui, como comenta, poco a poco «me van soltando de la mano», no es un proceso sencillo ya que en la actualidad, cinco años después del diagnóstico, «empiezan las revisiones anuales. Porque, hasta ahora, me he sentido muy vigilada, con pruebas periódicas. Y mientras, el tumor, tras la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía, no aparece».

Sonia lo tiene todo más reciente, «hará un año –en abril– que me enteré de mi situación, aunque no sabemos desde cuándo está ahí el tumor, silencioso». También se ha tenido que someter a un tratamiento similar de una combinación de «quimio» y «radio» y «con suerte los resultados serán favorables, eso espero y deseo desde luego, en su defecto supongo que seguiremos con quimioterapia mientras no haya otra opción mejor. Ten en cuenta que aún estoy en los inicios del tratamiento y habiendo superado todas mis expectativas de vida, todo lo que suponga sumar días, semanas, meses, lo recibiré como si fuesen chocolatinas para un niño».

Curarse es la meta, pero vivir y aprender a disfrutar de los pequeños detalles es la norma. «La parte emocional y la huella que te deja el cáncer es grande. Pasé mucho tiempo pensando en curarme, en cuidarme y luego llega un día en el que fui realmente consciente de todo lo que pasé, de cómo me enfrenté a la muerte, cómo superé las dificultades de la cirugía –en la que le extirparon un lóbulo del pulmón, tras conseguir arrinconar el tumor en esa zona para poder extirparlo– y ahora sí veo los riesgos de los que me advertían». Esta visibilidad aumentará la conciencia para este tumor. Las mujeres están vigiladas y se las previene contra el cáncer de mama o los ginecológicos. «En mitad de las sesiones de ‘radio’ y ‘quimio’, me salté la revisión del pecho y se lo dije a la oncóloga y me la hicieron después. Y, ¡menos mal! Porque me encontraron un nódulo que pudieron quitarme sin problemas. No me la tenía que haber saltado», recuerda Paqui, que es el mejor ejemplo de que la prevención funciona siempre.

Ambas, Paqui y Sonia se quedan con lo bueno, con la cara positiva del proceso. «Te das cuenta de cuanto bueno te rodea y que hasta ahora había pasado casi desapercibido. Valoras más a tus seres queridos, tus amigos, tu día a día, los pequeños instantes que ahora sí que ves y antes... eran rutina», subraya Sonia. Además, si ellas dan la cara es porque quieren que el cáncer de pulmón pierda el estigma que le rodea, el significado de muerte y se den pasos hacia la concienciación social. «El cáncer mata pero también se cura y para que se cure hay que invertir en investigación. Que todo suma, que todo ayuda y que todos podemos colaborar; se puede donar tiempo, amor, palabras de consuelo», concluye Sonia.