Vallcorba

Esta semana se celebrará por todo lo alto no uno sino dos aniversarios de editoriales independientes que son la misma: una en catalán y otra en castellano. Son Quaderns Crema y Acantilado, probablemente hoy, cuando se nos acaba el año 2019, los mejores ejemplos de lo que es una editorial independiente, de lo que es el respeto por los clásicos y de lo que es estimular al lector inteligente.

El añorado Jaume Vallcorba fue el promotor e impulsor de todo esto y es una pena que no haya vivido para poder ver esta celebración. El editor falleció hace cinco años, pero lo dejó todo atado para que siguieran los dos sellos andando en buenas manos, las de su viuda Sandra Ollo. Un lustro más tarde, las dos editoriales han logrado hitos tan destacables como publicar a Margaret Atwood en catalán, darle nueva vida a Francesc Trabal o Valentí Castanys o reconvertir a Dante en un autor de éxito de la mano de José María Micó.

Vallcorba era un señor de aspecto menudo al que recuerdo vestido de negro. Pese a su aparente seriedad resultaba divertido. Salías de entrevistarlo y tenías la sensación de que, como si fuera un doctor especializado, te había recetado las lecturas necesarias para seguir funcionando. Porque Vallcorba lo sabía todo, pero si eso era así es porque lo había leído todo cuando nadie se atrevía con Zweig, Simenon, Chesterton o Pessoa o, incluso, a dar su primera oportunidad a Cercas o el dúo Bolaño-Porta. Tuve la suerte de hablar en varias ocasiones con Vallcorba, al igual que muchos compañeros de profesión que no faltábamos a sus ruedas de prensa en las oficinas de la editorial, en la calle Muntaner, a veces acompañadas de embutidos de Casa Pepe, un local cercano. Fue allí donde escuchamos a un exaltado Carles Fontserè llamando «castañera» a Tàpies ante la sorpresa de su editor, donde Borja de Riquer nos dijo que una de las mejores crónicas sobre la caída del muro de Berlín la había escrito el mismo Vallcorba... Y es que, además de editor, fue un buen escritor, como lo demuestra el libro que le dedicó a su querido Foix. Se le echa de menos, pero sigue afortunadamente viva su obra en Acantilado y Quaderns Crema.