La novela negra es la nueva tragedia griega

La BCNegra cierra con éxito con un diálogo entre Javier Cercas y Dominique Manotti

Juan Madrid recibe el XV Premio Pepe Carvalho
GRAFCAT1001. BARCELONA, 06/02/2020.- El escritor malagueño Juan Madrid posa para los medios este jueves en Barcelona antes de recibir el XV Premio Pepe Carvalho por su reconocida trayectoria en el género de la novela negra, en el marco de la BCNegra, que tiene lugar esta semana en la capital catalana. EFE/Alejandro GarcíaAlejandro GarcíaEFE

Existen 10.000 maneras de matar y sólo una para saltar sin carrerilla, lo que deja claro por qué se escriben tantas novelas sobre crímenes y tan pocas sobre saltadores. El Festival Bcnnegra cerró ayer sus puertas con una mesa redonda entre Javier Cercas, que se estrenaba este año en el género con el Premio Planeta «Terra Alta», y el francés Dominique Manotti, un auténtico clásico del género con nueva obra bajo el brazo, «Oro Negro», donde su inspector Theo Daquin investiga el asesinato de un viejo mandamás de unos de los clanes de la droga de la Marsella de 1973. Los dos dejaron claro que buscan una vertiente realista para poner en tela de jucio lo fácil que es mal interpretar la realidad y convertirla en la fantasía más cruel y desasosegante del mundo. ¿Qué ocurre cuando sucede esto? Que los monstruos dominan el mundo y éste es uno de los objetivos de la novela negra, poner cara a los monstruos, darles realidad, para que no dominen a la sociedad a partir del miedo.

Ésta ha sido la trama principal de esta edición del BCNegra, buscar el lado oculto de la fantasía, de las apariencias, de las visitas turísticas y superficiales, y poner nombre y apellido a los horrores que corren a sus anchas mientras nadie los identifica, rastrea y descubre sus debilidades. Ésta es la característica central del gran protagonista de este año del festival, Juan Madrid, que recibía el Premio Carvahlo de manos de Ada Colau con la convicción que la alcaldesa bien podría acabar siendo un personaje de una de sus novelas. «El gran secreto de la novela policíaca es parecer que es verdad», afirmaba a este diario, demostrando que antes que la vida vienen los arquetipos, y que éstos son los que construyen la realidad, o al menos la capacidad para conocerla. «Nosotros conocemos el mundo por la literatura. Conocemos incluso cómo apoyarte en el mostrador o cómo decir te quiero a una mujer... es la literatura la que te ha dado la consigna», confirmaba este gigante crear de arquetipos. Porque si algo ha quedado claro en esta edición del BCNegra es que el género no describe la realidad, sino que la descubre, así que son el auténtico género trágico del nuevo siglo, la tragedia griega globalizada y con una arma en las manos.

Mundo globalizado

¿Puede un escritor madrileño marcar los arquetipos con los que movernos e interpretar la realidad de todo el mundo? Por supuesto. Si existen 10.000 maneras de matar, no hay ninguna que sólo tenga sentido en un único territorio. La globalización del género está más que clara. Si nació en las calles de Chicago en los años 20 y nadie ha vivido nunca en las calles de Chicago en los años 20, ¿por qué no iba a ser tan relevantes las calles de Malasaña, de Marsella o de Johannesburgo?

Sólo hay que seguir a otro de los grandes escritores de esta edición del Bcnegra, Yasmina Kadra, para afirmar que la novela negra no tiene calles, tiene mitos, y estos suceden en todas partes. El autor argelino de siniestra sonrisa y mirada serena, la combinación imprescindible para poder imaginar las perversiones más rudas y salvajes de nuestro sistema social, ataca de nuevo, y cuando ataca, lo hace sin medias tientas. «Cada vez tenemos menos empatía y estamos más cerca de la locura que de la lucidez», decía esta semana en Barcelona presentando su última novela, «La deshonra de Sarah Ikker» (Alianza). Exacto, la empatía siempre ha sido la capacidad de anteceder con precisión el sufrimiento de otro ser humano al imaginar en uno lo que le sucedería si le clavas un cuchillo. Sin esa capacidad de anteceder de forma nerviosa el dolor ajeno, entonces no existe dolor, ni siquiera existe nada ajeno, así que el criminal puede delinquir y matar sin culpa alguna.

La novela negra es, entonces, ese altavoz que no sólo agranda la voz, sino que la vuelve nítida, clara, reveladora, como esas arcanas palabras capaces de abrir puertas y descubrir todos los secretos. Quién no querría dominar los arquetipos, hacer visible a voluntad lo que uno desea y así ocultar el resto. Por eso la novela negra ya no sólo es cosa de hombres de hígado bajo, piel cecina y manos temblorosas. No interesan los héroes impuestos, interesan los héroes que reclaman su importancia en el relato. Por ello las mujeres ya no sólo forman parte de este mundo, sino que lo protagonizan y lideran.

Ejemplo de ello es la inglesa Caz Frear, que llegó a Barcelona para presentar su segunda novela «Corazón despiadado» (Adn). La suya es una escritura que reclama con firmeza espacio a la mujer para crear los arquetipos con los que después se conocerá el mundo. Y eso que han intentado reducirla a la etiqueta más misógina inventada nunca para describir una escritora de género negro, el «domestic noir». En lugar de thriller psicológico, si lo escribe una mujer y habla de hombres y mujeres, maridos y esposas, padres e hijos, como lo hacen todos los thrillers psicológicos, pues tiene que ser algo «doméstico», que en el fondo significa atemperado, controlado en el hogar, domesticado y sin riesgo. Es la vergüenza crítica del nuevo siglo, intentar convertir a escritoras en amas de casa. Y eso es sobre todo mentira en el caso de Frear, como lo es en el caso de Gyllian Flynn o Paula Hawkins o tantas otras estrellas del nuevo thriller psicológico.

La escritora prepara su salto al serial killer en su tercera novela, también protagonizada por su alter ego, la joven detective Cat Kinsella, pero habrá que esperar un poco para poder leerlo. «Quiero que todo el mundo se pueda identificar con Cat, con las conversaciones, el picarse con otros compañeros. Mi familia decía que Cat era yo y aunque al principio lo negaba, es verdad que su voz, el tono me salen solos. Ahora que estoy en la tercera, he intentado retenerme y que mis opiniones no se proyecten», contaba esta semana, asegurando estar alta de oír la voz del típico hombre seco en el género.

Si algo sabía la novela negra es que la realidad es demasiado terrible ya que no permite reacción alguna. La retórica no sólo permite reacción, sino que permite avanzar y prever todos los hechos. Eso es la poética, la que dibuja la verdad antes que suceda y frena las sorpresas. Los arquetipos son los únicos que pueden hacer que la realidad no sea terrible, que pueden preveer la realidad y así encontrar belleza hasta en el horror. La escritora Patricia Gibney lo sabe muy bien y a eso se dedica desde que perdiera su marido y comenzase a escribir para superar el duelo. «La realidad siempre es más terrible y cruel que cualquier novela negra», afirmaba en el BCNegra. Y esto no quiere decir que la realidad sea más brutal, sino que la realidad actúa sin poética, o sea sin explicación, sin belleza alguna, por lo tanto que escribir es una forma de robar la brutalidad y rudeza estúpida del mundo y otorgarle sentido. Y en esto, otra vez, la novela negra es la actual reina, la gran tragedia griega de nuestra época

¿Y los nuevos crímenes?

Lo único que ha faltado en esta edición del BCNegra ha sido la invención de nuevos crímenes, o superar los arquetipos de la muerte asociados a los viejos mitos griegos. La creación de arquetipos no significa copiar los que hicieron los griegos, sino situar una nueva verdad escénica y mover los hilos a partir de allí. Uno de los que se quedó más cerca fue el danés Christoffer Petersen, representante del Artic Noir que visitó la ciudad con otro de los hitos del subgénero, Mads Peder Nordbo. Elprimero venía a presentar su «best seller» «Siete tumbas, un invierno», (RBA), mientras que el segundo llevaba bajo el brazo el true crime «Sombras de Islandia». Los dos creen que la disincronía entre un espacio gélido y aséptico y crímenes rojo sangre generan una realidad inquietante, cuando el crimen es siempre inquietante o no es, por lo que lo único que consiguen es una retórica de lugar. Y aún así son fascinantes porque buscan arquetipos de nuevo cuño.

En definitiva, han sido diez días intensos que vuelven a certificar la buena salud de un género que ahora no sólo ha superado las ñoñerías snob académicas, sino que se han certificado como la más alta de las culturas, la que genera realidades. ¿Puede una ciudad de millón y medio de habitantes superar la visita de un centenar de escritores de novela negra? En teoría no, pero de eso va la novela negra, de superar todas las teorías. Si existen 10.000 formas de matar, Barcelona ha muerto estos días 10.000 veces y ahí sigue, con ganas de morir muchas más veces.