Gala Dalí a su amante: «Soy tuya»

Aparece un telegrama inédito de la esposa y musa del pintor surrealista dirigida a Jeff Fenholt, el actor que se convirtió en su última obsesión sentimental

El 12 de octubre de 1971 levantaba el telón en Broadway un musical que haría historia bajo el título de «Jesus Christ Superstar». En el Mark Hellinger Theatre se presentaba una ópera rock de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice destinada a ser un fenómeno internacional, aunque fue en Broadway donde empezó. Fue precisamente allí, cuando una espectadora entre el público, quedó prendada por Jeff Fenholt, el joven actor que se metía en la piel de Jesucristo protagonista absoluto del montaje. A Gala Dalí le impresionó enormemente aquel muchacho que le recordaba demasiado a su marido cuando era joven, es decir, a Salvador Dalí en el momento en el que se conocieron.

Hasta el teatro llegaban cada día numerosas cartas dirigidas a Jeff y escritas por gente que confundía al personaje con la persona real. Eso hizo que no fueran pocas las veces que le preguntaran por la posibilidad de obrar un milagro. Algunas mujeres le pidieron ayuda por si podía localizar a sus maridos desaparecidos mientras que otras le rogaban consejo para poder curar a algún enfermo. Aunque lo peor fue el día que llegó hasta su camerino una carta de alguien que firmaba como «el auténtico Judas». Era una prueba más de la obsesión del público por su personaje, por una obra que llegó a realizar 720 representaciones en Broadway antes de viajar a Londres. La producción logró algunas nominaciones a los premios Tony, ninguna para Jeff.

Nacido el 15 de septiembre de 1950, ahora podemos fijar que tenía 21 años cuando conoció a Gala. En las páginas de este diario hemos publicado en los últimos años algunas muestras, las pocas que han sobrevivido, de la correspondencia cruzada entre aquellas dos grandes personalidades que se convirtieron en amantes bajo el consentimiento del mismísimo Dalí.

Tras la muerte de Fenholt, sucedida el pasado año, ha aparecido algún documento vinculado a aquella historia. El último de ellos es un telegrama, por desgracia sin fecha, aunque debe ser poco después de que echara el cierre el montaje de Broadway. Fenholt se encontró en ese momento, como él mismo explicó en algunas ocasiones, en una espiral de drogas y alcohol. Algunas de las cartas de Jeff a Gala, hoy en una colección particular, sugieren que la esposa de Dalí lo acompañó en estas adicciones. En todo caso, este telegrama es una pieza más de un rompecabezas del que todavía no lo sabemos todo. El documento dice así: «Jeff los cambios son terriblemente duros. Stop. Por favor, trabaja. Fue muy importante lo que yo conocí como tu creación. Por favor, trabaja y recuerda estoy totalmente triste y soy tuya. Gala».

El telegrama fue escrito desde Port Lligat y enviado al domicilio de Jeff, en el 213 de Christian Avenue, en Stony Brook, Nueva York. Era una pequeña y modesta casa que todavía sigue hoy en pie y que tiene poco que ver con el lujoso apartamento que Gala y Salvador Dalí regalaron en Nueva York al actor.

Enrique Sabater, el secretario personal de Dalí, me contó un día como a finales de los 70, Gala estaba obsesionada con volver a Nueva York para encontrarse con Fenholt. Iba repitiendo insistentemente «Jeff, Jeff, Jeff».

En los últimos años han sido varios los intentos por reivindicar a Gala más allá de su evidente papel de musa. En este sentido, hemos tenido incluso una exposición en el Mnac, comisariada por Estrella de Diego, que trataba de establecer una nueva imagen de Gala. Sin embargo, nos faltan documentos, algunos de ellos importantes. Algunos están cerrados al público, aunque se guarden en un archivo público. Es el caso de la correspondencia de Gala con William Rothlein, uno de sus amantes, y de la que se conserva una copia en el archivo personal de Rafael Santos Torroella, hoy propiedad del Ayuntamiento de Girona.