Con Bildu, no

Arnaldo OtegiServicio Ilustrado (Automático) EH BILDU

Me cuesta mucho pronunciar la palabra enemigo, cuando era joven la pronunciaba con mucha facilidad, enemigos en el fútbol, enemigos en la política, enemigos en el trabajo etc. El paso del tiempo y la madurez me hicieron comprender mi error, en la vida hay muchos rivales, desde lo más intrascendente que es un partido de fútbol hasta aquellas situaciones propias de tu trabajo.

Los abogados nos vemos en muchas ocasiones en la tesitura de enfrentarnos en estrados en posiciones diferentes con compañeros, con fiscales con los que tienes una amistad personal, la rivalidad se mantiene mientras dura el juicio, luego la amistad continua haya sucedido lo que haya sucedido en Sala.

La rivalidad tiene aspectos positivos, motiva, hace mejorar, fomenta el ansia de querer, con más fuerza si cabe, conseguir un objetivo. Lo dicho vale también para la política.

Pero en la vida existen enemigos, gentes que no son rivales sino simplemente gentes en cuyos valores morales, se incluye el decidir sobre si otro tiene derecho o no a vivir.

Sujetos que no han tenido la más mínima duda moral a la hora de asesinar, a la hora de secuestrar, a la hora de poner un coche bomba, a la hora de que mueran incluso niños. Sujetos que lo hacían fríamente, sujetos que nunca han mostrado arrepentimiento por ello.

Esta gente cambia de estrategias según sus propios intereses, según las circunstancias y, el caso concreto de Bildu, debido a la derrota aplastante que sufrieron en manos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Es un puro cuento, una milonga, una falsedad la historia de la reflexión de la izquierda Abertzale para pasar de lo criminal a la paz.

No se han arrepentido, no han ayudado a esclarecer otros crímenes, sencillamente se han rendido a la evidencia, destrozada su organización lo tenían cada vez más difícil para seguir matando y secuestrando.

Ellos no son rivales, son enemigos, porque ellos lo quisieron así.