La testosterona podría indicar una predisposición de los hombres a sufrir formas más graves de COVID-19

La presencia de un número elevado de repeticiones de un aminoácido en el receptor de los andrógenos o de la testosterona se relaciona con un peor evolución

Los doctores Pere Soler y Roger Colobran
Los doctores Pere Soler y Roger ColobranVall d'Hebron

Desde el inicio de la pandemia, se ha puesto de evidencia que el virus afecta de forma más grave a los hombres que a la mujeres. Sin bien, éste infecta de igual manera a ambos sexos, son ellos quienes ingresan más en la UCI y tienen mayor mortalidad. Y ahora, gracias a un estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Siena y cuyos resultados han sido validados en una cohorte de pacientes españoles, es posible dar una explicación médico- científica a esta realidad.

La investigación arrancó en Italia con la voluntad de identificar factores genéticos del paciente que pudieran condicionar el desarrollo de la COVID-19 y para ello se estudiaron muestras en sangre de 638 pacientes, hombres y mujeres, algunos de ellos asintomáticos o con muy pocos síntomas y otros severos, y se comprobó que “de todos los genes estudiados, solo uno gen, el receptor de andrógenos o receptor de la testosterona, tiene una variante genética que se puede asociar a la protección o al riesgo de padecer un COVID-19 de forma grave″, señala el doctor Roger Colobran, investigador del Grupo de Investigación en Inmunología Diagnóstica del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR).

Al respecto, el doctor explica que “esa variante genética consiste en un aminoácido - que son como las piezas que forman las proteínas- en el receptor de andrógenos que se repite varias veces y esas repeticiones varían entre los individuos, habiendo gente que tiene pocas repeticiones de este aminoácido y gente que tiene muchas”. Esas repeticiones pueden ir desde las 9 a las 36 y según los resultados del estudio “en las personas que tienen muchas repeticiones del aminoácido, es decir 23 o más, el receptor de andrógenos tiene menos actividad y, por lo tanto, funciona un poco peor y eso se traduce en que el efecto antiinflamatorio de la testosterona es menos marcado”, algo que puede resultar clave en el pronóstico de le enfermedad, puesto que “sabemos que la propia inflamación que provoca el virus es una de las causas que nos llevan a desarrollar un COVID grave”.

Y lo que es más interesante es que el estudio demuestra que “este efecto es básicamente en hombres y esto es porque el gen del receptor de los andrógenos está localizado en el cromosoma X y los hombres solo tienen uno, mientras que las mujeres tienen dos, así que el efecto genético siempre es más evidente en hombres”, apunta el doctor Colobran, quien señala un segundo motivo que explicaría el efecto diferente entre hombres y mujeres. Y es que “la testosterona es la principal hormonal sexual masculina, con lo que el rol en los hombres es mucho más importante que en las mujeres. Es un efecto específico de los hombres”.

En este contexto se desarrolló la segunda parte del estudio, que se centró en validar los resultados obtenido en la población italiana con una cohorte de pacientes españoles. En esta segunda fase, que fue coordinada por el IDIBELL y en la que participó el Hospital Vall d’Hebron junto a otros centros, se confirmaron los resultados: los receptores con pocas repeticiones -entre 9 y 22- tienen una actividad mayor, mientras que en aquellos que tienen muchas repeticiones -entre 23 y 36- la actividad del receptor de la testosterona, que se encarga de atenuar la inflamación, se reduce, lo cual se relaciona con un peor pronóstico de la COVID-19.

Así pues, aquellos hombres con un receptor más activo estarían más protegidos antes de la enfermedad por su mejor capacidad de regular la respuesta inflamatoria que se produce como resultado de la infección, por lo que ahora, tras los resultados que arroja este estudio, “los investigadores italianos se plantean llevar a cabo un ensayo clínico con los hombres que ingresen en los hospitales con COVID-19, a los que se les miraría la variante genética para ver si es la de riesgo o no, así como los niveles de testosterona, para plantear una posible intervención farmacológica con la propia hormona para intentar minimizar la inflamación”, revela el doctor Colobran