Óscar Tusquets: «La Fundación no debería ocultar que Dalí montaba orgías»

El arquitecto reflexiona sobre la vejez y la muerte en su nuevo libro publicado por Anagrama

Óscar Tusquets acaba de publicar "Vivir no es tan divertido, y envejecer, un coñazo"
Óscar Tusquets acaba de publicar "Vivir no es tan divertido, y envejecer, un coñazo"Eva Blanch

Óscar Tusquets nunca ha tenido pelos en la lengua y siempre ha querido ser claro, algo que ha hecho que muchos vean a este arquitecto un provocador. Esa sinceridad salta a la vista en su último libro, publicado por Anagrama, desde el mismo título que es toda una abierta declaración de principios: «Vivir no es tan divertido, y envejecer, un coñazo». Es, como reconoce Tusquets en conversación con este diario, un libro escrito por «un superviviente. Por ejemplo, ahora cuando me llaman para hablar de Salvador Dalí es porque ya no queda nadie de los que lo conocieron. Soy el único que queda».

De ahí surge una reflexión sobre la vida y la muerte escrita en tiempos de pandemia y que tiene un imponente pórtico con la visita que Tusquets hizo con su familia al frente de Somme, el lugar en el que están enterrados miles de soldados de varias nacionalidades que fallecieron duranta la Primera Guerra Mundial, algunos identificados y otros muchos sin identificar. «Eran jóvenes con un promedio de 20 años. Estos monumentos impresionantes son para los miles y miles de no encontrados. Me parecía una buena manera de empezar el libro», dijo el autor.

Todo eso sirve de preámbulo para hablar de lo que parece un tema tabú para nuestra sociedad, especialmente en unos tiempos tan convulsos como estos. «En el capítulo que hago sobre Estados Unidos, donde aprovecho para hablar de mi experiencia como profesor allí, hablo de que no he visto en ningún país tal aversión a la muerte, a hablar de ella», comentó para añadir que «en España, donde tenemos a los místicos, no debería pasar eso. Deberíamos ser como en México donde la muerte está presente. Voy a cumplir 80 años en pocos días. Antes tardaba tres o cuatro años en hacer un libro, pero este me salió como un exabrupto por la pandemia, porque me impresiona cumplir esa edad, pero también por la muerte de gente querida, muchos de ellos más jóvenes que yo. Sin embargo, he procurado que este no sea un libro triste porque hablar de la muerte no tiene por qué ser un libro triste».

¿Y tiene miedo a la muerte Óscar Tusquets? «Tengo miedo al dolor y preocupación por la estética, por no hacer padecer económica ni emocionalmente a mi familia. Lo que quiero es desaparecer con cierta elegancia. Por eso, ya he hecho testamento vital».

Por las páginas de este libro desfilan algunos de los nombres que han marcado la carrera de Óscar Tusquets, destacando con especial fuerza Dalí. El arquitecto, en la actualidad patrono de la Fundació Gala-Salvador Dalí, no oculta que no le gusta dónde esté enterrado quien fuera su amigo y maestro: en el teatro-museo que lleva el nombre de Dalí en Figueres. «Él se preparó su tumba, en Púbol, porque quería ser enterrado con el amor de su vida, algo que dijo continuamente. Sin embargo, un día el alcalde de Figueres entró un momento solo a hablar con él, en la habitación del hospital cuando Dalí está muy enfermo, y al salir dijo que “Dalí me ha dicho que quiere ser enterrado en el museo”. No sé cómo la fundación se lo tragó. Es algo que no tiene sentido». También ha indignado a Tusquets que se abriera recientemente la tumba del artista “porque una loca dice que es su hija. No, no. Dalí siempre decía que la única persona con la que había hecho el amor de una manera ortodoxa era con Gala».

Una de las anécdotas más jugosas del libro se refiere a las visitas que Tusquets y el fotógrafo Leopoldo Pomés hacían a un espectáculo en el que actuaba Peki d’Oslo, luego convertida en Amanda Lear. «Se vestía de bruja de Blancanieves y hacía el amor a un muñequito. Éramos fans y la aplaudíamos. Pomés hizo unas fotos estupendas de Peki d’Oslo, Cuando al cabo de unos años la conocí con Dalí, la reconocí y le dijimos que éramos sus fans, pero ella negó ser Peki d’Oslo», rememoró el autor quien consideró que «la Fundación de Figueres no debería ocultar esta parte de la vida, como que Dalí compartió orgías con gente como Arrabal. No. Eso existió».

En «Vivir no es tan divertido, y envejecer, un coñazo» se dedica un capítulo a cómo afrontaron la muerte una serie de nombres, desde el padre de Tusquets al arquitecto Enric Miralles. Pero son especialmente impactantes los casos del editor Jaume Vallcorba y el torero Juan Belmonte. Del primero, Tusquets explica que «me dijo que se estaba muriendo y que fuéramos a verlo mi mujer y yo. Fuimos a tomar el té con él, conscientes de que era la ñultima vez que nos veíamos. Me pareció digno y estético». De Juan Belmonte, el gran torero, narra cómo optó por lo que definió por «una solución admirable que me merece todos los respetos». Belmonte decidió que no quería envejecer por lo que se quitó la vida pegándose un tiro, siguiendo el ejemplo de su amigo Ernest Hemingway. «Fue un acto de entereza», en palabras de Tusquets.