El silencio de ERC con la Mesa del Parlament añade presión a Puigdemont con la investidura de Aragonès

Los republicanos, fundamentales para que JxCat pueda relevar a Alonso-Cuevillas sin perder un puesto en el órgano de gobierno de la cámara catalana

La candidata de Junts a la Presidencia de la Generalitat, Laura Borràs (i), habla con el vicepresidente de la Generalitat en funciones y candidato de ERC a la Presidencia, Pere Aragonès, a las puertas de la cárcel de Lledoners.
La candidata de Junts a la Presidencia de la Generalitat, Laura Borràs (i), habla con el vicepresidente de la Generalitat en funciones y candidato de ERC a la Presidencia, Pere Aragonès, a las puertas de la cárcel de Lledoners.Kike Rincón

Casi un mes después de la constitución de la Mesa del Parlament e inicio de la legislatura en Cataluña, las cosas siguen muy convulsas en la política catalana y, sobre todo, entre los independentistas. La investidura de Pere Aragonès como president de la Generalitat continúa lejos, pese a que entre los negociadores se estime que pueda darse para la segunda mitad de abril. En las últimas horas, JxCat ha amagado con quedarse en la oposición como arma de presión, pero Esquerra también está jugando sus cartas: los republicanos tienen ahora la oportunidad de apretar a los posconvergentes con la sustitución de Jaume Alonso-Cuevillas como miembro de la Mesa del Parlament.

A primera vista, parece que este relevo es un trámite más. Sin embargo, puede convertirse en un elemento que marque los próximos días. ¿Por qué? Porque requiere de una votación y hay dos aspirantes para sustituir a Alonso-Cuevillas: la sucesora natural, que sería Aurora Madaula (JxCat); y, el candidato de Podemos, Lucas Ferro, que se erige en la prueba de los morados a Esquerra para que decidan qué rumbo toman. En síntesis, los republicanos tienen ante sí dos escenarios: mantenerse con JxCat y alargar el bloqueo; o, hacer un movimiento, mirar a la izquierda y abandonar a Puigdemont.

Ambos escenarios, en todo caso, marcarán la evolución de las negociaciones para la investidura de Pere Aragonès, porque reflejarán por qué mayoría opta ERC. La fecha de la votación para relevar a Alonso-Cuevillas está sin determinar y corresponde a la presidenta del Parlament, Laura Borràs, convocarlo.

La pelota está situada en el tejado de Esquerra. Los republicanos, de momento, guardan silencio, cosa que aumenta la intriga y la incertidumbre. La Mesa es el órgano de gobierno del Parlament y se encarga de tramitar las iniciativas parlamentarias impulsadas por los grupos. Está compuesta por siete miembros: JxCat (2), ERC (2), PSC (2) y CUP (1). Si Esquerra se abraza a los Comunes, JxCat se quedaría solo con un representante (la presidencia, Borràs).

El partido morado ha contactado ya con PSC, Esquerra y la CUP para intentarlo. Tan solo los socialistas han dado ya respuesta y se han mostrado favorables a que los Comunes ocupen una plaza en la Mesa del Parlament. También el PP se ha abierto a apoyar a cualquier candidato contrario a la independencia para restar fuerza a los separatistas en la Mesa, que ahora ostentan cinco de los siete puestos.

Lo cierto es que el relevo de la Mesa del Parlament llega en un momento de delicadeza en las negociaciones. Pese a que se estime que el desenlace puede situarse a mediados de abril -el plazo máximo es hasta el 26 de mayo-, las relaciones están muy deterioradas y el cruce de órdagos es constante. En las últimas horas, JxCat ha salido en avalancha (Jordi Sànchez, Elsa Artadi y Laura Borràs) a advertir públicamente a Esquerra que si no satisface su voluntad, se quedarían en la oposición.

Esta maniobra, en las filas republicanas, se entiende como un farol, ya que JxCat tampoco puede quedarse sin tocar poder en la Generalitat durante la próxima legislatura -el partido también tiene muchos cargos que colocar-. Pese a ello, Ernest Maragall (ERC) ha abierto la puerta a aceptar esta postura de JxCat y ha asegurado esta mañana en el programa de Gemma Nierga en RTVE que no tienen ningún temor a gobernar en minoría o con la CUP.

Ese escenario ahora parece muy lejano, aunque las negociaciones también se han complicado porque, además de las malas relaciones entre Esquerra y JxCat, también condiciona el pacto entre los republicanos y la CUP. Los posconvergentes, ahora redefiniéndose ideológicamente a toda prisa, reniegan del pacto con los anticapitalistas por cuestiones como la renta básica universal cuando hace pocos meses apoyaron contranatura la Ley para limitar los precios del alquiler.