Dalí desciende a los infiernos de Dante

La fundación del artista ampurdanés prepara una exposición sobre sus ilustraciones de «La divina comedia»

Uno de los estudios preparatorios del pintor para "La divina comedia"
Uno de los estudios preparatorios del pintor para "La divina comedia"Fundació Gala-Salvador Dalí

Estamos en plena conmemoración del 700 aniversario de la muerte de Dante Alighieri. Todo el mundo, especialmente Italia, está celebrando la efeméride con todo tipo de actividades. Una de ellas tendrá lugar en breve en Figueres, en el Teatro-Museo que lleva el nombre de Salvador Dalí. Será allí donde se podrán ver las ilustraciones que el genio surrealista realizó de «La divina comedia», una de las producciones más ambiciosas del Dalí al servicio de textos ajenos.

El pintor realizó un total de 102 acuarelas, con las que seguía los pasos de Botticelli, Blake, Doré o Rodin. Dalí optaba por llevar a su terreno esta serie basada en los textos de Dante y que no vio la luz hasta 1960 en forma de serigrafías. Esto es lo que se presentará en el museo del padre de los relojes blandos, pero acompañado de seis obras originales de nuestro protagonista y que son poco conocidas. Son dibujos y acuarelas que están vinculados con el tiempo en el que Dalí descendió a los infiernos de Dante, un verdadero «tour de force».

Según explicó ayer, Montse Aguer, directora de los Museos Dalí, en el programa de la SER «Aquí, amb Josep Cuní», Dalí recibió el encargo del gobierno italiano para ilustrar el centenar de cantos del poemario de Dante Alighieri para conmemorar el aniversario del escritor en 1951. Dalí, según Aguer, se entusiasmó con la petición italiana y aceptó el reto de enfrentarse con una obra que visualizaba como un espejo de su propia evolución, además de comparar el amor de Dante por su eterna musa Beatriz, con el que sentía él mismo por Gala.

Por otra parte, las ilustraciones de «La Divina Comedia» coinciden en el tiempo con un momento interesante en la vida de Dalí, justo cuando deja por un momento su enfoque surrealista para acercarse más a los postulados de su reivindicación del clasicismo, además de entregarse al catolicismo. No se puede olvidar que es en 1949 cuando visita al Papa Pío XII durante una audiencia en el Vaticano donde mostró una de sus versiones de «La Madona de Port Lligat». Es decir, Dalí ya no ocultaba que se había entregado al nacional catolicismo de la España de Franco. Era ya el principal artista del régimen y no iba a hacer nada por ocultarlo. También era una manera de deshacerse de que lo señalaran de antirreligioso por haber sido uno de los guionistas de «La edad de oro», la escandalosa película que había escrito con Luis Buñuel en un ya lejano 1930.

Pero, volviendo a Dante, probablemente sean ilustraciones junto con su personal lectura de «Don Quijote de la Mancha» en 1946, donde tenemos al mejor Dalí al servicio de un escritor. Lo que logra con «Infierno», «Purgatorio» y «Paraíso» es un ejercicio de habilidad, un campo de pruebas de todos los recursos que el pintor tiene a su alcance, desde su virtuosismo como dibujante a su fascinación por la acuarela, sin dejar de lado algunos de los efectos más audaces marca de la casa, como son las imágenes dobles o el rostro del gran masturbador, una suerte de autorretrato daliniano. Es el mejor ejemplo de lo que puede hacer un maestro que, además, no puede ocultar que está disfrutando con este trabajo al que se dedica de una manera titánica. Es la labor del genio que podía ser cuando quería, cuando encontraba un terreno fértil para plasmar sus obsesiones.

Es también un paseo por los clásicos, por su admiración por el Renacimiento, especialmente por su muy admirado Rafael. Eso es algo que encontramos en algunas de las representaciones del mismísimo Dante que nos ofrece un Dalí casi realista y que deja por un lado los planteamientos surrealistas, aunque en ocasiones se le escapa algún guiño puntual a la labor del pasado.

Cabe decir que el proyecto original del gobierno italiano quedó finalmente en suspenso. ¿El motivo? Los italianos no veían con buenos ojos que no se hubiera contado con un artista propio del país. Por todo ello, no fue hasta 1960 que el público pudo conocer qué había hecho Dalí con los versos de Dante. Finalmente fue en Francia, de la mano de Les Heures Claires, el sello de Joseph Foret, en seis tomos. De la primera edición de lujo se editaron 21 ejemplares en papel Japon Nacré al gusto de Dalí.