Emma Watson como y Angela Gray Ethan Hawke como Bruce Kenner conversando en un fotograma de la película: Regresión
Emma Watson como y Angela Gray Ethan Hawke como Bruce Kenner conversando en un fotograma de la película: RegresiónAnónimoCreative Commons

“Regresión”: la idea psicoanalítica que ha encarcelado a inocentes

No hay nada que nos lleve a poder defender la existencia de los recuerdos reprimidos, y sin embargo, creer en ellos ha llevado a más de un inocente al presidio.

Sheri Storm sentía la presión de un reciente divorció, un cambio de empleo y otras tantas contingencias de esas que hacen de la vida humana una pura incertidumbre. Con buen juicio, Sheri decidió visitar a un profesional que le ayudara a lidiar con la tormenta de emociones que se enmarañaba dentro de su pecho. Así es como dio con Kenneth Olson, un terapeuta que prometió ayudarla con técnicas de hipnosis y fármacos con efectos alucinógenos. No obstante, las sesiones dieron pronto un brusco cambio de rumbo, Kenneth creía haber encontrado algo reprimido en la memoria de su paciente y, como quien saca un bígaro de su caracola, se esforzó en traer la negra carne de sus pesadillas de vuelta a la luz.

Ahora Sheri recordaba que, cuando tenía 3 años, su padre la había obligado a matar y devorar bebés como parte de un rito satánico, tras lo cual había abusado sexualmente de ella. Esta es una historia real que ocurrió en Estados Unidos en los años 90, ¿pero son sus recuerdos igual de reales? Esa es la duda con la que juega Alejandro Amenábar durante todo su filme “Regresión”, que, de hecho, se basa deliberadamente en casos como el de Sheri.

Una epidemia de satanismo

En la película, Emma Watson encarna a Angela Gray, una chica de 17 años que acusa a su padre de abusos sexuales. A tenor de tal inculpación, el padre de Angela es sometido a técnicas de regresión (como es la hipnosis) ante las cuales comienza a tener algo parecido a recuerdos que le llevan a declararse culpable. Con la ayuda de la prensa, las acusaciones no tardan en entrelazarse con los rumores de rituales satánicos y pronto el caso escala hasta escaparse de las manos de los terapeutas, los detectives y los propios implicados.

Esta historia de Angela recuerda (desde la ficción) a la de Sheri, pero a decir verdad, más que por una posible falta de imaginación de Amenábar, esta coincidencia se debe a que entre los 80 y los 90 del siglo pasado, Estados Unidos sufrió una epidemia de estos casos: recuerdos reprimidos de violaciones satánicas que eran recuperados sin previo aviso.

De hecho, todo empezó el 1 de noviembre de 1980 con un libro que rápidamente se volvió un best-seller. Su autoría era compartida y tras su pluma había dos nombres. Lawrence Pazder y Michelle Smith lo habían escrito, pero también los propios protagonistas: él como psiquiatra y ella como su antigua paciente que, en un espinoso giro de los acontecimientos, ahora también era su esposa. El libro sacudió medio mundo, pues entre sus páginas se contaba cómo Pazder había logrado desbloquear recuerdos que Michelle había apartado de su mente. Recuerdos de nada más y nada menos que agresiones por parte de su madre en el contexto de ritos satánicos.

Solo hizo falta eso para que la sociedad se comportara como suele hacerlo. El país entero entró en una suerte de paranoia colectiva como ya le había ocurrido en el pasado con los comunistas y las brujas. Algo parecido sucedió con el trastorno de personalidad múltiple tras la publicación de “Sybil” o con los avistamientos de OVNIs tras las declaraciones de Kenneth Arnold. De repente todo el mundo tenía múltiples personalidades y los platillos volantes surcaban por cientos el cielo americano. Del mismo modo, Pazder puso de moda las memorias reprimidas sobre ritos satánicos.

Ni yo, ni ello, ni superyó

Esta idea de los recuerdos reprimidos viene de muy atrás, pero ha sido defendida especialmente por psicoanalistas. Ellos defienden que, ante una situación traumática, tendemos a hundir esos recuerdos en nuestro subconsciente para evitar que nos dañen. Lo cierto es que ante situaciones de estrés podemos llegar a no almacenar correctamente determinados sucesos en nuestra memoria, pero eso es todo lo que se ha podido probar, y entre bloquear como mecanismo de protección y que directamente no consigan “guardarse”, hay un gran trecho.

Por un lado, tras más de dos siglos de búsqueda no hemos podido demostrar la recuperación de un recuerdo reprimido (como se entienden popularmente) con el suficiente rigor para hacer de ello una prueba científica válida. En cambio, sí parecemos conocer bien la naturaleza de los recuerdos falsos. Memorias que psicólogas como Loftus han aprendido a introducir en paciente sugestionables sin que estos se den cuenta, haciéndoles creer con total seguridad que, por ejemplo, habían estrechado la mano de Bugs Bunny en Disney World (cosa imposible siendo Bugs Bunny la mascota de la Warner).

Por todo esto y otros detalles técnicos, se desaconsejan las técnicas de recuperación de recuerdos, en especial para su uso en juicios. En Estados Unidos existen incluso asociaciones de damnificados por estas malas prácticas de la psicología no científica. Y es que más vale andar con cautela, porque lo normal es que la memoria falle y con las preguntas adecuadas no es tan raro acabar encontrando exactamente lo que estamos buscando.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Por desgracia, no son pocos los terapeutas que siguen empleando técnicas de sugestión o incluso la pseudoterapia conocida como EMDR para desbloquear recuerdos reprimidos. Estas aproximaciones han sido catalogadas no solo como ineficaces por su muy probable relación con los recuerdos implantados, sino porque parece que enfrentar a un paciente a recuerdos traumáticos aparentemente olvidados podría dificultar su tratamiento, complicando aún más su situación. No obstante, nada de esto quiere decir que tales violaciones o abusos no tuvieran lugar, cosa que en algunos casos fue demostrado. El conflicto se encuentra en las memorias recuperadas mediante estas técnicas y su contexto satánico.

REGRESIÓN (MLA)