Sociedad

Resuelto el misterio de las momias de Tarim Basin

Un estudio genético ha revelado el origen de este extraño pueblo que vivió en Asia con una cultura casi occidental hace 4000 años

Vista aérea del cementerio de Xiaohe  y mujer momificada encontrada en ese mismo cementerio, respectivamente.
Vista aérea del cementerio de Xiaohe y mujer momificada encontrada en ese mismo cementerio, respectivamente.Wenying Li, Xinjiang Institute of Cultural Relics and ArchaeologyCreative Commons

Es muy posible que, a la mayoría de la gente, la palabra Xinjiang no les diga demasiado, es más, puede que ni siguiera aclare demasiado decir que es la denominación de un territorio del oeste de China. Sin embargo, los arqueólogos, antropólogos e historiadores, lo conocen bien, y muchos de ellos saben el misterio que hay entre sus dunas de arena. Los protagonistas son las momias de antiguos uygur, un pueblo que da nombre a la región: Xinjiang Uygur. Era finales de la década de los 90 cuando, sin previo aviso, comenzaron a descubrirse cientos de cadáveres bajo la superficie de Xinjiang Urgur. El paso del tiempo apenas había hecho mella en ellos, habían muerto en distintos momentos, comprendidos entre el 2000 a.C y el año 200 d.C., pero entre la momificación y las más que favorables condiciones climáticas de la zona, contribuyeron a que sus cuerpos hayan llegado bastante bien preservados hasta nuestra época. Sin embargo, este no era el misterio.

Precisamente, la buena conservación de los restos ha permitido a los expertos apreciar que, aquellas momias, tienen rasgos relativamente occidentales, aunque no tanto en su fisiognomía como en su atuendo. Envolviendo a las momias había ropa de lana y fieltro, tejidos nada usuales en aquel momento. Del mismo modo, la presencia de lana hace pensar en la domesticación del ganado ovino. De hecho, otras pistas encontradas en el yacimiento han permitido deducir que, entre el ganado que habían domesticado, estaba también el vacuno y el caprino. Esto supone una ganadería bastante desarrollada para su época y ubicación geográfica. Una “desubicación” que también está presente en su agricultura, la cual ya cultivaba trigo, cebada y maíz, plantaciones que no están especialmente asociadas a esta zona de Asia. Por haber, entre sus restos se ha encontrado incluso Kéfir, un derivado lácteo originado en el norte del Cáucaso. ¿Quiénes eran estos pobladores? La ciencia he empezado a dar respuestas.

Un cruce de caminos

La geografía ha condicionado siempre el desarrollo de las poblaciones humanas. En su momento, las costas cauces de ríos eran lugares especialmente interesantes para asentarse y sus pobladores prosperaron con más facilidad que aquellos que se ubicaban en el medio de la nada. Del mismo modo, las colinas y otros accidentes geográficos podían contribuir a proteger las ciudades de los atacantes, haciéndolas más prósperas. Cuando comenzó a haber excedentes y surgió el comercio entre distintas ciudades, un nuevo criterio de éxito apareció. Ahora, no solo importaba estar protegido y con un buen acceso a las materias primas, sino que estar en lugares de paso se volvió crucial. Con el comercio, algunas civilizaciones empezaron a recorrer grandes distancias para adquirir determinadas materias y se desarrollaron vías, como el famoso Camino Real Persa del Siglo V a.C. Salvando las distancias con este trayecto de los aqueménidas, sabemos que Xinjiang Urgur estaba en un lugar de paso entre oriente y occidente.

Con esto en mente, surgieron hace algunos años las primeras hipótesis sobre su origen. Estas planteaban, por ejemplo, que pudieran haber migrado durante la Edad de Bronce desde las estepas del Mar Negro, al sur de Rusia. Esto los habría relacionado con las tribus de pastores Yamnaya. Otras hipótesis apuntaban al complejo arqueológico de Bactriana-Margiana, ubicado en Asia, pero con fuertes lazos genéticos con pueblos granjeros de la meseta iraní. Sin embargo, estas especulaciones podrían acotarse bastante empleando las técnicas adecuadas de análisis genético y, eso es justo lo que ha hecho un equipo de científicos de varias universidades.

Un árbol genealógico

La grandísima cantidad de momias que han aparecido en esta región permite hacer un estudio relativamente exhaustivo de su información genética. El equipo ha seleccionado, mayormente, restos provenientes de dos de los asentamientos que creemos más antiguos: Xiaohe y Gumugou ocupados hace cuatro milenios. En total se analizaron 18 momias, 13 de las cuales provenían de la propia cuenca de Tarim y tenían antigüedades comprendidas entre los 4100 y 3700 años. Las 5 restantes provenían de otra cuenca geográfica cercana, la de Dzungarian, que teóricamente había sido ocupada antes incluso, hace cerca de 5000 años. Y, por supuesto, todos estos análisis terminaron dando sus frutos.

Contra todo pronóstico, ninguna de las hipótesis mayoritarias estaba en lo cierto, porque aquel pueblo no había llegado desde ningún lugar remoto, sino que llevaba tiempo asentado en aquella región y descendían de tribus que ya poblaban aquel lugar desde el Pleistoceno (al menos hace 11.700 años) El nombre de estos antepasados suyos era antiguos euroasiáticos del norte. Los conocemos gracias a que buena parte de su ADN sigue presente en el nuestro, especialmente en el de indígenas de Siberia y América. En resumen: las momias de Tarim eran tan opuestas a lo que suponíamos de ellas, que pueden considerarse como una población genéticamente aislada del resto del continente. Algo que contrasta notablemente con su falta de aislamiento cultural.

Como decíamos antes, el ajuar de las momias encontradas en Tarim habla por sí mismo. Su pueblo estaba en un cruce de culturas y, sin duda, tuvieron mucha influencia de otras civilizaciones. Sin embargo, consiguieron permear a la cultura y mantenerse impermeables a los “encantos” de los viajantes de aquellas tierras lejanas que traían queso, trigo y ganado. Esto especialmente sorprendente si tenemos en cuenta que los habitantes de la cuenca vecina de Dzungarian sí que han revelado en su ADN el cruce con otras poblaciones Euroasiáticas. Para ser justos, si bien el estudio genético ha conseguido revelar el origen de estas misteriosas momias, ha despertado nuevas preguntas sobre la organización de su cultura. ¿Cómo lograron mantenerse “puros” ante la llegada de habitantes de otras etnias? ¿Cómo vivieron aquella época de comercio? Tal vez nunca lo sepamos, pero, sin duda, queda mucho que la ciencia todavía puede revelar.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Por supuesto, hemos de tomar todo esto con cautela. Hablamos de 18 análisis genéticos, poco como para tener una certeza. Podemos estar más o menos confiados acerca de estos resultados, pero posiblemente hagan falta más estudios para confirmar que, el misterio de las momias de Tarim Basim está resuelto.

REFERENCIAS (MLA):