Sociedad

Inventan un traductor cerdo-humano

Los cerdos son animales mucho más complejos de lo que solemos pensar y un nuevo dispositivo permite interpretar sus emociones a partir de gruñidos.

Lechones plácidamente dormidos
Lechones plácidamente dormidos FOTO: (RoyBuri, Pixabay) Creative Commons

¿Te comerías a un perro? Ya no tu perro en concreto, sino un perro cualquiera. Posiblemente la simple idea te genere repugnancia, pero no tenemos los mismos reparos cuando pensamos en comernos a un cerdo. Si te preguntas por qué los percibes de un modo tan diferente, posiblemente llegues a un montón de justificaciones, pero más sólida, si has sido sincero contigo mismo, será que nos hemos acostumbrado a comer a los cerdos y a tener perros de mascotas, simplemente eso. Si has intentado argumentar que los cerdos son menos inteligentes, que no son conscientes de sí mismos o que no tienen emociones tan desarrolladas como las de un perro, me temo que estás equivocado. Ahí donde los vemos, la inteligencia de los cerdos es comparable con la de los perros. De hecho, según algunos estudios, son incluso más inteligentes para determinadas tareas. Si hablamos de su conciencia, han demostrado la misma metacognición que nuestras mascotas y, contra el famoso mito, podemos asegurar que no son especialmente sucios.

Pero… ¿Qué hay de las emociones? Este tema es más complejo de abordar, pero los expertos en comportamiento animal parecen bastante seguros de que los cerdos “sienten y padecen” de maneras relativamente complejas. De hecho, un nuevo estudio ha decidido llevar este hecho hasta sus últimas consecuencias y ha diseñado una especie de traductor cerdo-humano. El dispositivo es capaz, en teoría, de identificar los gruñidos de los cerdos con diferentes emociones comprensibles para nosotros. Así que no es solo que los cerdos tengan emociones, sino que por primera vez podemos conocerlas. Ahora bien. ¿Estamos realmente ante un verdadero traductor entre humanos y animales?

Todo paso cuenta

Ojalá pudiéramos decir algo como un “oinc” quiere decir “te quiero”, pero estamos muy lejos de eso. Estas investigaciones van poco a poco y, aunque no esperan desarrollar un diccionario bilingüe porcino-humano, ya logran cosas que hace años serían imposibles. La clave, como muchas otras veces, está en la inteligencia artificial, mucho más capaz que nosotros de encontrar patrones sutiles en descomunales volúmenes de información. En este caso concreto, los investigadores registraron 7414 sonidos diferentes producidos por unos 411 cerdos diferentes. Estos centenares de animales representaban diferentes edades y situaciones para dar una traducción lo más “universal” posible. El algoritmo desarrollado tenía como cometido determinar si el sonido expresaba una emoción negativa, una positiva o simplemente una neutra y, gracias al poder de la inteligencia artificial, los resultados fueron todo un éxito. El software desarrollado por el equipo acierta en torno a un 92% de las veces.

Los sonidos eran tan variados como lo eran los cerdos, pero la mayoría habían sido recogidos en situaciones muy concretas en las que los investigadores podían intuir con bastante seguridad la emoción que sentían los cerdos. Por ejemplo, los sonidos supuestamente relacionados con emociones positivas se tomaban en momentos donde jugaban con otros lechones, eran alimentados, retozaban o recibían premios. Los negativos fueron tomados durante las castraciones, cuando se les separó de sus madres o incluso a la espera de un matadero. Cabe destacar que los investigadores no realizaron estas últimas acciones específicamente para el estudio, sino que se aprovechó el proceso natural de la industria ganadera, por lo que la investigación no marcó la diferencia. No obstante, otros escenarios sí fueron deliberadamente diseñados por los investigadores para estimular emociones presuntamente más complejas. En estos últimos se exponía a los cerdos a espacios poco habituales con juguetes o comida.

Grito largo, grito corto

Si queremos expresarlo en lenguaje llano, lo que la inteligencia artificial determinó es que, por lo general, los sonidos cortos y/o agudos estaban relacionados con emociones positivas y que los guarridos largos y graves, por la contra, aparecían ante situaciones estresantes o desagradables. Es algo que muchos ganaderos ya intuían pero que, por primera vez, cuenta con una confirmación científica. Y, sin duda, puede que todo esto suene decepcionante, pero no deja de ser un primer paso de lo que podría convertirse en una tecnología muchísimo más sofisticada. Porque, algo que jamás debemos perder de vista cuando hablamos de tecnología es “qué meta persigue”.

En este caso, según cuentan los propios investigadores, esperan que esta investigación dé lugar a una aplicación capaz de analizar el estado de los cerdos a partir de su sonido. Ahora mismo no aportaría gran cosa a los ganaderos que ya conocen bien, aunque sea por intuición, si el sonido de sus animales indica algún problema. Sin embargo, a medida que esta tecnología se afine, podría ser de gran ayuda para, por ejemplo, el trabajo preventivo que realizan los veterinarios. Porque, como podemos ver, sería controvertido afirmar que este dispositivo es, a todos los efectos, un traductor, sin embargo, se suma a los muchos pasos que la comunidad científica parece estar dando para comprender mejor lo que ocurre en la mente de esas otras formas de vida con las que compartimos el planeta.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Esta no es la primera vez que se emplea la inteligencia artificial para traducir las emociones más básicas de un animal. De hecho, algo parecido hicieron unos investigadores con las plantas. Resulta que las tomateras y otros vegetales responden a las agresiones y la sequía emitiendo determinados sonidos imperceptibles para nosotros, pero audibles y clasificables para las máquinas. No sería de extrañar que, a medida que las inteligencias artificiales se fuera desarrollando, este tipo de iniciativas se volviera mucho más precisa en sus “traducciones”.

REFERENCIA (MLA):