Sociedad

Energía nuclear: ¿salvación medioambiental o peligro público?

Con la subida disparada de los precios de la luz y la urgencia medioambiental de reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, la energía nuclear podría ser una solución. Analizamos por qué sigue inspirando miedo entre la población.

Se ven dos torres de refrigeración altas en forma de cilindro más estrecho en el medio. En primer plano se ven algunos árboles y al fondo se ve el cielo azul nublado
Central nuclear de Trillo, en Guadalajara, cuyo cierre está previsto para 2035 FOTO: schoella Creative Commons

Los precios de la luz baten récord tras récord y la urgencia de Europa por dejar de depender del gas ruso no hace más que agravar el problema. Pero el coste económico no es el único inconveniente de los combustibles fósiles: las emisiones asociadas a su procesado, transformación y consumo representan el 80 % de emisiones de CO2 a escala mundial, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Por estos motivos muchas voces apuntan a la energía nuclear como fuente limpia de energía que permita reducir el consumo de fósiles.

Aunque en España ya genera un 21 % de la electricidad, la energía nuclear genera controversia. Se percibe como peligrosa, y en el imaginario popular siguen muy presentes accidentes como los de Chernóbil o Fukushima. El devenir de los residuos radiactivos es otra fuente de preocupación, así como el de las propias centrales tras el desmantelamiento. Por eso algunas voces insisten en que los esfuerzos se deberían orientar hacia las energías renovables o, incluso, a la energía de fusión, una alternativa a priori mucho más eficaz y segura aunque aún no viable.

Pau Aragón es investigador predoctoral en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y, como vocal de la Junta Directiva de Jóvenes Nucleares, es muy sensible al rechazo que genera la energía nuclear. En Chernóbil hubo al menos 31 muertes directamente atribuibles al accidente, y es que el reactor “era intrínsecamente inseguro, no tenía un sistema de contención”, lamenta Aragón. En Fukushima, 25 años más tarde y con medidas de seguridad más sofisticadas, el investigador afirma que “según los informes de la ONU, no hubo ninguna muerte asociada a la radiación, sin embargo sí que hubo muchas muertes asociadas al terremoto y al tsunami”.

Prevenir accidentes

En la actualidad, las centrales nucleares están dotadas de sistemas de seguridad muy complejos para prevenir todo lo posible los accidentes. Aragón explica que se construyen sistemas redundantes, de modo que si uno falla siempre haya otro gemelo que cumpla la misma función. Además, dentro de las centrales se construye una barrera tras otra para mitigar las consecuencias en caso de que ocurra un accidente, un sistema conocido como “defensa en profundidad”. Estas medidas funcionan, según sostiene Aragón. Contando tanto accidentes debidos a la radiación como accidentes ocupacionales, la energía nuclear “es la que menos muertes ha provocado por unidad de energía generada, incluso por debajo de las renovables”, comenta.

El otro gran problema de la energía nuclear son los residuos radiactivos que produce. Actualmente se almacenan en las propias centrales a la espera de que se construya un almacén temporal centralizado y, posteriormente, un almacén geológico sellado a 400 metros de profundidad que no requiera mantenimiento. En cualquier caso, de todos los residuos se tienen datos precisos sobre cuánta radiación emiten y dónde están, así como las entidades encargadas de financiar y operar su gestión. Aragón destaca que el seguimiento es mucho más detallado que en el caso de los combustibles fósiles: “El CO2 en la atmósfera tiene un coste, pero ese residuo no se gestiona”.

Apuesta por las renovables

En cualquier caso, la energía nuclear no se plantea como una opción preferente. Las fuentes de energía renovables son, sin duda, más sostenibles y, según Aragón, “tienen que tener una parte mayoritaria del mix eléctrico y energético”. Su principal desventaja, sin embargo, es que son intermitentes y actualmente difíciles de almacenar, por tanto no proporcionan energía siempre que se necesita. “Si queremos luchar contra el calentamiento global tenemos que utilizar las herramientas de las que disponemos, y una de ellas es la energía nuclear”, resume Aragón.

En cifras, actualmente las renovables producen casi la mitad de la electricidad que se consume en nuestro país, según Red Eléctrica de España (REE), y Aragón sostiene que para 2030 se espera que generen un 75 %. Añadir “un 20-25 % de energía de base [nuclear] me parece más que razonable”, comenta. De hecho, la nuclear ya genera un 21 % de nuestra electricidad, también según REE. Sin embargo, más allá de la electricidad, todavía hay mucha energía en los transportes y las industrias que proviene de los combustibles fósiles y que supone la mayoría de la energía total producida en España. “Hay muchísimo que descarbonizar”, insiste Aragón, que no considera “realista” alcanzar los objetivos climáticos propuestos para 2050 sin el apoyo de la energía nuclear.

Percepción del riesgo

Con todo, a pesar de que las centrales nucleares españolas llevan en activo desde los años 1980, esta forma de energía sigue inspirando miedo. La psicóloga Ana Muñoz Van Den Eynde, Responsable de la Unidad de Investigación en Ciencia, Tecnología y Sociedad del CIEMAT, explica que la percepción del riesgo se suele enmarcar en dos dimensiones: el nivel de amenaza y el de controlabilidad. En el caso de la energía nuclear, “preocupa mucho porque se percibe como una amenaza nefasta, [alcanza] la puntuación máxima en esa dimensión, y puntúa en una posición intermedia en el grado de controlabilidad porque la gente ha hecho suyo el hecho de que está controlado”.

Sin embargo, comenta Muñoz Van Den Eynde, “los expertos basan mucho más el análisis en la probabilidad de que eso ocurra. Pero las personas en el día a día no funcionamos bien con probabilidades, y pensamos más en la sensación de que nosotros podamos controlarlo o predecirlo y sobre todo también en la amenaza”. En todo caso, sí observa que la percepción sobre la energía nuclear es más favorable ahora que en los últimos años, sobre todo en comparación con otros aspectos científicos. Atribuye esta evolución a que “va calando el mensaje de que es útil y que lo necesitamos”.

Además, tanto Aragón como Muñoz Van Den Eynde coinciden en que la comunicación sobre la energía nuclear cada vez se hace mejor. Sin embargo, Aragón advierte de la disociación entre la comunicación y las políticas medioambientales para cumplir los objetivos de emisiones hasta 2030, que favorecen el gas natural por encima de la energía nuclear. Aunque el gas conlleva menos emisiones de CO2 que otros combustibles fósiles, no es una energía limpia, y los escapes accidentales contribuyen de manera significativa al efecto invernadero. Por eso, Aragón se plantea: “¿contra qué estamos luchando?”.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Una fuente de energía potencialmente barata, limpia y segura es la energía de fusión. La energía nuclear que se utiliza actualmente se basa en dividir átomos pesados en partes más pequeñas liberando energía en el proceso. La energía de fusión se basa en el proceso contrario: integrar átomos ligeros para formar uno más pesado, un proceso que también libera energía. Se suelen utilizar átomos de hidrógeno pesado que se encuentran de manera muy abundante en los lagos y los océanos. Además, puesto que no es una reacción en cadena, no es posible que se pierda el control, y para parar la reacción bastaría con cerrar el suministro de combustible. La fusión no emite gases de efecto invernadero y la radiactividad de la estructura del reactor es baja. Sin embargo, se requiere un aporte de energía para juntar los átomos de hidrógeno lo suficiente para lograr que se unan. Actualmente la energía necesaria para producir la reacción de fusión es superior a la que se genera, de manera que no es una fuente viable de energía. Sin embargo, se trabaja para averiguar si puede ser una opción factible en el futuro.

REFERENCIAS (MLA):