Cultura

La última heroicidad del visionario Stan Lee

Como demostración de que el universo del neoyorquino es inagotable, Duomo Ediciones publica un libro que el inolvidable creador de Marvel dejó escrito antes de su fallecimiento y que pronto será llevado al cine

Stan Lee posando en el verano de 2011, en San Diego (California, EE.UU)
Stan Lee posando en el verano de 2011, en San Diego (California, EE.UU) FOTO: Matt Sayles AP

No tuvo capa, pero aprendió a volar. No era creyente, pero tenía fe en el poder transformador del cómic. No era activista, pero militaba de manera consciente contra el racismo y la intolerancia. No era Errol Flynn, pero tenía las mismas ganas de comerse el mundo. No estaba hecho de fuego, pero lo parecía. Stan Lee empezó su carrera en el negocio de los cómics con apenas 17 años y su ascenso meteórico a la cima del éxito ocurrió a tal velocidad que apenas tuvo tiempo de aterrizar en el mundo real. Un año después de trabajar como ayudante en la actual editorial de Marvel (conocida anteriormente como «Timely Comics»), fue ascendido a guionista y publicó su primera historieta de dos páginas para un número de «Capitán América».

Si algo tuvo claro este neoyorquino hijo de inmigrantes desde las primeras destelladas de sus comienzos fue la idea de que a pesar de la propensión (que se desarrollaría más adelante por determinados sectores de la crítica) a la hora de catalogar sus historias como escapistas, evasoras o entretenidas, en definitiva, píldoras momentáneas contra el aburrimiento de fácil digestión y precipitado olvido, no debía pasar inadvertido el calado social y filosófico de muchas de las construcciones de los personajes de Marvel y de las tramas que estos protagonizaban.

Tanto es así que en una de sus consagradas columnas de fondo amarillo que estuvieron desde 1965 hasta 2001 coronando la parte posterior de cada cómic bajo el título de «Stan’s Soapbox» y convertidas con el tiempo en uno de los faros del progresismo en los cómics más significativos del siglo XX, Lee afirma: «Incluso la literatura más escapista de todas como los cuentos de hadas de antaño y las leyendas heroicas contenían puntos de vista morales y filosóficos. En cada campus universitario donde puedo hablar, hay tanta discusión sobre la guerra y la paz, sobre los derechos civiles y la llamada rebelión juvenil como en nuestras revistas de Marvel. Ninguno de nosotros vive en el vacío, ninguno de nosotros está completamente al margen de eventos cotidianos que dan forma a las historias que conforman nuestra vida –continúa–. Y claro que los cuentos pueden llamarse escapistas en el momento en el que te hacen huir de la monotonía de lo convencional, pero el que algo se cree por diversión, no significa que debamos cubrirnos el cerebro mientras lo leemos».

Héroes de carne y hueso

La humanización de algunos de los personajes de sus co-creaciones junto al historietista Steve Dikto como Spider-Man, Pantera Negra, Hulk, Thor, Iron Man o los integrantes de los Vengadores, los X-Men y Los Cuatro Fantásticos que siempre terminaban apoyándose en la existencia de un punto débil, una flaqueza que les hiciera sentir como personas a pesar de vivir como héroes, marcó un antes y un después en la forma de interpretar las emociones de estos iconos de la cultura pop, tal y como señalaba hace unos años en una entrevista a Kevin Smith: «Básicamente, si teníamos una fórmula para todos era que sabíamos que estábamos haciendo fantasía. Teníamos sujetos que podían volar o arder en llamas. Pero lo que me preguntaba constantemente era cómo serían sus vidas si esas personas existieran. Y eso es precisamente lo que quise hacer con Los Cuatro Fantásticos».

Una fórmula, la de impregnar de profundidad y cercanía el carácter de sus personajes, que ahora, apenas un año después de su fallecimiento, vuelve a ponerse de manifiesto en la última novela que dejó escrita el creador de universos más admirado de los últimos tiempos.

En «Alliances. Un juego de luz» (Duomo, 2019), Lee construye junto a la experta en cultura pop y periodista política Kat Rosenfield las bases de un nuevo mundo encabezado por una generación de jóvenes héroes con considerable tendencia a la rebeldía que deberán enfrentarse una vez más a un mal que amenaza con destruir el planeta. Con un cuestionamiento directo: «¿Qué es más real, el mundo en el que nacemos o el que nos creamos?» al inicio de la novela, el escritor que quiso ser como Burroughs interpela al lector para empezar el relato de una historia en la que la tecnología juega con la propia realidad y que protagonizan Nia, una talentosa hacker que encuentra en la amistad virtual de las redes sociales un refugio instantáneo pero insuficiente contra la soledad, y Cameron, un aspirante a youtuber con capacidad para controlar ordenadores y dispositivos electrónicos con la mente.

En este libro dedicado a todos esos lectores cuyas primeras historias fueron los mitos modernos que se encuentran en los cómics, Stan Lee repite la ecuación que le convirtió en la mente creativa más importante del universo Marvel y establece un interesante debate sobre identidades virtuales y la corrupción humanística que se produce dentro de una burbuja tecnológica cuyas consecuencias de aislamiento, sistematización y pragmatismo resultan perfectamente extrapolables a nuestra realidad. Donde antes hubo vigoréxicos hombres verdes, mujeres azules que eran capaces de metamorfosearse, hombres lobo con garras retráctiles o periodistas con cualidades de arácnidos, ahora hay estudiantes corrientes con apariencias nada estridentes cuyas peculiaridades residen en la necesidad de cambio de todos ellos.

Como si de un capítulo de «Black Mirror» se tratara, oscuro, siniestro y acompasado, las redes sociales se convierten en un aliado peligroso de la modernidad y al mismo tiempo en una herramienta aprovechable para intentar salvar a los humanos de una inminente extinción. Los ritmos aleatorios e incontrolables con los que muchas veces se mueve la creación pueden llegar a superar el compás de la propia vida y justo un mes antes de morir Lee, la novela se anticipó a su final y se presentó en la Feria de Fráncfort dejando ya buena constancia de una acogida que se vaticinaba como exitosa entre los numerosos fans del cerebro de Marvel.

Ansia por el mañana

El pasado y el presente, según Lee, se fusionan en esta «historia llena de tecnologías tentadoras», tal y como él mismo la define en las primeras páginas, «que te harán ansiar el mañana, mientras que nuestros personajes se esfuerzan por encontrar las respuestas de hoy». Si algo queda claro después de bucear en la psicología de los personajes que se enfrentan a esta nueva aventura es que el nivel de identificación que puede llegar a sentir un lector de la generación de Nia y Cameron es absoluto. Porque, a fin de cuentas, el hecho de tener cualidades excepcionales no les invalida a la hora de sentir lo que sienten todos, de formularse las mismas preguntas, de sufrir de la misma manera, de tener idénticos miedos.

Uno de los primeros trabajos que tuvo Stan Lee fue, paradójicamente, escribir obituarios, y por eso no resulta extraño ver morir en los cómics de forma incesante a muchos de sus personajes, como si, de alguna manera, el americano intentara demostrar que conoce bien el lenguaje de los finales. Leer las páginas de esta obra y sumergirse en los universos que cinceló su imaginación a través de las palabras, puede llegar a concretarse en una eficaz herramienta para devolver a la vida la figura de alguien que nunca tuvo capa, pero aprendió a volar. De alguien que consiguió que todos los demás quisieran hacerlo.

Una maquinaria que no cesa

El inconfundible «productor ejecutivo Stan Lee» que figura en todos los créditos finales de las películas de Marvel forma parte ya no solo del imaginario colectivo de una época, sino del sello de distinción de una maquinaria gigantesca cuyo engranaje no ha dejado de funcionar ni un solo minuto. Con «Alliances. Un juego de luz», el guionista perpetúa la consagración del cine de superhéroes. Los derechos cinematográficos de la obra ya han sido vendidos a Hollywood, aunque todavía se desconoce quiénes la protagonizarán. Tras el estreno de «Vengadores: Endgame» y la última polémica desatada por las declaraciones de Scorsese acerca de la dudosa calidad de este tipo de proyectos llegando a considerarlos de todo menos cine, parece que el estreno de otra saga de Marvel llega en forma de golpe en la mesa. Solo la aceptación del público y su consecuente traducción en la taquilla podrán confirmar si la fuerza y el alcance de la «supermajor» continúa siendo algo imbatible.