Sánchez no quiere ser vulnerable

Por más veces que se lo recordemos, nunca llegaremos a alcanzar el número de falacias pronunciadas por Pedro Sánchez antes y después de llegar al poder

Por más veces que se lo recordemos, nunca llegaremos a alcanzar el número de falacias pronunciadas por Pedro Sánchez antes y después de llegar al poder. Memorable es la proclama en el mitin electoral de Sevilla de su rechazo al partido de Pablo Iglesias: «El problema de Podemos es que siempre va anteponer el control de los jueces, de los policías, de los fiscales, de los espías y el derechos a la autodeterminación de Cataluña, de Galicia y del País Vasco». ¡Toma ya!

Elijo esta cita por su actualidad, por el asalto a la Justicia que ha iniciado y que tan oculta y minuciosamente tenía diseñado desde que recuperó la Secretaría general del PSOE. Un paso más en su carrera por obtener el control absoluto del Estado. Creo en la tesis de quienes atribuyen toda la actuación de Sánchez en el interés por mantenerse en el poder. Pero yo voy más allá, lo pretende adjudicándose un poder absoluto, en el que incluye además devorar a Podemos, como Saturno en el cuadro de Goya, a no ser que Iglesias lo tenga agarrado por salva sea la parte, no por los escaños, sino por alguna cuestión personal.

Da pavor constatar cómo la mentira ha sido la piedra angular de su arribada, dicho en lenguaje náutico, a La Moncloa; cómo su objetivo persigue el desmantelamiento del Estado de Derecho imperante en las democracias desarrolladas; cómo su falta de escrúpulos ha logrado incumplir sus más importantes compromisos.

Eso sí, se ha aprendido puntualmente que «la vulnerabilidad tiene un alto precio, imposible de pagar», frase que no recuerdo dónde leí o escuché. De ahí la osadía y arrogancia presentes en todas sus comparecencias. Ni la más mínima muestra de debilidad. Así es la vida.