Oxitocina, episiotomía o cesárea, así influyen en la lactancia materna

El parto debería de transcurrir en un entorno de intimidad, oscuridad y silencio

Cintia  Borja

Como mamíferos, las hembras humanas pueden amamantar a sus crías sin dificultades. No obstante, cuando el parto es muy manipulado puede tener efectos, tanto en la madre como en el bebé y, en consecuencia, alterar la lactancia. El parto en un proceso fisiológico natural que mayormente se lleva a cabo sin complicaciones, sin embargo, la Organización Mundial de la Salud, alerta de la existencia de un exceso de medicalización e intervenciones medicas innecesarias, como la administración de oxitocina para acelerar el parto o las propias cesáreas.

La oxitocina administrada durante el parto es una práctica ampliamente extendida pero no exenta de riesgos. Hay estudios que sugieren que cuanta más oxitocina intravenosa se administre a la madre, menos oxitocina natural se generará, lo que interfiere en el equilibrio hormonal natural necesario para una lactancia exitosa.

Con la oxitocina exógena los recién nacidos están más cansados, estresados y poco predispuestos a mamar, los reflejos primarios del recién nacido, pueden verse alterados, dificultando que este realice la primera toma de forma precoz, aumentando el tiempo entre tomas, alterando a la vez el vínculo madre-bebé.

Problemas que se incrementan cuando el parto se acompaña de anestesia epidural. La inmovilidad de la madre, que provoca la anestesia epidural y la falta de verticalidad hace que se disparen las cifras de bebés que no descienden por el canal del parto, que no giran y no se colocan bien, favoreciendo con ello una cascada de intervenciones como partos quirúrgicos e instrumentados con fórceps, kiwis, etcétera.

Cesáreas y lactancia

Estas prácticas e intervenciones que pueden alterar la succión del bebé al pecho. Con la anestesia epidural también se ven incrementadas las tasas de episiotomías, lo cual, complica que la madre adopte una posición correcta, al no poder ni sentarse debido al dolor de los puntos de la episiotomía, que impiden que la mujer amamante cómodamente. De igual forma está comprobado que las ingurgitaciones son más frecuentes en aquellas mujeres que han recibido epidural y sueros intravenosos.

En cuanto a las cesáreas, España supera las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, fijada en un 15 por ciento. En la sanidad pública, estas intervenciones rondan el 22 por ciento, frente al 34 en la sanidad privada. Según indica la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) más del 5 por ciento de estas intervenciones podrían evitarse.

En cuanto a la lactancia durante un parto por cesárea, esta se puede iniciar de igual forma que con un parto vaginal, con el contacto piel con piel desde el mismo momento del nacimiento, práctica que favorece el inicio de la lactancia.

No obstante, es importante considerar que algunos estudios señalan que las mujeres sometidas a una cesárea urgente presentan las primeras 48 horas tras el parto unos niveles más bajos de las hormonas implicadas en la lactancia (oxitocina y prolactina).

También algunos estudios refieren que las mujeres que paren mediante cesárea, presentan un riesgo tres veces mayor de abandonar la lactancia el primer mes. Sin embargo, pasado este tiempo, el riesgo de abandono no difiere entre las mujeres que han parido por cesárea de las que lo han hecho vía vaginal. Por lo tanto, resulta evidente que las madres sometidas a una cesárea requieren de mayor apoyo por personal especializado para un buen inicio de la lactancia.

Muchas de las dificultades a las que se enfrentan estas madres no son debidas a la intervención, sino a una serie de prácticas inadecuadas y/o falsas creencias que motivan que la lactancia termine antes de lo deseado.

De todas, destacaría la separación del bebé de su madre, un hecho que influye notoriamente en el retraso de la primera toma, especialmente porque en ocasiones se emplean prácticas que no respetan la decisión de la madre de amamantar, y nos encontramos con un recién nacido que ha recibido algún biberón de leche de fórmula, o se les ha administrado suero glucosado, e incluso probablemente se les haya puesto un chupete. Ofrecer un biberón a un bebé nacido por cesárea para que la madre descanse es todavía una práctica bastante extendida, que dificulta la subida de la leche, a la vez, dar un biberón o chupete al bebé, puede interferir en la succión posterior al pecho.

Aunque es verdad que el cansancio, el estrés y el dolor, pueden inhibir la producción de la hormona prolactina, responsable como sabemos de la producción de leche, los profesionales sanitarios tenemos un importante papel para garantizar el bienestar de estas madres que han decidido amamantar.

Situaciones complejas

Por supuesto que existen circunstancias en las que estas prácticas deben de ser empleadas, los obstetras y matronas en ocasiones deben evaluar situaciones complejas y tomar decisiones rápidas, pero también muchas de ellas podrían ser mejorables, y aquí podríamos hablar de los partos programados, que desafortunadamente pueden terminar en cesáreas que podrían haberse evitado.

El parto no lo hacen los profesionales sanitarios, sino las propias mujeres, nada es más poderoso en el mundo que una mujer pariendo, las mujeres no podemos dejarnos arrebatar este poder que además facilita y ayuda a disfrutar de la lactancia.

Todas las mujeres deben de estar informadas de los riesgos y problemas que pueden acontecer a la hora del parto. Es importante tener en cuenta que, a la hora de parir, como todos los mamíferos, las hembras humanas, necesitan sentirse cómodas, seguras, tranquilas en un ambiente de intimidad y confort.

Características poco frecuentes en la gran mayoría de salas de parto de los hospitales, que suelen ser salas frías, demasiado iluminadas, en donde la mujer se siente observada por un equipo de profesionales extraños, que hacen muchas preguntas y aplican técnicas médicas en ocasiones sin dar ninguna explicación.

La cantidad de adrenalina segregada ante estas situaciones de estrés y tensión, bloquea a la oxitocina, principal hormona implicada en el parto, para minimizarlo, el parto debería de transcurrir en un entorno de intimidad, oscuridad y silencio, en donde la mujer estuviera en un estado de relajación, sintiéndose acompañada y con la mínima intervención médica.

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Cintia Borja es enfermera consultora lactancia certificada IBBLC