La epidemia que mató a Julián Gayarre

La denominada «gripe española» mató a más de 50 millones de personas entre 1918 y 1919, hace poco más de cien años. Por cierto, solo un par de apuntes. España no fue responsable de ella, sino solo de informar antes y más extensamente que los demás países, involucrados en la guerra y con censura informativa. Su segunda oleada causó el doble de estragos que la inicial. Fue reportada por vez primera en EE UU y su principal teatro, el Met, la padeció como el Teatro Real español sufrió la epidemia de 1889, bautizada en esta ocasión como «gripe rusa».

En aquel 1918 cerraron muchos teatros de EE UU, no así los de Nueva York. La ciudad se preparaba para lo peor, dado el crecimiento exponencial de sus habitantes por las oleadas de inmigrantes , la ausencia de sus mejores doctores –ocupados en el frente en la Primera Guerra Mundial– y su situación como punto de llegada y salida de millones de tropas. Sin embargo, el teatro Metropolitan Opera no cerró sus puertas. Royal S. Copeland fue el responsable de esta decisión. Comisario de Sanidad de la ciudad de Nueva York, se inclinó por la limpieza y desinfección de los teatros antes que por su cierre. Además, instó a la dirección a que divulgasen anuncios sobre cómo combatir la expansión del virus y consejos sobre salud pública.

En el teatro había carteles que expresaban que cualquiera que no obedeciera las instrucciones en ese asunto sería acompañado a la puerta. Sí se pospuso el debut de Enrico Caruso en Ann Arbor, Michigan, donde debería haber actuado junto a la soprano Nina Morgana y el violinista Elias Breeskin el 19 de octubre de 1918. Por aquellos días, en el cercano Grand Rapids, los Hermanos Marx estrenaban un nuevo espectáculo, «The Street Cinderella», con la esperanza de llevarlo a Broadway.

“No puedo cantar”

El público asistió con máscaras y los artistas culparon a la calidad de la obra, más que a la gripe, del fracaso del espectáculo. Aquella epidemia mató a más de 20.000 personas en Nueva York. La gripe de 1889-1890 causó medio millón de muertos en todo el mundo. Inicialmente no presentó más gravedad que una elevada morbilidad pero, a medida que transcurrieron los días, la enfermedad fue extendiéndose por Madrid y aumentaron el número de complicaciones respiratorias (neumonías, bronquitis agudas y bronco-neumonías) y los niveles de mortalidad.

En dos meses, diciembre y enero, fallecieron seis mil personas en la ciudad. Probablemente la más famosa de todas ellas fue Julián Gayarre, quien solo contaba con 46 años. «No puedo cantar» expresó en un entreacto de «Pescadores de perlas» tras romper una nota, para terminar rindiéndose: «Esto se acabó». Aquel día la cifra de bajas casi alcanzaba las doscientas. Como ahora, pero con muchos menos habitantes. El 2 de enero moría Gayarre. Se cuenta –así lo recoge Subirá en su libro sobre el teatro– que aún tuvo fuerzas para musitar «ahora no dirán que no sé morir, esto no es teatro».

Su entierro, con el féretro cubierto de nieve y al son del «spirto gentil» de «La Favorita» y la «Marcha fúnebre», de Chopin, fue acompañado y seguido por todo Madrid. El Real cerró, como también otros teatros de la ciudad. Pero no fue aquella la primera epidemia que afectó al coliseo, pues ya había sucedido con el cólera en 1883 y 1884, llegando a retrasarse la apertura de sendas temporadas. El público se resistió a volver en estas ocasiones, hubo que cancelar funciones y rebajar el precio de las entradas. ¿Volverá a ser así en semanas o meses? ¿Veremos al público sentado con mascarillas durante tres horas?