Victorias olvidadas de España: La heroica defensa de la torre óptica de Colón

Fechada la gesta en Cuba en 1871 es la batalla en la que se concedieron más laureadas de San Fernando de toda la historia de España

La Torre Óptica de Colón supuso una proeza para los soldados que la defendieron, que decidieron resistir y combatir entre las llamas antes de entregar la posición a los asaltantes
La Torre Óptica de Colón supuso una proeza para los soldados que la defendieron, que decidieron resistir y combatir entre las llamas antes de entregar la posición a los asaltantesLA RAZÓNLA RAZÓN

Cuando Amadeo I de Saboya subió al trono España estaba empeñada en una guerra civil en su colonia de Cuba desde octubre de 1868. Esta guerra se prolongaría a lo largo de diez interminables años y ninguno de los dos bandos salió vencedor a pesar de conservarse la españolidad de la isla. La Cruz Laureada de San Fernando nació en las Cortes de Cádiz, el 31 de agosto de 1811, en referencia al rey Fernando III de Castilla, con objeto de «honrar el reconocido valor heroico y el muy distinguido, como virtudes que, con abnegación, inducen a acometer acciones excepcionales o extraordinarias, individuales o colectivas, siempre en servicio y beneficio de España». Es la máxima condecoración al valor de España. El 20 de febrero de 1871 una pequeña unidad del batallón de Cazadores de Chiclana nº 7 guarnecía un pequeña posición, la Torre Óptica de Colón, en Pinto, muy cerca de Camagüey. La Torre de dos plantas estaba construida con duras maderas tropicales, aspillada y rodeada de un ancho foso y con puente levadizo. La posición estaba defendida por el alférez Cesáreo Sánchez Sánchez, el sargento José Garabito Fernández, tres cabos, un corneta y veintiún soldados, auxiliados por tres paisanos.

Al amanecer

Una fuerza de medio millar de cubanos recibió la orden de tomar la Torre. La guarnición era pequeña, estaba aislada y la inmensa superioridad numérica de los atacantes hacía suponer que su conquista sería fácil. Los cubanos pretendían tomar el reducto por sorpresa, pero varios de sus exploradores fueron avistados la tarde anterior lo que llevó al alférez Cesáreo Sánchez a prepararse para un ataque. Media hora antes del amanecer, la tropa estaba situada en sus puestos, a la espera de lo que pudiera ocurrir. Con la llegada del día el ranchero de la unidad salió a preparar el café para la tropa. Como si su aparición fuera la señal convenida los mambises se lanzaron sobre la guarnición desde los cuatros lados de la Torre.

A los defensores les resultó imposible levantar el puente levadizo teniendo que ser defendida la puerta a bayonetazos. Perdida la sorpresa los mambises se lanzaron en campo abierto sobre los soldados españoles con hombres a caballo, infantería y grupos de negros con haces de leña, materiales para cegar el foso y líquidos inflables para prender fuego al edificio. Después del primer ataque las bajas de los soldados españoles se elevaban a dos cabos y un soldado mortalmente heridos más el sargento y tres soldados.

Dada la situación y la enorme desproporción entre defensores y atacantes los dos civiles tuvieron que tomar las armas de los heridos para ayudar en la defensa. Viendo la imposibilidad de tomar la posición al asalto los atacantes decidieron prender fuego a la Torre. Fueron rechazados a bayonetazos en medio de una densa humareda provocada por los incendios. A estas alturas del combate, de los treinta miembros de la guarnición habían muerto dos cabos y un soldado, estaban heridos un sargento, un cabo y once soldados, la mayor parte graves, más de la mitad de los defensores. El alférez Sánchez había sido herido en una pierna en la defensa de la puerta. Escaseaban las municiones.

A pesar de lo desesperado de la situación los defensores estaban decididos a morir combatiendo entre las llamas antes que rendirse. El corneta Máximo Garrido, voluntario, logró cruzar las líneas enemigas para traer ayuda. La llegada de una columna española obligó a los mambises a huir. El 5 de abril se concedía a ocho soldados y dos paisanos de los defensores de la Torre Óptica de Colón la Cruz al Mérito Militar. El alférez Sánchez fue ascendido a capitán y se abría «juicio contradictorio» para ver que defensores eran acreedores de la Laureada.

El 16 de octubre, al capitán Cesáreo Sánchez le fue concedida la Laureada mientras que la causa del resto cayó en el olvido. Después de muchas vicisitudes, como la negativa de la Laureada el corneta Garrido, muerto en un combate posterior, en septiembre de 1880 se reconoció que «considerando que en dicho proceso se demuestra plenamente que el ataque de la Torre fue llevado a cabo por más de 400 insurrectos, y que la guarnición, compuesta por un Oficial y 26 individuos de tropa, auxiliados por tres paisanos, tuvo durante la lucha cuatro individuos de tropa muertos, y heridos el Oficial, 12 individuos, y uno de los paisanos, casi todos de gravedad. Considerando que ya a punto de terminarse todos los medios de defensa, cuando no les quedaba más recurso que la esperanza de que el corneta Máximo Garrido hubiese conseguido atravesar el cerco y dar aviso al puesto inmediato, juraron todos morir abrasados antes que rendirse. Considerando últimamente que por dicha información se aprecia en su justo valor la abnegación, el espíritu nacional y el sacrificio voluntario de la vida que por la integridad de la Patria hicieron todos los defensores».

Sin precedentes

A todos los defensores, incluidos los paisanos, les fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando: alférez Cesáreo Sánchez Sánchez; sargento José Garabito Fernández; cabo primero José Suárez Cruz; cabo segundo José Brías Vizcarri y Lucio Herrero Herranz; corneta Máximo Garrido Andreu; soldados Rafael Ariza Castellanos, Juan Capell Morales, Álvaro Cebriola Blanes, Ángel García Rodríguez, José Gual Abril, Joaquín Izquierdo Villanueva, José López Cabello, Juan López Sanz, Juan Murgui Murgui, Gregorio Oché Targa, Clemente Puig Casadems, Pedro Puig Doménech, Pedro Ridao Martín, Andrés Rodríguez Chamizo, José Rodríguez Moreno, Manuel Solá Galera, Miguel Tirado Casado, Eugenio del Valle Rico, Luis Ventura Vel, Juan Vilá Piñeiro y Mateo Vilella Llansas; paisanos Pedro Esquivel, Carlos Junco Gómez y José Martínez Quesada. La defensa de la Torre Óptica de Colón es el hecho, casi desconocido, en el que se han concedido más Laureadas Individuales de San Fernando en la historia militar de España.