¿Está justificado tirar el cadáver de una madre al mar?

Ernesto Alterio protagoniza “Un mundo normal”, el nuevo trabajo de Achero Mañas después de diez años sin estrenar

La pérdida se ha convertido en una rutinaria forma de relacionarnos con la vida. Es cierto que siempre estuvo presente, orbitando amenazante entre las esquinas de los peores temores, pero después de cinco meses conviviendo con ella, su peso ha adoptado naturaleza de losa. Achero Mañas es consciente de esta realidad y ha querido desdoblarla en su último y esperado trabajo después de diez años de sequía cinematográfica: “No solamente no hemos podido despedirnos de nuestros seres queridos, sino que ni siquiera hemos tenido la opción de elegir cómo queríamos hacerlo. En ese sentido, creo que al espectador le va a resultar fácil identificarse con la decisión de Ernesto y con la lucha que lleva a cabo por celebrar la última voluntad de su madre. Algo que muchas familias han tenido vetado y no han podido hacer”, dice Mañas. En “Un mundo normal”, el autor de la premiada “El bola” adquiere un tono sincero, por momentos edificante, para contar la historia de un hombre que bien podría ser el propio Mañas.

Con ese aspecto de irresistible bohemia atravesada en las canas y los andares, Ernesto Alterio interpreta a un atractivo dramaturgo que tras separarse de su mujer se ve abocado a repensar la deriva de su vida contando con el apoyo siempre presente de su joven hija Cloe, a quien da vida Gala Amyach, la hija del propio Mañas. En mitad de esta reactivación de las prioridades y aspiraciones tanto profesionales como sentimentales, de esta suerte de renacimiento impuesto, ocurre el drama. Su madre fallece, se va sin resistirse, y su último deseo –que su hijo tire su cuerpo al mar– parpadea en la cabeza de Ernesto.

Alterio reconoce la complejidad que supondría para él en la vida real gestionar una petición así: “Parto de la base de que mis padres nunca me pedirían eso, estoy casi seguro. Pero si llegara a suceder supongo que pensaría que no es algo tan grave tirar a alguien al mar, ¿no? Sería ir en contra de lo establecido por una cuestión de amor y principios. Pues lo mismo sí lo haría”. La personalidad que demuestra el actor a la hora de salirse de la norma y caminar recto por el saco gregario de las buenas decisiones, fue uno de los aspectos importantes que Mañas quiso trabajar durante la construcción de su perfil: “Hoy en día se tolera muy poco al que piensa diferente. Siempre ha molestado, siempre ha chocado encontrarse con alguien que piensa distinto. La sociedad nos impulsa a la normalización de absolutamente todo. Se crean corrientes de opinión para generar pensamientos únicos, estamos hartos de verlo a diario”, señala Alterio.

En contraposición, el expresivo actor perfila su debilidad: “La gente que me ha interesado toda mi vida es precisamente aquella que ha ido por los márgenes. Necesitamos mucho como sociedad este tipo de personas. Que abra nuevos caminos, que piense loco. Reivindico bastante a los locos, me interesan mucho más que los cuerdos”. En este camino armónico que propone Achero Mañas hay precisamente un homenaje a esa mal llamada “locura” tan necesaria para hacer cosas como cumplir la voluntad de un ser querido, por muy rocambolesca o complicada que ésta pueda resultar. El impulso, por cierto, de este relato, nace de la misma petición real y explícita de la madre del cineasta. Ella todavía vive. Él sigue sin saber qué hará cuando llegue el momento.