¿Pero seguro que esto es un Mondrian?

El Museo Reina Sofía muestra su evolución desde pintor naturalista hasta artista abstracto en una exposición donde la mayoría de los cuadros no se han visto en España

Todo arte es una exploración intelectual del mundo y toda exposición, la indagación de un pensamiento y una mirada. Mondrian, uno de los hitos de la pintura abstracta, nació en una época convulsa, agitado por dos guerras mundiales, un crack económico y un viaje a Norteamérica que lo convertiría en residente de EE UU, muy lejos de su país natal. Comenzó como un artista naturalista, adiestrando la mirada en naturalezas muertas y paisajes tradicionales holandeses que lo condujeron por las posibilidades de una paleta de colores apagados y ocres, pero que dejaba entrever características que lo acercaban más a su posterior deriva que realmente a un Cézanne. A pesar de detenerse en bodegones y anatomías de complejo dibujo, como un conejo (obra que alude a aquellos creadores del siglo XVII que encontraban un reto en los motivos de caza), asomaban unas predilecciones ya muy contemporáneas, como su preferencia por el color, las estructuras y las líneas, tres elementos que, lejos de ser circunstanciales o anecdóticos, se convertirán en rasgos elementales de su obra. Esta narratividad evolucionaría hacia un paisajismo pespunteado por influencias artísticas diversas, como el cubismo que descubrirá en París, el impacto de la teosofía y la afirmación de un intimismo (y la creencia de que la belleza redimiría al hombre) que expresaría en sus óleos.

Colores más vivos

El resultado del cruce de tendencias y de su desarrollo personal se concretó en una serie de composiciones de pincelada más ligera, de un mayor tono anímico, colores más vivos, formas desenvueltas y libres, que rompen el rigor de lo academicista y que ahora podemos contemplar en la exposición que el Reina Sofía dedica al artista. En medio de la pandemia, y afrontando innumerables dificultades y trabas, la pinacoteca ha inaugurado una muestra que en principio iba a retrasarse, pero que supone una oportunidad única para descubrir a un artista que ha sido expuesto en muy pocas ocasiones en España y del que apenas se ha podido disfrutar. «Para más de una generación, ésta será la primera vez que verán una muestra dedicada a Mondrian, que apenas está en las colecciones de nuestro país», comenta Manuel Borja-Villel. El director del centro de arte reconoce que «la mayoría de las piezas que se han traído jamás se habían presentado antes en Madrid», como, por ejemplo, la primera y sorprendente etapa de Mondrian, casi imposible de relacionar con él, pero que ayuda a entender mejor su evolución y apreciar su recorrido. Apenas reconocemos al artista, tan vinculado en el imaginario popular con sus lienzos de geometrías y colores, con los pasos precedentes, cuando aún estaba apegado a la figuración. Pero el discurso desplegado en este recorrido supone una oportunidad excepcional para conocer el camino violento que lo condujo a la abstracción, la telas que dominan la última parte del discurso expositivo, cuando apreciamos su delicadeza para ejecutar composiciones sutiles de enorme equilibrio con colores básicos y trabajando el grosor, el volumen y la extensión de las líneas de la superficie. «Él fue un creador que vivió en un mundo en transformación. Cree en los valores de la cultura y el arte como motores para cambiar la existencia», dice Borja-Villel. Mondrian, lejos de permanecer en una vanguardia de la primera parte del siglo XX, es un pintor presente en nuestros días, como demostró Louis Vuitton cuando escogió su obra para estampados, al igual que otras marcas. «Existe una diferencia entre la difusión de su obra hoy. Él tenía la voluntad de impactar en la sociedad para mejorarla y cambiarla de alguna manera, pero la utilización de Mondrian en la actualidad es para vender objetos, algo que no nos hace mejores», explica Borja-Villel.

El salto a América resultó esencial para el arte. Pero no tanto en EE UU, donde repercutió en Rothko y Barnett Newman, sino en otra geografía inesperada. «En los museos americanos tenía mucho peso Picasso, el surrealismo, pero donde él tendría un efecto claro sería en los creadores lationamericanos. En ellos dejó una profunda huella. Lo curioso es que lo conocieron por malas reproducciones, en blanco y negro. Una demostración de que una mala lectura también puede dar resultados», añade, con cierta ironía, Borja-Villel.

Un buen compañero de viaje: De Stijl

El Museo Reina Sofía no ha traído únicamente obra de Mondrian. Para explicarlo, introduce obras del movimiento del que formó parte y sin el cual tampoco puede comprenderse: De Stijl, cuya apuesta por la función social que desempeñaba el arte resulta crucial. Intentaba derribar las fronteras que hay entre arquitectura, decoración y pintura, para que el arte invadiera la existencia común de la gente. Unos planteamientos que traslucen en sus arquitecturas, en el ordenamiento de los espacios (una noción imprescindible) y el color. El mayor representante, el que más trascendió, fue Mondrian, pero en la exposición están presentes otros artistas, por ejemplo Theo van Doesburg, y obras emblemáticas, como la reconstrucción del «Dormitorio infantil», que Vilmos Huszár y Pieter Jan Christophel Klaarhamer hicieron para la villa Arendshoeve.