“La del manojo de rosas”: treinta años no son nada

Autor: Pablo Sorozábal. Director musical: Guillermo García Calvo. Director de escena: Emilio Sagi. Intérpretes: Ruth Iniesta, Carlos Álvarez, Vicenç Esteve, David Pérez Bayona, Sylvia Parejo, Ángel Ruiz, Milagros Martín, Enrique Baquerizo. Teatro de la Zarzuela, Madrid, 10-XI-2020.

Una vez más el Teatro de la Zarzuela –como otros muchos coliseos a lo largo de los últimos tres decenios- acoge el espectacular montaje que allá por 1990 ideara Emilio Sagi, a quien se homenajea por sus 40 años de actividad, en torno a este sainete ampliado y magnificado que es La del manojo de rosas, una partitura muy inspirada, con unos planteamientos vocales e instrumentales de gran calidad y con un empleo de aires de moda de la época en la que tiene lugar a acción, 1934

Hemos de repetir a grandes rasgos lo que ya apuntábamos en estas páginas hace 16 años. Todo funciona engrasado, sincronizado y medido, con aire de comedia musical. Resultan especialmente brillantes los bailables (con el sello de Goyo Montero). Es ejemplo el chotis que enfrenta al aviador Ricardo y al mecánico Joaquín, con los viandantes repartidos socialmente. Desde este punto de vista son bienvenidas las libertades escénicas, nada representativas ni de la época ni del lugar. El lujo que invade la escena nos aleja de la entraña casticista de una obra que, sin caer en lo casposo, pretendía reflejar, de manera no del todo original, una realidad social a través de un texto discutible, aunque lleno de felices hallazgos.

En lo vocal todo quedó un tanto oscurecido por la presencia torrencial de Carlos Álvarez, que ya figuraba en el estreno de 1990 junto a Manuel Lanza. Su voz penumbrosa, densa, compacta, rotunda, resonante, ese chorro noble –que en ciertos aspectos nos trae a la memoria el del llorado Manuel Ausensi-, esa excelente dicción dominaron el espectáculo de cabo a rabo. Es verdad que, siendo ya un opulento cincuentón no da del todo el tipo del joven mecánico, pero es igual. Como tampoco importa demasiado que su técnica bien asentada no evite un evidente estrechamiento de las notas altas, emitidas en algún caso con cierto esfuerzo y que en algún caso se le pudiera pedir un mayor grado de matización. Su romanza “Madrileña bonita” fue magnífica y promovió una de las ovaciones más largas y justificadas de los últimos años en el Teatro.

No desmereció a su lado la Ascensión de Ruth Iniesta, cuya voz de lírico-ligera ha ganado en volumen y amplitud. Canta muy ajustadamente, regula, dominando un vibrato relativamente peligroso. Su romanza fue modélica, sondeando los atractivos claroscuros del personaje. Soprano en franca progresión y actriz muy decorosa. Como lo fuera en su día Milagros Martín, que estrenó esta producción y que aquí hace el papel de doña Mariana, la madre de Joaquín. Muy sana, movediza, simpática la pareja de cómicos, provenientes del Proyecto Zarza, David Pérez Bayona y Sylvia Parejo, tenor ligero y soprano ligera. Ligera también, algo más robusta, la agradable voz de Vicenç Esteve en la parte de Ricardo, el otro pretendiente. Ángel Ruiz bordó el Espasa, quizá un poco sobreactuado; un peligro difícil de sortear.

La orquesta, reducida para la ocasión en la que vivimos, a veintipocos elementos, sonó muy bien dirigida, sin batuta, con estilo, claridad y sensibilidad, con hechuras y expresión adecuada, por García Calvo. Gran y justo éxito final con especiales ovaciones para Sagi.