Corelli cien años, Caballé y Berganza ochenta y ocho

El tenor italiano Franco Corelli junto a María Callas
El tenor italiano Franco Corelli junto a María Callas

Días muy propios para añoranzas, para recordar a tres grandes, dos que ya no están entre nosotros y una que afortunadamente si. Teresa Berganza cumplió ochenta y ocho años el pasado 16 de marzo. Tras casi cincuenta años de impecable carrera como mezzosoprano, su huella sigue latente en las nuevas generaciones de jóvenes cantantes; tanto sus interpretaciones en óperas de Mozart y Rossini, como sus actuaciones en los papeles de Cherubino, Dorabella, Sesto, Carmen y tantos otros son inolvidables además de un ejemplo para las futuras generaciones, que aún pueden disfrutar de sus enseñanzas. Nos conocimos en el Escorial, casi cuando yo andaba con pantalón corto, y hablar con ella, como hago casi a diario, es un auténtico placer.

Franco Corelli hubiera cumplido cien años el pasado día 8 de abril. Fue un tenor de los de verdad, capaz de dar sin problemas todas las notas que corresponden a la cuerda, de abarcar un repertorio amplio, poseedor de un instrumento opulento e incisivo de un color muy viril que a algunos podía parece medio baritonal, como actualmente sucede con un Jonas Kaufmann que le tiene siempre en mente, fraseaba notablemente y sus calderones –gustos actuales aparte- arrasaban y provocaban delirios. Para colmo era envidiado por su prestancia física, su altura y unas piernas de las que se hablaba como si se tratase de un futbolista. Del Monaco, Di Stefano, Bergonzi y él marcaron la época de los cuatro tenores, a cuya sombra cantaron muchos más que hoy serían auténticas estrellas. El regista Giancarlo del Monaco, hijo de Mario, se escapó una vez de niño de la casa de su padre a la de Corelli. Lo que sucedió merece estar en el anecdotario de la ópera. Tuve la fortuna de escuchar y conocer a Corelli en Verona en 1972 y de comprobar cuán alterado estaba su timbre en los discos. Nada más comenzar su aria inicial en “Ernani” –”Mercè, diletti amici”- me pregunté si aquel señor era realmente Corelli. La voz, sin micrófonos, era mucho más fresca, lírica y aterciopelada, casi sin presencia de los mencionados tintes baritonales y, en cualquier caso, poderosa y preciosa de “spinto”.

Montserrat Caballé hubiera apagado ochenta y ocho velas anteayer, 12 de abril. Por Montserrat Caballé siento un cariño especial. Posiblemente hoy siguiese escuchando únicamente a Mina, Vanoni o Zanicchi si no hubiera sido porque un buen día, aún menor de edad, leí de una soprano española que arroyaba donde iba y, con curiosidad, compré un LP que contenía arias de Bellini y Donizetti. Si “Casta diva” me deslumbró, la escena final de “Il Pirata” me emocionó. Así, de pronto, un buen día pasé de Mina a Caballé, de la música ligera italiana a la ópera. También fue Montserrat la protagonista de mi primera ópera “Roberto Devereaux” en la Zarzuela y, desde entonces, no sólo me proporcionó, como a otros muchos, buena parte de las mayores satisfacciones musicales sino que también llegamos a entablar una amistad que se materializaba en muchos pequeños detalles, como “postearnos” allá donde íbamos.

Ellos tres son un ejemplo a seguir y quienes no hayan podido disfrutar de su arte bien merece la pena que se sumerjan en youtube.