“Troyanas”: El castigo tras la derrota ★★★☆☆

Escena de "Troyanas", en la sala pequeña del Teatro de la Comedia
Escena de "Troyanas", en la sala pequeña del Teatro de la ComediaSergio ParraSergio Parra

Autor: Séneca (versión de Ángeles González-Sinde). Directora: Adriana Ozores. Intérpretes: Pepa Pedroche, Víctor Sainz, Javier Lara, Alejandro Saá, Elsa González, Marta Guerras, Alfredo Noval, Sara Moraleda, Alba Enríquez, Silvana Navas… Teatro de la Comedia, Madrid. Hasta el 22 de mayo.

No lo tenía nada fácil Adriana Ozores en su debut como directora escénica teniendo en cuenta el título que le ha encargado la Compañía Nacional de Teatro Clásico para dar este salto. “Las troyanas” de Séneca, no nos engañemos, es un texto adusto, algo grandilocuente, excesivamente deudor del contexto doctrinal y político en el que se movía su autor y, lo que es más importante para lo que aquí nos ocupa, bastante alejado del sentido de la acción dramática con el que hoy asociamos la representación teatral.

En la versión de Ángeles González-Sinde, que suena francamente bonita en líneas generales (chirría solo alguna que otra expresión no muy poética en castellano, como por ejemplo “mortal de necesidad”), hay un plausible intento de simplificar las referencias mitológicas, de clarificar los antecedentes de los distintos personajes y aun de acendrar y modernizar aquellos pasajes de mayor enjundia intelectual, como el hermoso diálogo entre Agamenón y Pirro –mucho más directo y contundente aquí que en el original– acerca de la clemencia y del ejercicio ético del poder.

Ozores aprovecha bien lo que la dramaturgia le ofrece para plantear una función elegante y sobria, muy apoyada en el movimiento escénico –estupendo trabajo de Jon Maya Sein– y en la rotunda ambientación sonora de Antonio Meliveo, en la que prima la situación global que atraviesan vencidos y vencedores –ya el vestuario está diseñado con la idea de uniformar– sobre los conflictos particulares de cada uno de esos personajes. Esto hace que el trabajo actoral sea muy coral y dinámico, algo sorprendente si tenemos en cuenta que la obra original se articula casi como una sucesión de prolijos monólogos. Dentro de la generoso y notable labor interpretativa que hace todo el elenco, destacan especialmente Pepa Pedroche, Javier Lara, Alejandro Saá y Sara Moraleda.

Hay desde luego una impecable corrección en todo el producto a la que también contribuyen la simbólica y “feminista” escenografía de Alessio Meloni y la iluminación de Juan Gómez-Cornejo; pero hubiese sido conveniente quitarle solemnidad a una tragedia que, ya de por sí, en su desarrollo argumental, resulta insoportablemente solemne. Eso hubiera permitido, además, encontrar un tempo más ágil y brioso.

Lo mejor

Todo el espectáculo está concebido con elegancia y corrección.

Lo peor

Hay un exceso de gravedad que provoca que el ritmo sea un tanto latoso.