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Crítica de “Coda”: entre el canto y el cante que da mi familia ★★★

Un fotograma de "Coda"
Un fotograma de "Coda" FOTO: Imdb Imdb

Dirección y guión: Sian Heder. Intérpretes: Emilia Jones, Troy Kotsur, Marlee Matlin, Daniel Durant, Ferdia Walsh-Peelo. EE.UU, 2021. Duración: 111 minutos. Drama.

No tienen nada que ver, pero algo las une: en 2006, y por sorpresa, la amable película, y punto, «Pequeña Miss Sunshine» obtenía hasta cuatro nominaciones a los Oscar, de los que finalmente obtuvo dos, al mejor guion original y al actor de reparto, que fue para las agradecidas manos de Alan Arkin. Pues bien, esta «CODA» que arrasó exageradamente en el Festival de Sundace ha conseguido colarse en solo un apartado menos, de manera que tienen opciones nada menos que la película, el texto adaptado y el intérprete secundario, Troy Kotsur. Pero, exactamente, ¿de qué trata la igualmente modesta en cuanto a presupuesto y bienintencionada cinta dirigida por Sian Heder? Bien, nos encontramos con la adolescente Ruby (Emilia Jones), el único miembro oyente de una familia formada por sordos.

Pero no una cualquiera, para nada: el padre se dedica a la pesca, dice tacos por un tubo y hace el amor con su un poco hortera señora estruendosamente aunque alguna visita pueda oírlos en casa, mientras que el hermano de Ruby, objeto de fuerte deseo por parte de una chica con la que llegan a practicar un sexo loco, le tiene unos celos terribles porque sin Ruby todo el andamiaje se vendría abajo. Porque con solo 17 años, la chica trabaja por la mañana con ellos en el barco antes de ir a clase y se deja las horas de sueño que hagan falta bajo la almohada para que el negocio no se desmorone.

Su vida es así de simple hasta que ingresa en el coro del instituto, donde el profesor que los enseña descubre el potencial de esa voz y la jovencita, como Dios manda, se enamora de otro principiante bastante tímido. Y ahora Ruby debe elegir entre perseguir lo que sueña o continuar siendo el soporte del clan este tan raro. Hay referencias a «Glee», aquella serie transformada en fenómeno, algún momento sensible, como cuando la chica le «canta» un tema a su progenitor, varios instantes divertidos, tiernos y/o cursis, pero, sobre todo, muchísimas ganas de agradar al público, cuanto más, mejor. Y si la fórmula les funcionó en el festival creado por Robert Redford, habrá que esperar a marzo para saber el veredicto de la siempre sorprendente Academia de Hollywood. Oído al parche.

Lo mejor

A veces es algo gamberra, otras tierna, pero, sobre todo, tiene muchas ganas de gustar

Lo peor

Honestamente, lo de tantos premios y nominaciones parece un poco exagerado