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Venturas y desventuras del amor: 1.000 frases para entenderlo (y sufrirlo)

Renacimiento edita un volumen en el que Ricardo Álamo ha seleccionado un millar de aforismos para abordar las luces, pero también las sombras, de la pasión más universal

Como decía Antonio Machado: «A las palabras de amor/ les sienta bien su poquito/ de exageración»
Como decía Antonio Machado: «A las palabras de amor/ les sienta bien su poquito/ de exageración» FOTO: La Razón (Custom Credit)

«Enamorarse es como ir quedando arrinconado mientras retrocedes pintando el suelo a tu alrededor». Es el primer aforismo que elige Ricardo Álamo para hablar de amor. Podía haber empezado por otro lado, pero eligió la parte más pastelosa del tema, en este caso, una sentencia de Ameni Rozca, guionista. Sin embargo, el libro que edita Renacimiento, Mil aforismos sobre el amor y otras pasiones, no es solo una irremediable subida de azúcar que llegue a colapsar nuestras arterias. Va más allá de ese idilio utópico para mostrar también su cara B. Lejos de aquel Breviario de amor (Espasa, 2019) en el que Víctor García de la Concha reunió «cincuenta poemas inolvidables». Si aquel era un repaso a su evolución a lo largo de los años, aquí se abordan sus luces y sus sombras.

Si bien la RAE, en su Diccionario, habla del «amor» como el «afecto por el cual busca el ánimo el bien verdadero o imaginado y apetece gozarlo» y, en una segunda acepción, «pasión que atrae un sexo hacia el otro», el María Moliner se pone más mundano y lo acota como un «sentimiento experimentado por una persona hacia otra, que se manifiesta en desear su compañía, alegrarse con lo que es bueno para ella y sufrir con lo que es malo». Y es en este final en el que Álamo se detiene, en la diferencia entre uno y otro volumen, que no dicen lo mismo.

El María Moliner «aporta la paradójica noticia de que en el amor no todo es goce y alegría», puntualiza el autor. Ese «sufrir con lo que es malo» abre un nuevo capítulo en la naturaleza del término. Una naturaleza no tan pura y algo más sufriente como consecuencia de que el amor sea una pasión, y pasión –que viene a su vez del sustantivo griego «pathos»– es sufrimiento, dolor. «De ahí que teniendo en cuenta este origen lingüístico, no sea de extrañar por ello que tradicionalmente, y de manera más acusada en las culturas griega y latina, el amor haya sido considerado como una enfermedad o una locura», añade.

Ya Platón contempló la pasión amorosa como una locura divina, «algo así como un delirio o una enajenación puesta por los dioses en el alma humana de la que hay que defenderse para no perder completamente la razón», firma el libro. De ser así, puede arrastrar a quien la padece hasta la desesperación, insuflándole caos y no orden, desequilibrio y no estabilidad, convirtiendo la existencia del enamorado o de la enamorada en una mala cosa: un sinvivir anárquico. «¿Qué es el amor?», se preguntaba y respondía el periodista Ambrose Bierce: «La locura que se comete al tener demasiada buena opinión de otra persona antes de saber nada acerca de uno mismo».

Una línea de pensamiento que también tocó Freud, que no obvió en sus análisis su carácter de exaltación extrema y su temperamento irracional e irreflexivo. Como decía Antonio Machado, «A las palabras de amor/ les sienta bien su poquito/ de exageración». Una reacción propia de quien alcanza un estado de enajenación mental transitoria y de cierta locura que de una persona cabal y sensata gobernada por la razón y el principio de realidad. «Pues –continúa Álamo– el amor entontece, y si bien en la mayoría de los casos se lo singulariza como origen de la felicidad y la dicha no hay que olvidar que también es causa de desventura y desdicha». Es por ello que, como recuerdan estos «Mil aforismos...», Octavio Paz sentenció que al enamorarnos no hacemos otra cosa que escoger nuestro destino o fatalidad, «que tanto puede abrirnos la puerta a la buena como a la mala suerte».

Pero el amor, no se olvide, es la pasión que ha provocado más reflexiones a lo largo de la Historia. «Repasando opúsculos, tratados, compendios y obras de todo tipo, se diría que casi ningún autor del orbe literario se ha sustraído al ocioso menester de prestarle atención y de especular, con más o menos tino, sobre su rara naturaleza». De siempre, y sin vistas a que se agote el tema, el amor y sus alrededores (celos, ilusiones, erotismo, delirios, angustias...) no han dejado de provocar toda clase de asertos y agudezas, ensayos y elucubraciones, en aras de clarificar lo que tan misteriosa pasión encierra y, ya de paso, mitigar la curiosidad.

El querer está lleno de paradojas y es por ello que Álamo advierte al lector de que no se extrañe «si al adentrarte en las páginas de este libro te encuentras con que unas veces del amor se dice unas cosas y otras su contraria, anverso y reverso, como si quienes puestos a hablar de lo mismo no siempre parecieran estar hablando de lo mismo». Aristóteles lo tenía claro del Ser y, aquí, del Amor se dicen «muchas cosas de distintas maneras».

Venturas y desventuras del amor que no han «supuesto ni mengua ni rebaja en la caracterización positiva con que ha llegado hasta nuestros días». Puede que esta afirmación de Álamo se deba a que es en estos tiempos cuando más acusadamente la gente ha llegado a tener conciencia «de la implicación igualitaria que comporta el amor, dado que como pasión desatada no solo es capaz de romper fronteras, clases, prejuicios e ideologías, sino también costumbres injustas y privilegios». Así lo vio Miguel de Cervantes en la primera parte del Quijote, capítulo XI, donde el hidalgo asegura que «de la caballería andante se puede decir lo mesmo que del amor se dice: que todas las cosas iguala». «Cierto, el amor iguala, y allí donde las diferencias sociales, económicas, políticas o religiosas pudieran impedir una unión, el amor, sin deshacerlas del todo, las soslaya o pasa por encima de ellas, haciendo que triunfe el deseo (eros) por el complemento indispensable que nos falta y, en última instancia, haciéndonos libres», reflexiona Álamo. Y si no, no se preocupen, Marco Aurelio nos dijo eso de que «pronto olvidarás todo; pronto te olvidarán a ti».

  • Mil aforismos sobre el amor y otras pasiones (Renacimiento), de Ricardo Álamo, 240 páginas, 19,90 euros.