Cine

David Cronenberg, premio Donostia: “Pensaba que sería escritor, pero el cine me secuestró”

El director de “La mosca”, “Crash” o “Videodrome” visita San Sebastián estos días para presentar “Crímenes del futuro” y ser homenajeado en la 70.ª Edición del Zinemaldia

Decía la crítica y ensayista Desirée de Fez, al comenzar la rueda de prensa en el Festival de San Sebastián, que pensar en David Cronenberg es “pensar en los géneros oscuros”, y la observación no solo es acertada en lo textual, sino también en lo ontológico. El director canadiense visitó Donosti para presentar “Crímenes del futuro”, que pasó por el último Festival de Cannes, y sobre todo para ser homenajeado en el marco de la 70ª. Edición del Zinemaldia con el segundo premio Donostia (el primero fue para Juliette Binoche). “Pensaba, de pequeño, que sería un novelista. Como mi padre era escritor, jamás había pensado en dirigir cine, y creía que firmaría mi primera novela con apenas 20 años. Bueno, pues me tocó esperar 50 años casi. Pensaba que sería escritor, pero el cine me secuestró”, explicó irónico el realizador al ser preguntado por su historia de amor con el medio y por su dedicación a la escritura, sobre la que promete seguir trabajando.

Sobre esa reflexión que exige un premio honorífico de este tamaño, Cronenberg alejó los fantasmas de un posible retiro: “He tenido la suerte de hacer muchas películas, durante casi 50 años, pero sigue siendo bonito ser reconocido en un lugar como Donostia. Por su labor histórica. Normalmente, cuando alguien te da un premio así puedes pensar que es un basta, que hasta aquí, pero todo lo contrario. Es para que sigas haciendo películas”. Y así se explicó también, sobre ese leitmotiv que acompaña a sus películas, el de perseguir los límites del género, de lo plausible y de lo normativo: “No se trata tanto de empujar a los límites a la audiencia, sino de hacerlo conmigo mismo. De eso va mi cine. Hitchcock dijo de sí mismo que él era una especie de marionetista del público, pero yo no creo que esa deba ser la experiencia del director. Yo me embarco en un viaje creativo explorándome a mí mismo y luego le digo a la audiencia: “He imaginado esto, a ver qué pensáis acerca de ello”. No es tanto empujar a la audiencia como a mí mismo”.

El arte como crimen

“Me gusta usar tecnologías que, normalmente, no serían consideradas profesionales. Mi último corto se rodó con móviles, incluso con cámaras caseras. Y, de hecho, en “Crímenes del futuro” hay escenas rodadas con iPhone. La tecnología del cine sigue siendo complicada, pero ahora es mucho más accesible. Contar con cámaras decentes fue el primer gran problema al que me enfrenté como joven cineasta. Cuando comencé a hacer películas, en los sesenta, en el Nueva York underground, era la primera vez en la que podías hacer películas, de manera complicada, pero sin pertenecer al gran sistema de Hollywood”, recordó el maestro, que se confesó incluso biónico haciendo referencia a la reciente operación de cataratas a la que se ha sometido y al aparato que le facilita la audición. “El impulso de destrucción humana es real, y es muy común a todas las sociedades. Es complicado y es oscuro, en cierto sentido, saber si tendremos la capacidad de controlar lo que hemos soltado en el mundo”, añadió luego sobre ese aceleracionismo ecológico que, opina, nos destruye como sociedades moderna.

Sobre su nueva película, Cronenberg respondió a una de las afirmaciones más aceptadas acerca de su cine, que nos enseña siempre aquello que se supone que no deberíamos estar viendo: “Hay algo de verdad en ello. Creo que la civilización es represión, en el sentido de que para existir, para vivir en sociedad tenemos que dejar de matar, de violar, de agredir. Y eso es bueno, siempre que exista el arte para cometer esos crímenes. El arte es crimen, y es bueno que se así. Espero poder seguir cometiendo crímenes mucho tiempo”, se despidió el autor, que en cuestión de horas será homenajeado en el Kursaal donostiarra.