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El último premio a Freddie Mercury

Rami Malek, estadounidense de origen egipcio, ganó el Oscar al mejor actor con su interpretación del líder de Queen, británico de origen parsi e indio

  • Rami Malek y Freddie Mercury / Reuters
    Rami Malek y Freddie Mercury / Reuters

Tiempo de lectura 2 min.

26 de febrero de 2019. 01:21h

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Ulises Fuente 26/2/2019

Con la estatuilla aún fría en sus manos, Rami Malek agradeció el Oscar a sus padres: «Soy hijo de inmigrantes egipcios, soy la primera generación estadounidense de mi familia y mi historia se está escribiendo ahora», dijo casi por todo discurso. El actor recibió, con la misma sobriedad que caracteriza a sus dotes interpretativas, el Oscar a mejor actor por su papel en «Bohemian Rhapsody», filme en el que da vida a Freddie Mercury, líder del grupo británico Queen, con, según los críticos, quizá demasiada contención, como si la principal dimensión del cantante fuera la que ambos comparten en su biografía: ser hijos de inmigrantes. El parecido físico de Malek con Mercury estaba razonablemente logrado, si bien a la hora de calibrar la profundidad del personaje con respecto a la persona ha habido más discusiones. Estaba claro que el actor no podía cantar como el original porque ni siquiera los cantantes pueden hacerlo (así que se le perdonan todos los playbacks) y también es satisfactoria su versión sobre el escenario: aprueba el actor tanto en el ademán como en la gestualidad. Otra cosa es (y el guión tiene también la culpa indiscutiblemente) la profundidad del personaje, especialmente en sus fases más oscuras, obsesivas y perversas.

Absolución de pecados

Cierto es también que se trata de una película para todos los públicos y que en los biopics casi parece obligatorio caer en el panegírico, pero la cinta le concede a Mercury una completa absolución de todos sus pecados. Aunque si ya han visto trabajar a Malek, especialmente en la serie de televisión «Mr. Robot», sabrán que el histrionismo, un rasgo característico de Mercury, no es su mayor virtud. Por esa razón, el retrato del artista y su retorcida y voluble personalidad quedan apenas esbozados y se diluyen en la historia de Queen y no en la de su líder.

En cualquier caso, la película, con todos sus clichés hollywoodienses, es de las que, claro, arrasan en taquilla y se degluten divinamente. Costó arrancarla, cambió de responsables, y ha devuelto actualidad a la producción musical de Queen, siempre digna de un repaso. Por eso, al de Malek hay que sumar otros tres galardones técnicos: mejor edición de sonido, mejor edición de vídeo y mejor mezcla de sonido en unos Oscar con bastante competencia musical. El Oscar fue, pues, para Freddie Mercury.

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