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¿Podemos caer en la trampa de Tucídides?

El padre de la historiografía científica ya lo advirtió en su narración de la Guerra de Peloponeso (siglo V a. C.): una potencia nueva puede retar a una dominante ya establecida.

  • Un detalle del llamado jarrón de Chigi, de origen protocorintiano, hallado en el Monte Aguzzo y en el que se presentan imágenes mitológicas y de guerras de la antigua Grecia
    Un detalle del llamado jarrón de Chigi, de origen protocorintiano, hallado en el Monte Aguzzo y en el que se presentan imágenes mitológicas y de guerras de la antigua Grecia

Tiempo de lectura 8 min.

10 de junio de 2019. 10:40h

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David Hernández de la Fuente.  9/6/2019

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¿Por qué los cerebros asesores del inquilino de la Casa Blanca leen obsesivamente al prosista griego más difícil de la antigüedad como si fueran estudiantes de último curso del Grado en Filología Clásica? Esto se preguntan los analistas políticos de Washington a lo largo del último año porque Tucídides el ateniense, el meticuloso y sofisticado historiador de la guerra que desangró durante treinta años la Grecia clásica, está más de moda que nunca en las altas esferas de las dos superpotencias actuales: Estados Unidos y China.

Se da la paradoja de que los modernos expertos en geopolítica y en su aplicación al más alto nivel de la estrategia global tienen más en cuenta la historia y la filología clásicas que la mayor parte de nuestros responsables ministeriales y autonómicos en materia de educación, más ocupados en potenciar en secundaria y universidad temas aparentemente rentables, como empresariales, turismo o gastronomía, frente al combustible intelectual que realmente mueve el motor de la historia y de la toma de decisiones a los más altos niveles. Pero, ¿por qué buscar las claves de la política internacional del siglo XXI, por ejemplo, en lo que se refiere al actual conflicto que enfrenta a la China poscomunista y a los proteccionistas de EEUU de Trump, sumergiéndose en la lectura concienzuda de un clásico griego de hace 2500 años?

Un maestro de Historia

Podríamos esbozar esta primera respuesta sin temor a equivocarnos: porque es un clásico universal de la literatura, la historiografía y el pensamiento. ¿Dónde buscar respuestas si no? Clásico, siguiendo una memorable definición de Jorge Luis Borges, «es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término [...] Un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad».

Tucídides, el segundo de la tríada clásica de historiadores griegos, es el maestro de la historia científica, crítica y política. Se dedicó a narrar la Guerra del Peloponeso, que enfrentó casi irremediablemente a las dos superpotencias de la época, Atenas y Esparta, rivales ideológicas por definición. Fue no solo una guerra brutal y larguísima, que enconó los odios tradicionales entre jonios y dorios, sino un conflicto de enormes dimensiones que cambió para siempre el mundo antiguo.

Así comienza esta Historia: «Tucídides, natural de Atenas, narró la guerra entre los peloponesios y los atenienses, cómo combatieron los unos contra los otros. Comenzó su compilación recién declarada la guerra, porque previó que iba a ser grande y más famosa que todas sus precedentes. Lo conjeturaba así porque ambos bandos se aprestaban a ella estando en su pleno apogeo y con toda suerte de preparativos, y porque veía que el resto de los pueblos de Grecia se coaligaban con uno u otro partido, unos inmediatamente y otros después de haberlo meditado». (I 1. Trad. A. Guzmán).

Hay que recordar que Atenas había logrado convertirse en la mayor potencia de su época, tras las Guerras Médicas, gracias al mantenimiento de una flota que le permitió mantener un imperio impresionante sobre sus aliados y colonias. Exportó a veces a la fuerza el sistema democrático para «liberar» a muchos de sus aliados, que a la postre tuvieron que contribuir a sufragar los costes del sistema en la llamada Liga Ático-Délica. Del otro lado estaba la oligárquica y militarista Esparta, con su Liga del Peloponeso, que reunía no solo a convencidos de su sistema político, sino también a rivales comerciales de la poderosa Atenas unidos por el miedo a su pujanza.

Proteccionismo, rutas comerciales, odios ancestrales y propaganda ideológica se mezclaban en un cóctel letal. Como ha estudiado Luciano Canfora, Tucídides es un pensador político de primera magnitud: conservador y escéptico con respecto al sistema democrático y su deriva radical e imperialista, analizó con precisión los resortes del poder y sus facciones. Paradójicamente, en política exterior, la ciudad defensora de la democracia se comportaba cruelmente con los actores menores, como lo que Tucídides llega a denominar «polis tyrannos».

El maestro de historiadores dejó escritas páginas imperecederas sobre esta sociedad en crisis, sobre la gloria y la caída de la Atenas de Pericles, la guerra, la peste, la demagogia, las traiciones y las intrigas por el poder. Señalemos su característica descreencia, su búsqueda racional de las causas de las acciones humanas, su identificación de los pretextos, su honda reflexión sobre la toma de decisiones que, cuando es errada, llevan inevitablemente al conflicto y al desastre. Moses Finley subrayaba que su obra es, además, gran literatura por su composición del panorama histórico, un «ktema es aei», una adquisición imperecedera que podemos leer aún hoy con gran aprovechamiento. Pero hay algo más. Tucídides es un autor denso, inteligente, preciso hasta la disección de las causas y motivos de las decisiones de más alto nivel en el tablero de la guerra o de la política.

No es sencillo como libro de cabecera de líderes, como otros prontuarios clásicos de la pomposamente llamada «decision-making» para usos militares, empresariales o gubernamentales, tales como Maquiavelo, Gracián, Sun Tzu o Clausewitz. Pero desmenuzar la historia de Tucídides se ha hecho indispensable en la era de Trump, como ha visto el politólogo Graham Allison. Este catedrático de Harvard, uno de los pensadores clave de EEUU en política exterior, ha desarrollado una teoría de la elección racional en organizaciones complejas desde que, en su primer libro, «Essence of decision» (1971), comenzara a estudiar la gestión de situaciones de crisis compaginando la decisión en el corto plazo con la estrategia en el largo.

«Estudien griego clásico»

En su último libro, «Destined for War» (2017), Allison compara la escalada de tensiones entre Atenas y Esparta por el extraordinario desarrollo económico y político de la primera con lo que sucede con el crecimiento de China y sus conflictos comerciales con EEUU. Pero esto, como decimos, no es nuevo: otros intelectuales neoconservadores de clásicas han logrado que Tucídides sea el autor de referencia para el partido republicano: Donald Kagan, catedrático de clásicas en Yale, que ha dedicado cuatro tomos de referencia al historiador, le considera una fuente de sabiduría sobre el comportamiento humano y, sobre todo, en política internacional. O Victor Hanson, catedrático en California, que en su obra sobre la Guerra del Peloponeso compara a Atenas con EEUU.

Por eso, Tucídides es leído con devoción: no es ya moda pasajera, es necesidad perentoria de comprender y actuar. Así son los clásicos: «Nihil novum sub sole». Señores gestores de nuestras escuelas, ¿es mucho pedir que se den cuenta de lo que conviene estudiar en secundaria para forjar líderes, emprendedores, ejecutivos e intelectuales de éxito? Déjense de estadística, química e informática. Estudiar griego clásico es lo mejor para tener una perspectiva privilegiada del presente. La paradoja de Tucídides.

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