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Premios Planeta, emperadores de Roma

Santiago Posteguillo y Ayanta Barilli, ganador y finalista del galardón, presentan el camino literario de sus novelas, en Roma, ciudad en la que discurren

  • Ayanta Barilli y Santiago Posteguillo presentaron sus novelas en Roma
    Ayanta Barilli y Santiago Posteguillo presentaron sus novelas en Roma /

    Carlos Ruiz

Roma.

Tiempo de lectura 4 min.

24 de mayo de 2019. 16:27h

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Javier Ors Roma. 24/5/2019

En este país de abundantes turismos, folclóricos, playeros y festivaleros, la ruta literaria, el fetichismo de acudir al lugar, verosímil o no, con sus verdades, mentiras y leyendas impuestas, es algo que no suele estilarse, que lo propio de esta piel de toro es tirarse al monte de la salida nocturna o el sol de ferragosto. Santiago Posteguillo y Ayanta Barilli, ganador y finalista, respectivamente, del Premio Planeta de este año con "Yo, Julia" y "Un mar violeta oscuro", han querido demostrar que un libro no termina con la última página, sino que una obra, no importa cual sea, se perpetúa y continúa viva en los lectores, en las frases que se han retenido en la memoria, los instantes que continúan brillando en la imaginación o los escenarios que han inspirado las narraciones o que aún conservan el recuerdo de los personajes o las personas que los han habitado en la realidad o las geografías de la ficción. Los dos escritores han viajado a Roma para presentar en el Instituto Cervantes sus obras ganadoras y, de paso, visitar las localizaciones que los han inspirado o empujado a escribir.

Un paseo que ha comenzado en la casa de Ayanta Barilli, que compró su abuela después de la Segunda Guerra Mundial, con su jardín recoleto, que se convirtió en epicentro de reuniones de artistas, y esa acumulación de fotografías, pinturas, dibujos, libros y objetos dispersos por sus habitaciones y pasillos, y que le han ayudado a reconstruir la memoria familiar.

Un recorrido por el recuerdo que empezó en un daguerrotipo, con el retrato de aquel que llamaban Belcebú, que se ha ido legando de una generación a otra y se ha prolongado por el paisaje de su infancia: Liceo español, la plaza de San Pedro del Vaticano, donde de pequeña ella jugaba al fútbol o el cementerio de los poetas, donde permanecen enterrados algunos de los familiares, cerca de las tumbas de Keats, Gramsci y Shelley.

"Quería sacar las voces de esas mujeres silenciadas, entender qué era ser ellas. Son mujeres de mi familia, pero son las mujeres de cualquier familia. Es interesante para hombres y mujeres descubrir qué pasaba por sus cabezas. Son mujeres que estaban fuera de las normas sociales y cuando se salían tenían problemas sociales".

El libro de Ayanta Barili es el retrato intenso de esos antepasados femeninos que repiten, casi como una maldición, los mismos errores que generaciones anteriores, y cómo sufrieron las consecuencias de una personalidad que se acuñó, a diferencia de muchas, en el arte, la literatura y la música.

Este circuito literario continúa de mano de Santiago Posteguillo que ha recuperado del pasado la figura de Julia Domna, una rebelde que se negó a aceptar las normas de su época, que enamoró a Septimio Severo y se convirtió en emperatriz de Roma, y que se enfrentó a los prejuicios de ser una mujer oriental en el epicentro de la política romana (el nombre de Cleopatra no había caído en el olvido todavía).

Su novela nos lleva a las termas de Caracalla, las más importantes y las más lujosas que tuvo el imperio romano, el arco del triunfo de Severo, que oculta, entre las frases de su inscripción las huellas de un asesinato (Caracalla mató a su hermano) y el circo romano, que llegó a albergar 250.000 espectadores: "Aquí es donde cuento un episodio que relatan las crónicas romanas. Cuando Severo avanza hacia Roma, el emperador Juliano quiso combatir sus legiones usando elefantes como arma contra ellas. Tomaron los elefantes que tenían encerrados para los juegos. Unos animales mal cuidados y que vivían en cautividad. Aquello acabó en el caos y en el circo máximo se vivió un instante esperpéntico: cuando los elefantes embistieron contra los propios soldados romanos y no pudieron ser domesticado".Los dos autores son muy diferentes. Santiago Posteguillo, que ya está escribiendo su nuevo libro, arrastra una larga trayectoria literaria. Ayanta Barilli es una debutante que se ha estrenado en la novela con un texto intimista, pero ambos comparten un denominador común: Roma. Y, también, las mujeres, protagonistas absolutas de sus historias. "Son caracteres que no aceptan el status quo, que se rebelan contra el entorno social. Julia no admite a quién tiene que seguir. En este sentido demuestra una enorme audacia y eficacia". Ayanta no acepta la definición de "rebeldes" para sus antepasados y remarca que "no son heroínas. Son normales, condicionadas por las situaciones que viven".

La situación de las mujeres y su relación con el poder, el estatal o el familiar, son un eje de sus historias. Por eso, los autores no pueden evitar reflexionar sobre estos vínculos hoy en día. "Creo -sostiene Santiago Posteguillo- que es relevante, casi una necesidad, la obligación es que se logre la representación igualitaria para todos. Me alegra que en el actual congreso se haya logrado una cierta equiparación y que cada vez haya en España más mujeres. Pero todavía existen lugares de poder donde la mujer no tiene una representación adecuada, como en la empresa privada, donde queda mucho que camino que recorrer. Hay que señalar que las mujeres están representadas en puntos medios y bajos del ámbito social, pero no en el alto . En la universidad, por ejemplo, donde llevo trabajando 26 años, he necesitado todo ese tiempo para poder ver a una rectora. En nuestro país existe otra: en Valencia. Pero es que todavía me sobran dedos de una mano para contarlas. Y eso entre todas las universidades públicas y privadas que tenemos y el gran número de profesoras que hay. En los cargos más altos es donde la desigualdad es más evidente".

Ayanta Barilli es más clara y radical, en este punto, asegura: "Hay que alcanzar la paridad del 50 por ciento. Pero si tarda en llegar, aunque lo ideal es que fuera de manera natural, habrá que acelerarlo. Y eso solo se consigue con la educación y las libertades. Hagamos esa paridad si no sale de manera espontanea".

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