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Sandra Hüller y un jardín sin vistas al Holocausto

«La zona de interés», de Jonathan Glazer, analiza el horror nazi desde una perspectiva radical: a través de los ojos de la familia de Rudolf Hoss, uno de los ideólogos de Auschwitz

Es, a todas luces, el constructor de imaginarios más original del cine contemporáneo, siempre lúgubre pero poético en su descripción de lo ignoto. Por ello, cuando se anunció que Jonathan Glazer, director de «Under the Skin» (2013) y «Sexy Beast» (2000), adaptaría «La zona de interés» –novela de Martin Amis sobre las vivencias de la familia del comandante Rudolf Hoss a las afueras del campo de concentración de Auschwitz–, no fueron pocos los que se llevaron las manos a la cabeza. ¿Puede un esteta retratar la verdad del horror nazi?

«La interpretación, al menos como yo la entiendo, tiene que ver con el amor y la dedicación, con volcarte en contar la verdad de tu personaje. Y aquí era todo lo contrario, no había nada desde lo que empatizar. Pero como actriz tengo una cierta responsabilidad, más con lo que está pasando ahora en el mundo, de mostrar cómo funcionan estas cosas. Uno no puede vivir en una burbuja en la que de igual la muerte de millones de personas. Jonathan (Glazer) ha estado seis años trabajando en esto, investigando de la mano de los supervivientes», cuenta sincera Sandra Hüller, aquí la mujer del gerifalte ario y una firme candidata a hacer historia como doble nominada en los próximos Oscar, sumándole a este rol su protagónico en la excelsa «Anatomía de una caída», que ganó dos Globos de Oro y sigue todavía en cartelera.

Christian Friedel da vida a Hoss, clave en el campo de exterminio
Christian Friedel da vida a Hoss, clave en el campo de exterminioWANDA / ELÁSTICA

La arquitectura del mal

«Vivimos encorsetados desde hace siglos, en sociedades cada vez más conectadas. Pero el problema es que el cuerpo humano es capaz de adaptarse a casi cualquier corsé. Todos desearíamos que nuestros líderes fueran mejores, pero tampoco podemos desentendernos de la responsabilidad individual cuando ocurren horrores como el de los campos de exterminio», responde Hüller, con la cuestión gazatí en el aire. Y es precisamente ese contrapunto, el de la historia como memoria, el que Glazer lleva hasta el extremo en «La zona de interés», llegando a ofrecernos imágenes de la casa familiar de los Hoss recreada en el filme, pero también en la actualidad, donde los pasillos de comunicación entre el verde jardín y el gris cenizo de sufrimiento humano se pegaban por coexistir. «Como actriz, puedo quejarme, pero no puedo detener una guerra. Mi trabajo llega hasta cierto punto. He visto, por ejemplo, a Cate Blanchett hablando ante la ONU, y me parece muy valiente, pero ni siquiera eso tiene el poder. El poder lo siguen teniendo los políticos», completa la actriz.

"Mientras interpretaba a esta mujer, pensaba en Bruno Ganz y en su papel como Hitler («El hundimiento»). Durante mucho tiempo, se arrepintió de haberle abordado desde la humanidad".

Sandra Hüller

«De algún modo, mi castigo para Hedwig Hoss, mi venganza tardía, es no darle al espectador nada para agarrarse a su humanidad. Se merecía ser un personaje frío, inhumano. Tenía que vaciarla, porque la representación que me pedía el director me exigía no empatizar», añade de nuevo ciñéndose a la verdad Hüller, que acto seguido responde acerca del riesgo de jugar con lo estético, de convertir el análisis de la barbarie racista en un estudio arquitectónico sobre el que baila Glazer inteligentemente durante todo el metraje: «En el guion, realmente, no se explicaba demasiado de estos personajes. Jonathan no quería que estos sujetos tuvieran siquiera una estructura dramática al uso, un trauma al que agarrarse o que les justificara. Quería mostrarles en su día a día más anodino para luego poder contar su película», apunta la actriz.

Y esa película, además de narrar el ascenso de Hoss (escalofriante, Christian Friedel) dentro del ejército alemán por su capacidad matemática para asesinar en masa, cuenta la historia de un matrimonio cuyo campo visual no iba más allá de las paredes de su casa. Glazer, entre rojos sangre, fundidos a negro, cámaras térmicas y un diseño de sonido como pocas veces se ha pensado para el horror aquiescente en una sala de cine, levanta en «La zona de interés» una condena distinta a la deshumanización, un manifiesto alejado de la rabia y más cercano al más llano asco. «Todo el tiempo, mientras interpretaba a esta mujer, pensaba en Bruno Ganz y en su papel como Hitler («El hundimiento»). Durante mucho tiempo, se arrepintió de haberle abordado desde la humanidad, porque ello le obligó a tomar una posición moral sobre alguien que no merecía salvación alguna. Quería evitar eso a toda costa. Los actores somos manipuladores, así que es muy peligroso escoger qué quieres manipular», se despide Hüller desde Los Angeles, dispuesta a seguir demostrando el buen estado de forma del cine europeo.