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Hervé Renard, el hombre del milagro africano

Hervé Renard, en la banda durante el estreno del campeonato en el Marruecos-Irán
Hervé Renard, en la banda durante el estreno del campeonato en el Marruecos-Iránlarazon

A los 15 años lo fichó el Cannes, pero Hervé Renard pronto comprendió que su carrera futbolística no iba a ser muy larga. «Cuando me enfrenté a jugadores de élite enseguida comprendí que no era tan bueno», recuerda. A pesar de todo, consiguió debutar en Primera. Debut y despedida en el mismo partido, porque no jugó más. Su carrera se dirigió hacia las divisiones inferiores y ahí comenzó su carrera como entrenador, en el Draguignan, el mismo equipo en el que se retiró. Lo subió de la Sexta a la Cuarta División y allí fue donde lo encontró Claude Le Roy en 2002, el hombre que le cambió la vida. Le Roy, francés como él, había hecho una larga carrera como técnico en el fútbol africano. Su triunfo en la Copa de África de 1988 con Camerún, a la que ya había hecho subcampeona dos años antes, abrió el camino a muchos técnicos europeos. Le Roy trabajaba en China con el Shanghái y encontró en el joven técnico a su segundo entrenador ideal. Viajaron juntos hasta el Cambridge de la Tercera División inglesa, donde Le Roy duró poco y Renard se quedó al mando. Lo despidieron pronto, aguantó 26 partidos, de los que sólo consiguió ganar cinco. Pero dejó un gran recuerdo a los jugadores. Por su físico
–hacía el mismo trabajo de gimnasio que sus futbolistas– y por sus métodos. «Hacía cosas que no vi hacer a otros entrenadores hasta cinco o seis años después», recuerda uno de ellos. Él no lo sabía, pero su sitio era África. Regresó al lado de Claude Le Roy en 2007 para ser su ayudante en la selección de Ghana, pero no tardó mucho en volar solo camino de Zambia. Allí fue donde comenzó a hacer milagros. Con la selección de Kalusha Bwalya –que entonces ya era el presidente de la Federación– ganó la Copa de África de 2012. Era el primer título para los «Chipolopolo», que habían perdido a la mayoría de su selección en un accidente aéreo varios años antes. El triunfo hizo que en su país se fijaran en él. Lo fichó el Sochaux y lo bajó a Segunda División. Al año siguiente fue al Lille y duró quince jornadas. De regreso a África hizo campeona del continente a Costa de Marfil, algo que no conseguía desde 1992 a pesar de haber disfrutado en los años anteriores de la mejor generación de futbolistas de su historia, con Drogba a la cabeza. A Marruecos la ha devuelto a un Mundial 20 años después y a estas alturas ya sabe que su lugar en el mundo está en África. Casado con Viviane Dieye, la viuda de Bruno Metsu, el hombre que llevó a Senegal a ganar a Francia en el Mundial 2002, fallecido de cáncer en 2013, asegura que en África se siente libre. «No creo que pueda vivir en otro sitio».