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Pablo Carreño: de la confianza al tenis agresivo y al mayor título de su carrera

El asturiano conquistó el Masters 1.000 de Canadá en su año más irregular.

Pablo Carreño celebra la conquista del Masters 1.000 de Montreal, el mayor éxito de su carrera junto con el bronce en los Juegos de Tokio
Pablo Carreño celebra la conquista del Masters 1.000 de Montreal, el mayor éxito de su carrera junto con el bronce en los Juegos de Tokio FOTO: ANDRE PICHETTE EFE

La vida del tenista no para. Dentro de la posición de privilegio que tienen los que están arriba, hay una parte de locura. Pablo Carreño se llevó la alegría de su carrera al derrotar a Hubert Hurkacz (3-6, 6-3 y 6-3) y conquistar el Masters 1.000 de Montreal, el título más importante de su palmarés junto con la medalla de bronce en los Juegos de Tokio. No podía ocultar la felicidad, pero un día después ya estaba en Cincinnati para disputar el siguiente torneo. Poco tiempo para la celebración: seis sets disputados entre el sábado y el domingo, viaje relámpago, descansar lo que se pueda el lunes y el martes, a la pista otra vez en otra ciudad para el debut ante el serbio Kecmanovic. En Cincinnati, el gijonés se reunió con su entrenador, Samuel López, que en la gira norteamericana de pista dura se suele saltar la primera cita. Llevaba el técnico un par de días en Ohio esperando a su pupilo, que fue pasando rondas, jugando de maravilla. Se planteó ir a la final, pero la combinación de vuelos a Montreal no era buena. Y sufrió en la distancia y también disfrutó con un triunfo merecido de un currante del tenis. Carreño estaba en Canadá con su padre, con José Antonio Sánchez de Luna, que ayuda a Samuel; y con Juanjo Moreno, fisio de la JC Ferrero Equelite que suele acompañar también a Alcaraz, pues ambos tenistas comparten academia.

La gran victoria le llega a Pablo quizá en el año menos esperado. «No es mi mejor temporada. Perdí algunos partidos que probablemente otras veces no hubiera perdido, pero traté de seguir creyendo en mi equipo, en mí y en mi juego», explica el asturiano. «Para Pablo es muy importante», opina desde Villena Antonio Martínez Cascales, fundador de la JC Ferrero Equelite. «Lleva un año irregular, pero estaba jugando sets muy buenos, en el Godó, por ejemplo, jugó muy bien contra Schwartzman y llegó a la final y en otros partidos ha tenido saque para ganar y se le ha escapado. Le faltaba confianza», continúa. Nada mejor que ganar su primer Masters 1.000 para recuperar esa fe en sí mismo, porque en su camino en Canadá ha dejado fuera a tres jugadores que han estado o están en el «top 10», como Berrettini, Sinner y Hurkacz, y al joven y prometedor danés Rune.

La confianza lleva a jugar con valentía, algo que está intentando desde hace tiempo. Durante toda la semana no ha tenido dudas en lanzarse hacia delante y en buscar la red para acabar los puntos allí. «Desde que está en la academia, que va para ocho años, está buscando ser más agresivo. Si se mete en su ritmo no falla bolas, pero puede no servir contra los mejores. El año pasado lo consiguió en Hamburgo o en los Juegos, en los que ganó a Medvedev y Djokovic», asegura Cascales.

«He jugado muy bien. Necesito seguir por este camino, creyendo en mí mismo y siendo agresivo, y eso me dará más oportunidades», analizó Carreño. Su problema este curso estaba siendo más mental y él mismo ha reconocido que la cabeza cuenta tanto como la raqueta. «Quiero dar las gracias a mi equipo porque hacen un trabajo increíble conmigo, incluso más en el aspecto mental que con el tenis. Es vital. Probablemente ellos creen más en mí que yo mismo», afirmó Pablo. Los problemas físicos también sabe lo que son a lo largo de una carrera en la que ha tenido que tener siempre cuidado de su espalda. Siendo muy joven le operaron de una hernia y esa zona la trabaja con especial atención para reforzar la musculatura, porque sabe que en el momento en el que se descuide vienen los dolores.

En estos días no hay rastro de molestias, más allá de las habituales del deporte de élite, y su mentalidad tiene que crecer con este triunfo. Es el 14 del mundo (su mejor ranking fue el 10, en 2017) y esta parte del curso se le suele dar bien, ya que sus dos semifinales en un Grand Slam son en el US Open, en 2017 y 2020. La pista dura le gusta pues creció en Gijón entrenando en ellas antes de ir a Barcelona y pasar de ahí a la academia de Ferrero.