Deportes

Pablo Carreño alcanza la cima: vence a Hurkacz y gana en Montreal el primer Masters 1.000 de su carrera

El gijonés, medallista de bronce en los pasados juegos de Tokio, remontó al polaco y se impuso por 3-6, 6-3 y 6-3

Pablo Carreño levanta el título de campeón del Masters 1.000 de Montreal
Pablo Carreño levanta el título de campeón del Masters 1.000 de Montreal FOTO: ANDRE PICHETTE EFE

El primer set se le escapó a Pablo Carreño así sin que medio se enterara. En media hora, adiós. Un mal juego al saque y su rival, Hubert Hurkacz, no le perdonó. El polaco es el diez del mundo, un tenista muy peligroso, con un gran saque, que ya sabía lo que era ganar un Masters 1.000 (Miami en 2021) y que no había perdido ninguna de las cinco finales que había disputado. Carreño le enseñó lo que se siente, en un partido muy disputado (3-6, 6-3 y 6-3).

El español estaba en su primera final de un torneo de este tipo, pero no es ningún novato. Tiene 31 años y fue medallista de bronce en los pasados Juegos Olímpicos de Tokio, eliminando a Medvedev y venciendo a Djokovic en el partido por la medalla. “Si jugara siempre así...”, decía el ruso, al que había pasado por encima. Este 2022 Carreño no estaba jugando “así”. Él mismo ha reconocido que estaba irregular: llegó a la final del Conde de Godó, por ejemplo, pero también con derrotas en primera ronda en Roland Garros, Wimbledon... No se encontraba, pero en Montreal le ha salido todo. Su camino, impecable, con victorias contra tenistas como Sinner, el joven Rune o Berrettini. O Hurkacz.

En el segundo set se vivió una situación parecida a la del primero, pero al revés. Pablo tenía que cambiar algo, al trantrán estaba perdiendo. Aceleró, jugó mucho mejor, pero la clave fue un mal juego de saque de Hurkacz. Demasiados segundos, castigados por el español, y demasiados errores incomprensibles para ceder el servicio en blanco. Fue para el 2-0. No hay mejor manera de reengancharse a un encuentro en el que las sensaciones no eran las mejores. Carreño no paraba de animarse. “Vamos, vamos”, por la bajito, sacando el puño con discreción, pero con la raqueta y la bola en juego, muy agresivo y a la red en cuanto podía. Resistió sus juegos al saque sin demasiados apuros y forzó el parcial definitivo.

Demostrado estaba que un despiste es suficiente para echar por tierra todo un set. El tenis es así. Es cabeza, mucha cabeza, y no es ganar más puntos que el otro (aunque el que lo logra suele ser el vencedor), es ser mejor en los momentos decisivos. El primer duelo de saques terminó en empate: 1-1. El polaco, a todo trapo con primeros; Carreño, más sufridor y teniendo que hacer algún punto de alto nivel porque apretaba su rival. Se entró en una batalla física también. Salir vivo de esas situaciones en el fondo ayuda a crecer y la inercia la mantuvo. Muy concentrado al resto, puso muchas pelotas en juego y Hurkacz se lio de verdad y no supo qué hacer si no conseguía premio con el saque. Lanzó una bola a la red: pelota de break en contra. Y la gestionó mal: intentó una dejada para acabar rápido con el sufrimiento, pero se quedó en la red. Quien sufrió fue la raqueta, que lanzó contra el suelo.

Pablo ya tenía un tesoro con esa rotura. No perdió la confianza en ningún momento. Le costó conseguirla durante el partido, pero una vez en la ola no se bajó. Sacó bien, el revés le funcionó de maravilla, se fue a cerrar los puntos delante... Llegó a desesperar a Hurkacz, que volvió a tirar la raqueta al suelo de pura frustración por un punto que tuvo ganado varias veces y lo acabó cediendo, sobre todo con un globo al que el español corrió con fe para sacarse un golpe de espaldas que no existe, mandar la bola al cielo y ponerla dentro. El polaco sí dominaba al saque, ganaba en blanco en menos de un minuto, pero no era capaz de recuperar la rotura. Y estalló. Un segundo break puso fin al encuentro. Pablo saltó. Había llegado a la cima.

Fue más estable el gijonés en general y por eso firmó la mejor victoria de su vida. Aunque pensara que estaba siendo uno de los peores años de su carrera...