¿Qué es la senda de déficit pactada por Urkullu?

El Gobierno prevé que el déficit siga aumentando hasta el 10,3% del PIB y la deuda pública se sitúe en el 115,5% a finales de 2020

XXI Conferencia de Presidentes
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al lehendakari Iñigo Urkullu a su llegada a la XXI Conferencia de PresidentesMoncloa Moncloa

Que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus dejaría las arcas públicas en el chasis no sorprende a nadie, pero ya hay datos oficiales que lo confirman. Los datos publicados ayer por el Ministerio de Hacienda elevan el déficit público hasta el 4,36% del Producto Interior Bruto (PIB) durante la primera mitad de 2020 (48.787 millones de euros). Los gastos destinados a la gestión de la crisis y la caída de ingresos han dado lugar a estos resultados. Además, según el Programa de Estabilidad y el Plan Nacional de Reformas enviado a la Comisión Europea, el Gobierno prevé que el déficit siga aumentando hasta el 10,3% del PIB y la deuda pública se sitúe en 115,5% a finales de 2020. El déficit de 2019 cerró en el 2,7% del PIB, tras situarse en 33.223 millones de euros, cifra un 8,9% superior a la del ejercicio anterior (30.495 millones de euros) y su primer alza desde 2012.

Estos dos términos, déficit y deuda pública, salen a relucir de nuevo debido a la aparición sorpresa del lehendakari en funciones, Iñigo Urkullu, en la Conferencia de Presidentes que se celebraba este viernes 31 de agosto en La Rioja. El mandatario vasco había rechazado participar en este encuentro, argumentando que se estaba desatendiendo la relación bilateral entre el Gobierno central y el País Vasco. Sin embargo, Urkullu finalmente cambió opinión tras acordar con el Gobierno un déficit del 2,6% y una deuda pública del 15,9% en 2020 para las instituciones vascas. Tras esta marabunta de datos, surgen varias dudas como: qué es concretamente el déficit, por qué es importante reducirlo y en qué se diferencia de la deuda pública.

¿Qué es el déficit?, ¿y la deuda pública?

Es la diferencia entre gastos e ingresos cuando el resultado es negativo. De ser positivo hablaríamos de superávit. Es déficit se expresa en un porcentaje referido al PIB y se calcula durante un periodo determinado, por defecto, el año presupuestario.

La deuda pública, sin embargo, refleja los déficits acumulados hasta un determinado periodo, normalmente también hasta el final de un año. Cuando los gastos públicos superan a los ingresos (que provienen en su mayor parte de impuestos), a un país no le queda otra que endeudarse. Por lo tanto, la acumulación de déficit año tras año provoca que la deuda pública aumente. En el caso español, la deuda pública se situó en el 95,5% del PIB al cierre de 2019, con un total de 1.188.893 millones de euros, un 1,3 % más que el año anterior.

¿Por qué hay que reducirlo?

Precisamente por la deuda pública. Una economía en constante déficit nunca puede terminar de deshacerse de su deuda. Además, la emisión de deuda pública para hacer frente a los objetivos de déficit también conlleva intereses, lo que aumentará aún más los gastos de las arcas públicas. Por lo que en definitiva, para tener una economía saneada los gobiernos debe evitar los presupuestos deficitarios, aunque en situación como la actual crisis sea inevitable. En este sentido, el Banco Central Europeo (BCE) ha destinado 22.392 millones de euros a la adquisición de deuda soberana española a través de su programa de compras de emergencia contra la pandemia desde finales del pasado mes de marzo.

¿Hay límites?

La zona euros limita el déficit público al 3% y la deuda pública al 60% del Producto Interior Bruto (PIB), con sanciones para quienes los sobrepasen. Sin embargo, en marzo, los 27 países que conforman la Unión Europea (UE) dieron luz verde a suspender el límite de déficit presupuestario por primera vez en su historia. De esta manera se abrió la puerta a que los Estados miembro pudieran elevar su gasto público todo lo necesario para combatir la propagación del coronavirus y mitigar sus consecuencias económicas.